A las 5:15 de la mañana empieza la jornada de Sofía León. Lleva 38 años dedicada a la pescadería y hoy está al frente de su propio negocio en el Mercado de Pino Montano, en Sevilla.
En una entrevista con FEDEPESCA, la profesional cuenta cómo transcurren sus días tras el mostrador y recuerda los cambios que ha vivido en el sector desde que comenzó.
Sofía entró en el oficio siendo joven, por decisión propia. Su pareja ya trabajaba en él y ambos decidieron emprender juntos. Su establecimiento es conocido como Pescadería Gastronómica Javi y Sofi.
Al principio, su presencia llamaba la atención en Mercasevilla, donde no era habitual ver a mujeres trabajando. Con los años ha visto cambiar esa situación, aunque considera que todavía queda camino por recorrer.
Su jornada
Antes de ponerse frente al público, Sofía ya piensa en el pescado comprado y en cómo presentarlo para atraer a quienes pasan por el mercado. Como propietaria, sabe que su presencia diaria también forma parte del negocio.
Estar detrás del mostrador le permite conocer a sus clientes y atenderlos personalmente. Esa relación es una de las razones por las que sigue implicada en el trabajo después de casi cuatro décadas.
"Mi profesión me encanta", afirma. La satisfacción de dedicarse a lo que le gusta convive, explica, con la exigencia de mantener la atención y no bajar la guardia.
Su labor tampoco termina al entregar el producto. Atender una pescadería exige conocer las especies, valorar su frescura y saber qué preparación necesita cada cliente.
Una merluza puede llevarse entera para el horno, cortada en rodajas o preparada en lomos para la plancha. Limpiar, descamar y filetear son tareas habituales que requieren práctica y destreza.
A ello se suman las horas de pie, el trabajo con hielo y las condiciones de conservación e higiene que exige un producto fresco. Son aspectos del oficio que el comprador apenas ve cuando se acerca al mostrador.
Los cambios en el mercado
Sofía recuerda que, cuando empezó, casi todas las personas que compraban en su puesto eran mujeres. En muchos hogares eran ellas quienes se ocupaban de hacer la compra.
Hoy ve a más hombres asumir esa tarea. Para la pescadera, encontrarlos cada vez con mayor frecuencia en el mercado supone "un grandísimo logro de igualdad".
También percibe una mayor valoración del trabajo de las pescaderas. Sin embargo, cree que aún hace falta avanzar hacia un entorno laboral más justo y anima a otras mujeres a dedicarse al oficio.
Su trayectoria refleja el papel de quienes trabajan en la venta directa de pescado y marisco. En mercados, comercios de barrio y negocios familiares, muchas mujeres han aprendido este trabajo y han transmitido sus conocimientos a otras generaciones.
El sector también se adapta a nuevas formas de comprar. Junto a la atención presencial, algunas pescaderías reciben pedidos por teléfono, WhatsApp o redes sociales y ofrecen reparto a domicilio. Para Sofía, después de 38 años, el mostrador sigue siendo el centro de su jornada.
