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Hay jornadas en las que el cansancio empieza en el trabajo y continúa mucho después de llegar a casa. Una conversación incómoda vuelve una y otra vez a la cabeza. Alguien está enfadado y sentimos que nos corresponde arreglarlo. O repasamos un mensaje antes de enviarlo porque tememos cómo pueda recibirlo la otra persona.

Mel Robbins invita a prestar atención a ese tiempo que dedicamos a las reacciones ajenas. La autora sostiene que intentar gestionar lo que otros piensan, sienten o hacen puede consumir una energía que necesitamos para nuestras propias decisiones.

Es el planteamiento que desarrolla en Let Them ("Déjalos"). Robbins propone distinguir entre la conducta de los demás, que no podemos controlar, y nuestra respuesta ante ella. Según explica, buena parte de la frustración aparece cuando esperamos que una persona actúe como nosotros creemos que debería hacerlo.

Esto no significa que el trabajo no agote. Una jornada larga, una carga excesiva o la falta de descanso pueden explicar el cansancio sin necesidad de buscar otra causa. La reflexión de Robbins se dirige a ese desgaste que se suma cuando seguimos pendientes de los problemas y las opiniones ajenas al terminar el día.

El desgaste ajeno

No siempre resulta fácil reconocerlo. Preocuparse por alguien es parte de cualquier relación, y escuchar a una persona cercana puede ser algo que deseamos hacer. La pregunta que plantea Robbins es qué ocurre cuando sentimos que debemos resolver sus conflictos, evitar que se enfade o conseguir que apruebe nuestras decisiones.

En uno de sus pódcast, la autora habla de la costumbre de anticipar las reacciones de los demás: elegir con cuidado cada palabra, callarse para evitar una discusión o aceptar planes por culpa. Son gestos pequeños, pero pueden ocupar mucho espacio cuando se repiten.

Pensemos en una amiga que llama con frecuencia para hablar del mismo problema. Podemos querer escucharla y ayudarla. También puede llegar un momento en que esa conversación nos deje agotados y ya no sepamos qué más decir. Robbins propone reconocer ese límite y expresarlo, aunque a la otra persona no le guste.

Lo mismo ocurre cuando alguien opina sobre nuestra vida o cuestiona una decisión. Podemos explicar nuestros motivos una vez. Seguir intentando convencerle durante días, en cambio, quizá no cambie su postura y sí consuma nuestro tiempo.

La teoría "Let Them"

La primera parte de la propuesta de Robbins, Let Them, consiste en dejar que los demás tengan sus opiniones y tomen sus decisiones. No se trata de fingir que su conducta no nos afecta, sino de reconocer que insistir en cambiarla no siempre está en nuestras manos.

La segunda parte es Let Me ("Déjame"). Una vez que dejamos de concentrarnos en lo que debería hacer la otra persona, podemos decidir qué hacer nosotros: hablar con ella, rechazar una petición, pedir ayuda o tomar distancia si una situación se repite.

Robbins pone el acento en esa segunda decisión. "Dejarlos" por sí solo podría sonar a resignación; "déjame" obliga a pensar en una respuesta propia. Si alguien cancela un plan a última hora, por ejemplo, no podemos impedir que lo haga. Sí podemos contarle cómo nos ha sentado y decidir si queremos volver a organizar otro.

Aceptar que no controlamos a los demás tampoco equivale a aprobar cualquier comportamiento. La autora señala que poner límites, expresar desacuerdo y actuar ante una situación perjudicial forman parte de la respuesta que sí podemos elegir.

Poner límites

Poner un límite no exige una gran discusión. A veces basta con decir que hoy no podemos encargarnos de algo, que necesitamos descansar o que una conversación ha dejado de ser útil. La dificultad suele venir después, cuando tememos que la otra persona se decepcione o se enfade.

Ahí vuelve la distinción de Robbins: podemos procurar hablar con respeto, pero no garantizar que nuestra decisión le parezca bien a todo el mundo. Si cambiamos el límite cada vez que alguien muestra su disgusto, acabamos pendientes de una reacción que no controlamos.

Su propuesta ofrece una forma de revisar a qué dedicamos la atención durante el día y qué responsabilidades estamos asumiendo por costumbre. No permite, por sí sola, explicar todo el cansancio ni sustituye una revisión de las condiciones de trabajo o del descanso. Sí plantea una pregunta concreta: cuando algo nos agota, ¿qué parte podemos cambiar nosotros y qué parte estamos intentando resolver por otra persona?