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Cada mañana, Ana María Navas sale de Toledo rumbo a Humanes para dar clase en un colegio de Madrid. Son 55 kilómetros por trayecto y una cuenta que cada mes pesa más.

"Pago, literalmente, para ir a trabajar", resume. Durante un tiempo llegó a gastar unos 300 litros de gasolina al mes. Ahora comparte coche con dos compañeras para recortar el golpe, pero ni así consigue librarse de una factura que considera desproporcionada.

Su caso no es aislado. En España, 14,1 millones de trabajadores se desplazan en coche privado hasta su puesto de trabajo, según el Instituto Nacional de Estadística. El mismo organismo recoge otro dato sumado al problema: la duración media del trayecto para ir a trabajar pasó de 22,3 minutos en 2011 a 41,4 minutos en 2021.

Ese aumento del tiempo se traduce en cansancio, horas perdidas y más gasto. Con los carburantes en niveles cada vez más altos, ir a trabajar se ha convertido para muchos en una carga fija difícil de absorber.

Un gasto en aumento

Ana María decidió hace un año organizarse con otras dos docentes que viven en Argés y en el barrio toledano de La Legua. Se turnan el coche por semanas para repartir el coste del combustible.

La solución ayuda, pero se queda corta. "Compartimos coche, cada semana le toca a una y aun así nos dejamos unos 200 euros cada una", cuenta a El Español de Castilla-La Mancha.

Ese ahorro parcial no resuelve el problema de fondo. La profesora descarta desplazarse en AVE porque tendría que levantarse a las cinco de la mañana para encadenar tren y metro hasta el sur de Madrid. Entre el horario, los enlaces y la distancia final, la opción deja de ser práctica.

A eso se suma la presión diaria de la carretera. La A-42, una de las principales conexiones entre Toledo y Madrid, se ha convertido para muchos conductores habituales en sinónimo de retenciones y accidentes. "Es la autovía del infierno, hay accidentes a diario. Salimos una hora antes para un viaje de 40 minutos porque es imposible llegar a las nueve", lamenta.

Ana María menciona incluso la posibilidad de probar aplicaciones para compartir trayecto, donde el conductor recibe una compensación por kilómetro. El interés por estas fórmulas revela hasta qué punto se buscan salidas para aliviar una rutina que cada vez cuesta más.

La única salida

Héctor conoce bien esa dependencia. Vive en Toledo y recorre 93 kilómetros hasta su trabajo, en el barrio madrileño de Pacífico. Entra a las cinco y media de la mañana, así que el tren no le sirve. "El 80% de las veces suelo ir en coche porque el primer AVE no llega hasta las siete", explica.

Sus turnos rotativos le impiden ajustar sus desplazamientos a la oferta ferroviaria. A su juicio, el problema no está solo en los horarios. También critica la capacidad de algunos convoyes en franjas de gran demanda. "Toda esa gente a ver cómo viene si no hay asientos suficientes para todos", dice sobre los trenes de mediodía que devuelven trabajadores a Toledo.

En su caso, la subida del carburante ya se nota con claridad. "Al mes pagaba unos 250 euros en gasoil y este mes he notado un aumento de 80 euros", asegura. La cuenta cambia rápido cuando el coche deja de ser una elección y pasa a ser la única herramienta posible para llegar al trabajo.

Pocas soluciones

La autopista de peaje AP-41 aparece a menudo como alternativa para descongestionar la A-42. Sobre el papel, reduce tráfico y puede ahorrar tiempo. En la práctica, pocos bolsillos pueden asumirla cada día. Ana María lo tiene claro: pagar seis euros diarios de peaje resulta prohibitivo.

"Solo la usamos cuando hay atascos graves como cuando fue la huelga de tractores. Pagarla a menudo es una ruina", señala Héctor.

La posibilidad de suprimir el peaje ya fue planteada por este medio a Francisco Javier Caparrini, jefe provincial de Tráfico en Toledo y coordinador regional de la DGT en Castilla-La Mancha. Su respuesta fue tajante: consideró "inviable" liberalizar la AP-41.

Mientras tanto, quienes cruzan a diario de Toledo a Madrid siguen ajustando horarios, compartiendo coche y rehaciendo presupuestos para poder trabajar. Ana María lo resume en una frase breve y seca: "Es un golpe muy grande a la clase trabajadora. Es angustioso ver que tenemos combustible, pero no podemos pagarlo".