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La gasolina se ha convertido en uno de los gastos que más pesa en el bolsillo de los conductores. Llenar un depósito medio de 55 litros cuesta actualmente alrededor de 101,69 euros en el caso de la gasolina y 105,43 euros para el diésel, unas cifras que obligan a muchos hogares a vigilar cada visita a la estación de servicio.

Para reducir el impacto en el presupuesto, algunos conductores han dejado de llenar el depósito y prefieren echar cantidades concretas, como 20 o 30 euros, para controlar mejor cuánto gastan cada semana. Cada desplazamiento empieza así con una cuenta previa: cuánto combustible queda, cuánto cuesta repostar y hasta dónde alcanza el dinero disponible.

Pero hay trabajadores que no pueden decidir si utilizan o no el coche para desplazarse. Su actividad depende directamente del combustible y cualquier subida repercute de forma inmediata en sus costes. Es el caso de los camioneros como María Dolores, que necesitan cientos de litros para completar sus rutas.

La subida del precio de la gasolina

Para María Dolores, pasar por una gasolinera forma parte de la rutina de cada viaje, pero el importe que aparece en el surtidor está muy lejos del que está acostumbrado a ver cualquier conductor particular. Así lo ha contado para Andalucía 360, uno de los programas de Canal Sur.

Cuando llega el momento de repostar, la cifra que aparece en el surtidor deja claro hasta qué punto el combustible condiciona el trabajo de los camioneros. María Dolores enseñó durante el programa cómo el importe superaba los 800 euros y todavía quedaba combustible por echar.

La diferencia con un turismo convencional se explica por la capacidad de los tanques que utilizan estos vehículos. Cuando el camión llega prácticamente sin combustible y necesita llenarse por completo, el coste puede situarse alrededor de los 1.600 euros.

Si se cargan los dos depósitos del vehículo, la cantidad puede alcanzar los 2.200 euros.

Es una cifra que convierte cada repostaje en una decisión económica relevante. Para un conductor particular, una subida de unos céntimos por litro puede suponer unos euros más al llenar el depósito, pero para un profesional que recorre miles de kilómetros, el impacto se multiplica y pasa directamente a los costes de cada ruta.

La propia María Dolores explicaba ante las cámaras la angustia que le produce enfrentarse a esos importes. "Eso a mí me llega a causar hasta dolor de barriga cuando vengo porque digo: macho...", reconocía mientras comprobaba el precio del combustible.

El gasto, sin embargo, no termina en la gasolinera. Un camión necesita combustible para cubrir grandes distancias, por lo que el coste de cada trayecto depende en buena medida de cuántos kilómetros se recorren, del consumo del vehículo, de la carga transportada y del precio al que se consigue repostar.

Una desviación pequeña en cualquiera de estos factores puede terminar afectando al margen que queda después de completar el servicio.

Para los autónomos y las pequeñas empresas de transporte, controlar ese gasto resulta especialmente importante. El combustible representa uno de los principales costes variables de la actividad y no siempre es posible trasladar de forma inmediata todas las subidas al precio que paga el cliente por el transporte.

Antes de comenzar una ruta hay que calcular los kilómetros que se van a recorrer, el consumo previsto y los puntos donde será necesario parar para repostar.

El coste del viaje puede crecer mientras los ingresos por ese servicio no lo hacen al mismo ritmo. Para un autónomo, esa diferencia puede determinar que una ruta resulte rentable o termine generando pérdidas.

Las retenciones también tienen un impacto directo. Un camión detenido durante horas con el motor funcionando consume combustible sin avanzar hacia su destino.

Lo mismo ocurre cuando hay kilómetros recorridos sin carga, porque el vehículo sigue gastando aunque no esté generando ingresos por mercancía transportada.

Por eso, María Dolores tiene que ajustar cada viaje para intentar que las cuentas encajen. Elegir dónde repostar, evitar kilómetros innecesarios y aprovechar al máximo cada desplazamiento forman parte de la gestión diaria del negocio.

Una profesión a la que llegó casi por casualidad

La historia de María Dolores al volante comenzó hace once años y no porque hubiera planeado dedicarse al transporte. Su marido pertenecía a una familia de camioneros y, después de casarse, decidió comprar su propio vehículo para trabajar por cuenta propia.

El negocio fue creciendo y llegó un momento en el que necesitaban otra persona que pudiera ayudarles. Fue entonces cuando su marido le propuso que se sacara los permisos necesarios para conducir un camión. Ella aceptó el reto y al día siguiente acudió a una autoescuela para informarse.

El profesor le explicó que el proceso no iba a ser sencillo y que tendría que superar siete exámenes para conseguir todos los permisos. Lejos de echarse atrás, decidió intentarlo.

Finalmente, aprobó todos los exámenes a la primera y comenzó una trayectoria profesional que continúa más de una década después.

Compaginar aquella etapa con la vida familiar tampoco fue sencillo. Sus tres hijos eran todavía pequeños y el menor tenía 12 años cuando empezó a conducir el camión.

La familia tuvo que organizarse para que pudiera salir a hacer sus rutas, una situación que hoy ha cambiado porque sus hijos ya son adultos.

María Dolores reconoce que una de las cosas que peor lleva de su profesión es precisamente lo contrario de lo que podría imaginarse desde fuera: quedarse en casa sin hacer nada. La carretera se ha convertido en su rutina y conducir forma parte de su vida cotidiana.

Su presencia al volante también rompe con una imagen que todavía permanece asociada al transporte de mercancías. María Dolores explica que las mujeres representan alrededor del 2% de los conductores profesionales del sector, por lo que no es habitual encontrarse con muchas compañeras durante las rutas o en los puntos de carga y descarga.

Cuando comenzó a conducir, su presencia al frente de un vehículo de grandes dimensiones llamaba especialmente la atención en su pueblo. Los vecinos se sorprendían al verla pasar con el camión, aunque con el tiempo la escena terminó formando parte del paisaje cotidiano.

La escasez de mujeres conductoras no significa que no exista presencia femenina en el transporte, pero sí refleja una diferencia notable respecto a otros sectores profesionales.

La conducción de vehículos pesados sigue siendo una actividad muy masculinizada y encontrar referentes como María Dolores contribuye a visibilizar una profesión que durante años se ha asociado casi exclusivamente a los hombres.

Su caso también muestra cómo ha cambiado su propia relación con el oficio. Lo que empezó como una ayuda al negocio familiar terminó convirtiéndose en su profesión, con rutas, horarios y responsabilidades propias.