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Andrea Fernández tenía claro que quería cambiar de rumbo profesional y encontró en el transporte de mercancías una salida laboral. Hoy, con 26 años y natural de Pontevedra, recorre las carreteras españolas al volante de un camión.

Una profesión en la que todavía es poco habitual encontrarse con mujeres y que, según su experiencia, arrastra prejuicios que poco tienen que ver con la realidad del trabajo.

La conductora se dedica al transporte nacional de contenedores con productos de alimentación y ropa. Su día a día combina kilómetros al volante, maniobras y esperas que pueden alargar considerablemente una jornada.

Una rutina que comparte también en redes sociales, donde muestra cómo es realmente trabajar en carretera siendo mujer, poniendo el foco en la falta de horarios previsibles y la escasa presencia femenina en un sector que sigue asociado, en la mayoría de las ocasiones, a los hombres.

Conducir un camión

Antes de dedicarse al transporte, Fernández trabajaba en el almacén de un puesto de verduras. Después decidió sacarse el carné de vehículos pesados y dar el salto a una profesión que le ha permitido recorrer España y conocer de primera mano las exigencias de la carretera.

Pero como la camionera explica, organizar su día a día no siempre resulta sencillo. Las jornadas están condicionadas por las rutas, las entregas y los tiempos de conducción y descanso, por lo que no puede contar con un horario fijo como el de otros empleos.

A esa incertidumbre se suman las operaciones de carga y descarga. En una ocasión, llegó a pasar cinco horas esperando mientras abastecían un contenedor. Un tiempo que no se traduce en kilómetros recorridos, pero que puede alterar toda la planificación del día.

Estas paradas obligan a adaptarse continuamente y hacen que la organización del trabajo no dependa únicamente de quien está al volante. Los retrasos en las instalaciones donde se recoge o entrega la mercancía también influyen en el desarrollo de la ruta.

'Siempre te ayudan'

Uno de los aspectos que Fernández destaca de su experiencia es el compañerismo que encuentra entre otros conductores. Lejos de considerar que ser mujer supone necesariamente un obstáculo, cree que, en determinadas situaciones, puede incluso facilitar que alguien le eche una mano.

"El hecho de ser mujer es una ventaja en el sentido de que siempre tienes una mano que te va a ayudar", afirma. Una percepción que convive con una realidad todavía desigual: en sus rutas habituales apenas ha coincidido con otras dos mujeres camioneras.

Para Fernández, la idea de que conducir un vehículo pesado exige una fuerza física que las mujeres no tienen es uno de los prejuicios que dificultan la incorporación femenina. En su opinión, la técnica, la experiencia y la actitud son mucho más determinantes para desenvolverse en el trabajo.

Su relato también permite conocer la parte más cotidiana de la profesión. Durante las rutas mantiene el contacto con otros compañeros mediante llamadas, conversaciones y bromas que ayudan a hacer más llevaderas las horas al volante.

Una profesión también de mujeres

Fernández utiliza las redes sociales para enseñar cómo transcurre su jornada y acercar el transporte por carretera a quienes apenas conocen este mundo.

Su objetivo es mostrar una realidad que va más allá de la imagen tradicional del camionero y animar a otras mujeres a plantearse esta salida profesional.

Su experiencia no elimina las dificultades de trabajar con horarios cambiantes y largas esperas, pero sí cuestiona algunos de los estereotipos que rodean al sector.

Para ella, la escasa presencia de mujeres no responde a una falta de capacidad, sino también a las ideas preconcebidas sobre quién puede ponerse al volante de un camión.