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La lechuga forma parte de la compra habitual de muchos hogares en España, pero también pertenece a un grupo de alimentos especialmente delicado una vez llega a nuestra nevera.

Las verduras y hortalizas representaron en 2024 el 13,8 % de los alimentos y bebidas comprados que acabaron desperdiciándose sin utilizar en los hogares españoles. Si se suman las frutas, los productos hortofrutícolas concentraron el 46,2% de este desperdicio, según el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Recuperar unas hojas que todavía son aptas para comer, pero han perdido firmeza, puede ser por tanto un pequeño gesto para aprovechar mejor los alimentos. Sobre todo teniendo en cuenta que España desperdició 1.125 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas durante 2024, un 4,4% menos que el año anterior.

Y precisamente la lechuga plantea una situación muy habitual: abrimos la nevera para preparar una ensalada y descubrimos que sus hojas ya no están tan firmes y crujientes, sino blandas y ligeramente marchitas.

Conchita Polo, la abuela zaragozana conocida por estar detrás de la imagen de Maximiliana tiene un sencillo truco para intentar recuperarlas. Solo necesita agua muy fría, unos cubitos de hielo, un poco de bicarbonato y entre 15 y 20 minutos.

Agua, hielo y bicarbonato

"¿Cuántas veces hemos ido a coger una lechuga y nos encontramos con las hojas pochas? y lo mismo con las acelgas, las espinacas o cualquier otra verdura...", comienza explicando Conchita en uno de sus vídeos de YouTube.

Su propuesta consiste en sumergir esas hojas en agua fría con hielo. A la mezcla incorpora además una pequeña cantidad de bicarbonato y deja reposar la verdura durante unos minutos.

"Pues con agua fría y unos cubitos de hielo y un pelín de bicarbonato, que cambia el pH del agua, meto las hojas de la verdura y me olvido un rato", asegura. Tras esto, tan solo necesita esperar entre "un cuarto de hora o 20 minutos" para ver el resultado. "Ya no están pochas y están mucho más lozanas", asegura.

Por qué el agua fría puede ayudar

Cuando las hojas simplemente están algo deshidratadas, volver a ponerlas en contacto con agua puede favorecer que recuperen parte de su firmeza. Al sumergir las hojas en agua fría con hielo, las células vegetales absorben agua y recuperan parte de su turgencia, por lo que las hojas pueden quedar más firmes y crujientes. Es especialmente útil cuando están algo lacias por haber perdido humedad.

El bicarbonato tiene otra función: añadido al agua de lavado puede ayudar a desprender suciedad y reducir determinados residuos superficiales. Sin embargo, no es el bicarbonato lo que realmente "revive" la lechuga; ese efecto procede principalmente de la rehidratación con agua fría.

Eso sí, el truco sirve para unas hojas ligeramente marchitas, no para recuperar una lechuga estropeada. Si presenta zonas viscosas, putrefacción u otros signos claros de deterioro, lo prudente es descartarla.

Después del baño frío conviene escurrir y secar bien las hojas si no van a utilizarse inmediatamente, ya que controlar la humedad durante el almacenamiento también resulta importante para su conservación.