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Hace apenas unos días supimos que las formaciones que integran el Frente Amplio —Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Catalunya en Comú— habían alcanzado un pacto nacional, junto al PSOE de Pedro Sánchez, para concurrir juntos al Senado. Una alianza en la que, por el momento, no están Podemos ni dos de sus figuras más conocidas: Irene Montero e Ione Belarra.

Ambas dirigentes han ocupado puestos destacados en la política española y han compartido buena parte de su trayectoria dentro de Podemos. De sus carreras conocemos sus intervenciones públicas, sus decisiones políticas y su paso por el Gobierno, pero hay otra faceta que suele quedar en un segundo plano: la vida que llevan lejos de los focos y de sus responsabilidades institucionales.

En el caso de Belarra, su historia personal está ligada a Navarra, a sus años de formación en Madrid y a una serie de aficiones que poco tienen que ver con la política. Aunque es especialmente conocida por su trayectoria al frente de Podemos, hay aspectos de su vida antes de llegar al Congreso que ayudan a conocer mejor a la dirigente.

Una pasión de la infancia

Ione Belarra nació en Pamplona en septiembre de 1987, en una familia en la que la psicología y el derecho estaban muy presentes. Su padre es psicólogo y su madre, abogada, y ambos regentaron durante años una librería en la capital navarra. Allí pasó sus primeros años, antes de trasladarse a Madrid para estudiar en la universidad.

Mucho antes de convertirse en secretaria general de Podemos y ocupar un puesto en el Consejo de Ministros, Belarra ya tenía sus propias inquietudes fuera del ámbito académico. Una de las más importantes era el deporte, en particular el patinaje de velocidad, una disciplina que practicó durante su juventud en Navarra y que ha recordado públicamente en alguna ocasión.

Fueron sus padres quienes la acercaron a este deporte, que mantuvo como una de sus grandes pasiones durante aquellos años. Aunque su trayectoria profesional terminó llevándola hacia la psicología, el activismo social y la política institucional, el patinaje siguió siendo una de las facetas más personales de su biografía.

La política habló de esta afición en una entrevista con Thais Villas emitida en El Intermedio en 2021. Por entonces, Belarra acababa de asumir la secretaría general de Podemos, tras la salida de Pablo Iglesias, y ocupaba el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030.

Su agenda estaba marcada por las negociaciones del Gobierno de coalición y por las responsabilidades propias de su nuevo cargo, pero la conversación con la periodista permitió conocer una versión mucho más desenfadada de ella.

El encuentro tuvo lugar en un parque de Madrid, donde Belarra se propuso enseñar a patinar a Villas. La periodista no tardó en mostrar sus dudas ante la experiencia y llegó a bromear con que, si le ocurría algo, ya podía dar por bueno el encuentro.

https://s3.elespanol.com/2025/09/12/actualidad/1003743922608_258653963_1706x960.jpg Europa Press

La ministra, por su parte, se tomó la situación con humor y acompañó a su invitada durante la sesión.

Uno de los momentos más comentados llegó cuando Belarra le dio indicaciones para mantener el equilibrio y le pidió que sacara el culo. Entre bromas, también se preocupó por el ángulo desde el que las estaban grabando: "Que nos cojan el lado bueno", comentó. La política aprovechó la situación para añadir, divertida, que nadie se había quejado de su trasero.

La conversación derivó entonces hacia una cuestión que difícilmente habría aparecido en una entrevista política convencional: si el patinaje le había ayudado a ligar.

Belarra respondió sin rodeos: "Se liga mucho con maillots, más que en el Congreso, que no se liga nada", bromeó.

La referencia a los maillots no era casual. Estas prendas ajustadas forman parte de la indumentaria habitual en distintas modalidades del patinaje y tienen una presencia especialmente visible en las disciplinas artísticas.

De la psicología a la política

Más allá del patinaje artístico, la trayectoria de Ione Belarra ha estado ligada durante años a los movimientos sociales y a la defensa de los derechos humanos.

Tras trasladarse a Madrid para estudiar en la Universidad Autónoma de Madrid, se licenció en Psicología, cursó un máster en Psicología de la Educación y comenzó estudios de doctorado relacionados con la educación, el desarrollo y el aprendizaje.

Durante esa etapa universitaria conoció a Irene Montero, con quien estableció una relación de amistad que más tarde también tendría continuidad en su carrera política.

Ambas terminaron formando parte del núcleo dirigente de Podemos y ocuparon responsabilidades relevantes en los gobiernos de coalición encabezados por Pedro Sánchez.

Antes de dedicarse plenamente a la política institucional, Belarra trabajó en el ámbito de la intervención social y estuvo vinculada a organizaciones como Cruz Roja y la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR).

Su formación académica y su experiencia profesional contribuyeron a definir una trayectoria centrada en la inmigración, la protección social y los derechos humanos.

Su llegada a Podemos se produjo en los años de expansión del movimiento surgido tras el 15-M. En 2015 obtuvo un escaño en el Congreso como diputada por Navarra y, con el paso de las legislaturas, fue adquiriendo mayor protagonismo dentro de la formación.

La salida de Pablo Iglesias en mayo de 2021 abrió una nueva etapa para el partido, que eligió a Belarra como secretaria general.

Aquel mismo año asumió el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, desde el que participó en las negociaciones del Ejecutivo de coalición. Su estilo político, directo y combativo, se hizo especialmente visible durante los debates sobre vivienda y protección social, así como en las discusiones con los representantes del PSOE.

La propia Belarra reconoció en su entrevista con Thais Villas que su aparente tranquilidad no siempre se correspondía con su manera de negociar. "Tengo mala leche", admitió, al explicar que prefería reservar esa faceta para el tramo final de las conversaciones, cuando consideraba necesario apretar para conseguir acuerdos.

También bromeó sobre la cantidad de negociaciones compartidas con Pablo Echenique y llegó a decir que ambos deberían cobrar un plus por su relación con el PSOE.

Entre los procesos que recordaba como más complicados figuraba la negociación de la ley de vivienda, por el peso que, a su juicio, tenía el sector inmobiliario en España. También evocó el cierre del acuerdo de Gobierno, cuando tuvo que llamar a Pablo Iglesias para que diera la vuelta con el coche después de haberse marchado.

Aquella entrevista permitió conocer dos facetas que conviven en Belarra: la dirigente que participa en negociaciones políticas complejas y la mujer que recuerda con naturalidad una afición de su infancia.

Su vida familiar

En el terreno sentimental, Belarra comparte su vida con Ignacio Ramos Delgado, conocido como Nacho Ramos, a quien conoció a través de su vinculación con Podemos. Graduado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Carlos III de Madrid, Ramos ha trabajado en tareas relacionadas con la comunicación y la actividad política de la formación.

La pareja tiene dos hijos y procura mantenerlos al margen de la exposición pública. Belarra ha compartido ocasionalmente referencias a la maternidad en sus redes sociales, aunque evita ofrecer detalles que puedan comprometer la intimidad de los pequeños. En algunas publicaciones ha recurrido al apelativo cariñoso de "pollito" para referirse a su primer hijo.

La maternidad también ha ocupado un lugar en su discurso político. Belarra ha defendido medidas relacionadas con la conciliación, los permisos de maternidad y la lactancia, cuestiones que ha abordado desde su experiencia personal y desde las responsabilidades que ha desempeñado en el Gobierno.

La vida familiar constituye, por tanto, una parcela mucho menos visible que su actividad pública. Mientras sus intervenciones políticas suelen centrarse en cuestiones ideológicas y legislativas, los detalles cotidianos de su relación y de la crianza de sus hijos apenas trascienden.