La forma de mirar ha cambiado en una sociedad copada por las pantallas y por un ritmo frenético en el que tenemos que combinar el trabajo con la rutina personal.
Pasamos del móvil al ordenador, de una reunión a conducir, de leer un documento a consultar una notificación. Y nuestros ojos tienen que adaptarse constantemente a distancias y entornos diferentes.
A esto hay que añadirle que, con la edad, aparece una dificultad que forma parte del proceso natural de envejecimiento del ojo: la presbicia.
Según datos de la Universidad de Navarra, esta afecta al 80% de los adultos de entre 40 y 45 años y alcanza al 98% a los 65. En España, se estima que unos 17 millones de personas la padecen.
Ante esta realidad, las gafas progresivas evolucionan y se reinventan. Ahora, la tecnología permite personalizar las lentes teniendo en cuenta no solamente la graduación, sino también la forma de mirar de cada persona.
La personalización de las lentes progresivas es clave.
Pero... ¿qué es la presbicia y qué consecuencias tiene? Este problema dificulta enfocar correctamente de cerca y puede sumarse a otros defectos refractivos que la persona ya tuviera, como la miopía, la hipermetropía o el astigmatismo.
Esta es una situación relevante en un día a día en el que la visión cambia constantemente entre objetos cercanos, intermedios y lejanos.
Las lentes progresivas pueden requerir un periodo de adaptación, ya que la transición entre las distintas zonas de visión y la posible borrosidad en determinadas áreas pueden generar incomodidad durante los primeros días e incluso provocar mareos.
Por eso, Mó ha llevado esta tecnología un paso más allá con Pro AI, la gama de progresivos de Multiópticas que utiliza inteligencia artificial y realidad virtual para crear lentes personalizadas para cada usuario.
El objetivo es sencillo: que se adapte a la persona y a su forma natural de mirar. No es ciencia ficción, sino la última tecnología aplicada a la salud ocular.
Así funciona
El proceso comienza con el usuario colocándose unas gafas especiales que permiten registrar cómo se comportan sus ojos y su cabeza ante estímulos situados a distancias diversas.
A partir de esta información, el sistema crea un mapeo visual para identificar las zonas que cada uno utiliza de forma natural para mirar de lejos, a una longitud intermedia y de cerca.
Es un paso importante, porque no todos miramos de la misma manera y hay factores que influyen. La postura, los movimientos de los ojos y la inclinación de la cabeza forman parte de la experiencia visual de cada uno.
Toda esta información se combina después con la graduación. El algoritmo de Pro AI procesa los datos y diseña una lente progresiva individualizada. El resultado es un modelo pensado para acompañar las necesidades visuales concretas de quien la lleva.
Esta personalización cobra especial importancia en situaciones cotidianas. Por ejemplo, conducir requiere una visión principalmente lejana, pero además obliga a cambiar rápidamente hacia el cuadro de mandos para tenerlo todo controlado. Y eso plantea un reto.
Trabajar frente a un ordenador también implica utilizar durante horas una distancia intermedia. Leer o consultar el teléfono exige, en cambio, enfocar de cerca. Demasiados factores en una misma rutina.
Pro AI busca facilitar estas transiciones mediante una distribución personalizada de las zonas de visión. La tecnología está diseñada para reducir la borrosidad periférica y los cambios bruscos de enfoque, favoreciendo una experiencia visual más fluida.
Así, la innovación pasa a formar parte de la propia experiencia de llevar unas gafas.
