El reparto a domicilio se ha convertido en una salida laboral para miles de personas en España. Se estima que actualmente hay entre 15.000 y 30.000 repartidores o 'riders' trabajando para plataformas digitales en el país.
El uso cada vez mayor de las aplicaciones de comida y otros productos ha facilitado el acceso a este tipo de empleos, para los que normalmente basta con disponer de un teléfono móvil y un vehículo, como una bicicleta, moto o coche.
Sin embargo, trabajar recorriendo las calles implica enfrentarse cada día a circunstancias difíciles de prever. La lluvia, el viento, los cortes de tráfico, los problemas de cobertura o incluso encontrar un lugar donde aparcar pueden modificar por completo el tiempo necesario para completar un pedido.
El problema aparece cuando los tiempos que establece la aplicación no se adaptan a lo que está ocurriendo realmente en la carretera.
Una situación que conoce bien Daniela, repartidora de Glovo en Almería y que habitualmente realiza las entregas en moto.
Repartos con viento y lluvias
"Aquí en Almería hace muchísimo viento y en moto es bastante peligroso", explica la trabajadora en una entrevista concedida a Noticias Trabajo. Precisamente por seguridad, hay jornadas en las que decide cambiar la moto por el coche.
Las condiciones meteorológicas pueden obligarla a reducir la velocidad, pero asegura que la aplicación continúa calculando los tiempos de entrega sin tener en cuenta lo que sucede a su alrededor. "La aplicación no sabe si está lloviendo, si hay mucho viento o si hay calles cortadas", señala.
Según relata, incluso ha contactado en diferentes ocasiones con el servicio de soporte para explicar que debía conducir más despacio debido al viento. Aún así, el sistema puede continuar reflejando que está acumulando retraso.
Algo similar sucede cuando encuentra una carretera cerrada y necesita buscar una ruta alternativa o cuando el GPS pierde momentáneamente la cobertura. El recorrido real cambia, pero el tiempo previsto para completar la entrega continúa avanzando.
Durante algunos episodios de la DANA, recuerda Daniela, hubo repartidores que optaron por trabajar en coche ante las condiciones meteorológicas. En determinados momentos la aplicación llegó incluso a detenerse durante varias horas y, según asegura, ese tiempo no les fue abonado.
El tiempo sigue corriendo
Otra parte importante de las dificultades de este trabajo surge con el tiempo que cada establecimiento necesite para preparar el pedido. Daniela asegura que en algunos supermercados han llegado a esperar hasta 45 minutos antes de poder recoger una compra. "Hasta que ellos no te entreguen el pedido, tú no te lo llevas", asegura.
A ello se suma el tiempo empleado para encontrar aparcamiento cuando trabaja en coche. "Mientras que yo estoy aparcando, está corriendo mi tiempo de entrega", cuenta también al citado medio.
Son minutos que no siempre dependen del propio repartidor, pero que pueden terminar reflejándose como retrasos dentro de la aplicación.
Sanciones de hasta 21 días
Esta diferencia entre el funcionamiento del sistema y lo que sucede realmente en la calle puede tener consecuencias. Daniela asegura que algunos compañeros han recibido sanciones de siete o incluso 21 días relacionadas con retrasos registrados por la plataforma.
Para la repartidora, uno de los principales problemas es precisamente que determinadas decisiones dependan de un sistema automatizado que no siempre puede interpretar las circunstancias que rodean cada entrega.
"Detrás de una mochila hay una familia, no somos un algoritmo, no somos un robot, somos personas humanas que estamos trabajando para llevar el pedido", reivindica.
La presión durante la jornada
Trabajar pendiente de esos tiempos también acaba pasando factura a nivel personal. La repartidora explica que suele comenzar sus jornadas con energía, pero que la presión acumulada a lo largo de las horas termina afectándole.
"Siempre salgo con buena actitud y llego a mi casa agotada porque la aplicación me pone en localización o me pone retraso... y yo estoy haciendo mi trabajo bien", reconoce.
Para Daniela, el problema no está únicamente en cumplir con una entrega, sino en que el sistema sea capaz de tener en cuenta esos imprevistos y no reduzca el trabajo de los repartidores a los tiempos que aparecen en una pantalla.
