Encontrar trabajo en un sector que necesita mano de obra debería ser relativamente sencillo. Sin embargo, para muchas mujeres, acceder a determinados oficios sigue siendo más complicado de lo que parece, especialmente cuando se trata de profesiones tradicionalmente desempeñadas por hombres.
La construcción es uno de los ejemplos más claros. Pese a que el sector ha aumentado su actividad y necesita incorporar nuevos trabajadores, las mujeres siguen representando una pequeña parte de su plantilla y su presencia a pie de obra continúa siendo poco habitual.
Una realidad que conoce de primera mano Nerea, una española de 27 años que decidió cambiar temporalmente la medicina por la albañilería en Australia. Lo que comenzó como una oportunidad para ganar dinero y vivir una experiencia diferente acabó enfrentándola a una serie de prejuicios que, según cuenta, llegaron a dificultar su búsqueda de empleo.
Los obstáculos de ser mujer en la obra
Nerea terminó sus estudios de Medicina con una idea clara: quería salir de España, conocer otras culturas y vivir experiencias alejadas de su zona de confort antes de iniciar una carrera sanitaria.
Fue así como puso rumbo a Australia, un país en el que ha desempeñado empleos muy distintos, desde trabajar en la hostelería hasta incorporarse a una obra como albañila.
Sin embargo, acceder a este último puesto no resultó sencillo. La joven explica en uno de los vídeos publicados en su canal de YouTube que, durante el proceso de búsqueda de empleo, se encontró repetidamente con la misma situación.
"Cuando saben que soy una mujer, la conversación se corta y ya no puedo avanzar para conseguir ese trabajo", relata.
Su testimonio pone sobre la mesa una realidad que numerosas profesionales del sector llevan años denunciando. Aunque la construcción necesita incorporar nueva mano de obra y busca atraer a jóvenes y mujeres para garantizar el relevo generacional, los estereotipos continúan actuando como una barrera de entrada.
Nerea considera que muchos responsables de contratación y encargados de obra deberían cambiar su mirada hacia quienes empiezan en el oficio.
"Si soy lenta o cometo errores no es porque sea mujer, sino porque soy nueva y principiante", afirma. Para ella, el aprendizaje requiere tiempo, práctica y paciencia, exactamente igual que ocurre en cualquier otra profesión.
La joven insiste en que el género no determina la capacidad para desempeñar un trabajo manual. A su juicio, la motivación y las ganas de aprender son factores mucho más importantes que el sexo de la persona.
"Si alguien tiene ilusión y ganas de hacer algo, lo hará y con el tiempo conseguirá hacerlo bien, sin importar si es hombre o mujer", sostiene.
Sus palabras reflejan también un cambio generacional. Cada vez son más las mujeres que deciden formarse en oficios tradicionalmente masculinos y que reivindican el derecho a desarrollar su carrera profesional sin prejuicios.
No obstante, expertos del sector recuerdan que todavía queda camino por recorrer para normalizar plenamente la presencia femenina en la obra, especialmente en los trabajos de ejecución y producción.
Australia y sus oportunidades
Aunque actualmente trabaja en el campo y dejó atrás la obra, Nerea tiene claro que su futuro profesional seguirá ligado a la sanidad.
Su intención es regresar a España para preparar el MIR y ejercer como médica. Sin embargo, antes de dar ese paso ha preferido aprovechar esta etapa para viajar, ahorrar dinero y adquirir experiencias vitales diferentes.
Australia le ha permitido precisamente eso. Según explica en sus redes sociales, los salarios en el país oceánico son notablemente superiores a los españoles.
En su caso, asegura percibir alrededor de 32 euros brutos por hora trabajando en la obra, aunque señala que algunos profesionales especializados pueden llegar a cobrar hasta 50 euros la hora.
La elección de un oficio manual tampoco fue casual. Nerea ha contado que su abuelo era carpintero y que desde pequeña sintió curiosidad por profesiones vinculadas al trabajo artesanal.
Lejos de ocultar las dificultades, la joven comparte en sus perfiles sociales tanto los momentos más duros como las anécdotas cotidianas de su experiencia laboral.
Miles de seguidores siguen sus publicaciones, en las que combina humor, divulgación y consejos prácticos sobre los trámites necesarios para vivir y trabajar en Australia.
