A pesar de tener solo 19 años —y de que muchos le conocimos cuando apenas tenía 16—, Lamine Yamal se ha convertido en uno de los futbolistas más conocidos de España. Hemos hablado de su fútbol, de sus parejas, de la celebración de su 18 cumpleaños y de su familia, que también ha ido ganando protagonismo a medida que él se hacía un hueco entre las grandes estrellas del deporte.
Pero si hay un tema que ha acompañado al delantero desde que empezó a despuntar, ese ha sido el de sus raíces. Su aspecto físico y el origen de sus padres han dado lugar a comentarios y debates en los que parece que tener la tez morena es incompatible con ser español, pese a que Lamine nació en Catalunya y tiene nacionalidad española.
Sobre esta cuestión han hablado varias personas de su entorno, incluido el propio futbolista. Hace unos meses fue su abuela paterna, Fátima, quien defendió el vínculo de su nieto con España. Ahora, son las palabras de su madre, Sheila Ebana, las que regresan, después de varios años, y vuelven a poner el foco en sus orígenes: "Mi hijo es ecuatoguineano".
Los sacrificios de una madre
Sheila Ebana ha mantenido durante buena parte de la carrera de Lamine un perfil mucho más discreto que el de Mounir Nasraoui, su padre, conocido en redes sociales como 'Hustle Hard'.
Mientras él aparece habitualmente en los partidos y comparte momentos de su vida ante miles de seguidores, ella ha permanecido más alejada de la exposición pública, centrada durante años en su trabajo y en el cuidado de sus hijos.
Nacida en Bata, Guinea Ecuatorial, Sheila llegó a España cuando todavía era adolescente. Y, unos años después, a los 21, fue madre de Lamine, fruto de su relación con Mounir Nasraoui.
La pareja se separó cuando el niño tenía apenas tres años y ella decidió continuar su vida en Catalunya, donde trabajó para garantizar el bienestar de su hijo y acompañarlo en sus primeros pasos en el fútbol.
Durante aquellos años, Sheila estuvo vinculada al sector de la hostelería y trabajó en McDonald's. Su rutina no era sencilla: debía compaginar el empleo con las necesidades de un niño que comenzaba a destacar en el fútbol y que, con el tiempo, terminaría ingresando en La Masia, la cantera del FC Barcelona.
"Mi madre trabajaba en el McDonald's y con lo poco que teníamos, cuando venían las fiestas, estábamos muy felices. Me compró una PlayStation. Todo lo que le dé no podrá ser lo mismo que lo que me dio ella. Mi madre ha sido uno de mis referentes cuando era pequeño", explicó en el documental '304'.
Con el paso de los años, su dedicación se convirtió en una parte fundamental de la historia de Lamine. Cuando el joven comenzó a jugar en el CF La Torreta, Sheila tomó decisiones para poder estar cerca de él y facilitar su desarrollo deportivo.
Durante una etapa, permaneció en Granollers para compaginar el trabajo con el acompañamiento de su hijo, antes de que su carrera profesional adquiriera una dimensión que pocos podían imaginar.
El delantero nunca ha ocultado lo que significó aquel esfuerzo. En otra ocasión, explicó que su madre consiguió que disfrutara de su infancia a pesar de las dificultades económicas que atravesaba la familia.
"Siempre le digo a mi madre que le agradezco mucho porque con lo difícil que lo tenía ella, me hizo no ver nada malo. Entonces, a lo mejor no tenía la mejor infancia del mundo, pero ella hacía que solo viera lo bonito y disfrutar. No tengo nada que reprochar", reconoció.
Guinea Ecuatorial, una parte de la identidad familiar
La historia de Sheila también ayuda a comprender por qué las raíces de Lamine ocupan un lugar importante en su familia.
El futbolista nació en Esplugues de Llobregat y creció en Catalunya, pero su historia familiar está ligada a dos países africanos: Marruecos, por parte de su padre, y Guinea Ecuatorial, por parte de su madre.
La decisión de representar a España en el fútbol internacional no ha impedido que su familia mantenga presente ese vínculo con sus orígenes. Sheila ha reivindicado públicamente su procedencia y ha defendido que la identidad de su hijo no debe reducirse al país al que representa sobre el terreno de juego.
"Mi hijo es ecuatoguineano y me duele que la gente diga que no lo es", afirmó hace unos años en RAC1.
Para ella, que Lamine haya nacido y crecido en España no significa que deba dejar de reconocerse su ascendencia ecuatoguineana. Ambas realidades forman parte de su historia familiar, aunque su trayectoria deportiva lo haya convertido en uno de los principales representantes de la selección española.
La gastronomía es una de las formas en las que ese vínculo cultural sigue presente en su vida cotidiana. En una entrevista con GQ, Lamine mostró uno de los platos que su madre prepara antes de sus partidos: arroz con pollo acompañado de salsa de cacahuete, una receta tradicional de Guinea Ecuatorial que forma parte de sus recuerdos familiares.
La comida, como ocurre en muchas familias, se convierte así en una manera de conservar las costumbres del lugar de origen incluso cuando la vida transcurre a miles de kilómetros.
Para Lamine, esas referencias forman parte de su entorno más cercano, al margen de los compromisos profesionales y de la atención mediática que acompaña a su carrera.
Una madre que ha permanecido en segundo plano
A medida que Lamine ha ido acumulando éxitos deportivos, la figura de Sheila también ha despertado más interés. Durante años, su presencia pública fue limitada, pero ahora parece estar haciéndose un hueco en las redes sociales.
En sus perfiles comparte momentos de su día a día, en ocasiones junto a Lamine y a su hijo menor, Keyne.
Actualmente, Sheila reside en el Maresme junto a Keyne y ha dejado atrás su etapa profesional en la hostelería. La situación de la familia ha cambiado de forma considerable desde aquellos años en los que debía organizar sus horarios para poder trabajar y acompañar a su hijo a los entrenamientos.
Pese a la fama de Lamine, el vínculo entre ambos continúa siendo una parte esencial de su vida.
