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El teletrabajo se ha asentado en muchas empresas desde la pandemia, pero el debate ya no gira únicamente en torno a trabajar o no desde casa.

La cuestión ahora está en encontrar el equilibrio entre los días de oficina y los de trabajo en remoto, y en saber si una misma fórmula sirve para toda la plantilla.

Mireia Las Heras, profesora de Dirección de Personas en las Organizaciones en IESE Business School, lleva años estudiando esta forma de trabajar.

La experta ha analizado los efectos del modelo híbrido y defiende que el trabajo en remoto debe entenderse como una opción que puede adaptarse a las necesidades de cada persona.

Sus investigaciones apuntan a que combinar la presencialidad con varios días desde casa puede aportar ventajas, aunque no existe una distribución válida para todos los trabajadores.

Mujeres y hombres

Uno de los aspectos que ha estudiado Las Heras son las diferencias entre las preferencias de mujeres y hombres a la hora de teletrabajar.

"Las mujeres prefieren teletrabajar tres o cuatro días; los hombres, uno o dos", explica la profesora.

Según sus análisis, ellas muestran un mayor interés por pasar más jornadas trabajando desde casa, mientras que ellos se inclinan por acudir con más frecuencia a la oficina.

Las Heras relaciona parte de esta diferencia con el reparto de responsabilidades familiares y domésticas que todavía existe en muchos hogares.

La experta señala que las mujeres siguen dedicando, de media, más tiempo a determinadas tareas del hogar y al cuidado de los hijos.

En el caso de los hombres, apunta a otro factor: suelen establecer más relaciones sociales y de amistad dentro del entorno profesional.

Eso puede aumentar su interés por acudir presencialmente al puesto de trabajo y mantener un mayor contacto diario con sus compañeros.

Las Heras insiste, en cualquier caso, en que estas diferencias son tendencias generales y no implican que todas las mujeres o todos los hombres quieran organizarse de la misma manera.

Por eso, considera más útil evitar modelos demasiado rígidos y permitir cierta adaptación según las circunstancias de cada trabajador.

Entre uno y tres días

La profesora también ha estudiado cómo influye el número de jornadas de teletrabajo en el bienestar de los empleados.

Según explica, trabajar desde casa entre uno y tres días por semana puede tener efectos positivos cuando forma parte de un modelo híbrido.

Una de las ventajas está relacionada con los desplazamientos. Reducir los días de oficina permite ahorrar tiempo en trayectos y evitar parte del estrés asociado al tráfico o al transporte.

También puede facilitar la organización diaria y reducir determinadas situaciones de sobrecarga, especialmente cuando el trabajador dispone de un espacio adecuado en casa.

Las Heras sitúa el punto de alerta cuando el trabajo en remoto supera aproximadamente el 70% de la jornada.

A partir de ese nivel, sostiene que pueden aparecer algunos efectos negativos relacionados con la desconexión respecto a la empresa y la menor interacción con los compañeros.

Entre ellos cita una mayor sensación de aislamiento, menos oportunidades para socializar y más dificultades para mantener el vínculo con el equipo.

El teletrabajo prácticamente completo también puede complicar la separación entre la vida profesional y la personal.

Cuando el trabajo se desarrolla siempre dentro de casa, las fronteras entre el horario laboral y el tiempo de descanso pueden volverse menos claras.

Esto puede provocar que algunas jornadas se alarguen o que resulte más difícil desconectar una vez terminadas las tareas.

Para Las Heras, este factor resulta especialmente relevante en una sociedad en la que ya existen problemas de aislamiento y falta de relaciones sociales.

Por ese motivo, defiende el teletrabajo como una posibilidad flexible y no como una obligación idéntica para todos.

Hay trabajadores que se sienten cómodos pasando más tiempo en casa y otros que necesitan acudir con mayor frecuencia a la oficina para mantener el contacto con su entorno profesional.

Medir por resultados

El trabajo en remoto también obliga a las empresas a replantearse la forma en la que evalúan el rendimiento de sus empleados.

Las Heras considera que la productividad no debería medirse únicamente por el número de horas que una persona permanece físicamente en la oficina.

Su propuesta pasa por prestar más atención a los objetivos alcanzados y al resultado final del trabajo.

Estar más tiempo delante del ordenador o permanecer más horas en el puesto no implica necesariamente producir más.

En algunos casos, la posibilidad de completar una tarea con mayor rapidez puede actuar como incentivo para organizar mejor el tiempo y trabajar con más eficacia.

La profesora también señala que el teletrabajo puede reducir el peso de determinadas jerarquías tradicionales dentro de las organizaciones.

En un modelo basado en resultados, adquieren más importancia el conocimiento, la capacidad para resolver problemas y la aportación concreta de cada profesional.

Las Heras considera que este sistema también puede ampliar las oportunidades laborales de algunas mujeres y de personas con discapacidad.

Trabajar desde espacios mejor adaptados a sus necesidades puede facilitar el acceso a determinados empleos y permitir una organización más flexible.

Para que ese modelo funcione, la profesora sostiene que las empresas deben revisar hábitos que todavía se mantienen por costumbre y analizar qué tareas necesitan realmente presencialidad y cuáles pueden hacerse a distancia.