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Para millones de trabajadores en España, cumplir con ocho horas de trabajo no significa dedicar únicamente ocho horas del día al empleo. La jornada partida puede hacer que la entrada sea por la mañana y la salida definitiva no llegue hasta bien entrada la tarde.

Se trata, además, de un modelo especialmente presente en España, donde más de un tercio de los ocupados trabaja con jornada partida según los últimos datos comparables. Una organización del tiempo que continúa teniendo un importante impacto sobre la conciliación.

De hecho, un informe de ClosinGap calcula que este tipo de horarios supone perder alrededor de una hora diaria de tiempo libre por trabajador. En conjunto, serían más de 1.640 millones de horas al año que podrían dedicarse al descanso, la familia o la vida personal.

Una situación especialmente visible en sectores como el comercio y la hostelería, donde los horarios pueden obligar a salir de casa por la mañana y no regresar hasta la noche, aunque las horas efectivamente trabajadas sean muchas menos.

Precisamente este modelo es el que cuestiona Virginia López Bello, abogada laboralista que lleva tiempo utilizando sus redes sociales para abrir el debate sobre los horarios laborales y sus consecuencias sobre la vida de los trabajadores.

"Estar 12 horas fuera no es normal"

"Lo voy a decir alto y claro, la jornada partida es uno de los mayores fraudes normalizados del mercado laboral español. Lo digo así de claro porque nos han hecho creer que trabajar ocho horas y estar 12 o 13 fuera de casa es algo normal. ¡No lo es!", asegura la experta.

El problema, según plantea, no reside únicamente en las horas que aparecen reflejadas en el contrato. Los largos descansos entre un turno y otro pueden dejar al trabajador con varias horas libres sobre el papel, pero sin tiempo suficiente para desconectar realmente.

"¿Y qué haces durante ese tiempo, ir a casa? Muchos no pueden. ¿Descansar? Tampoco. Conciliar muchísimo menos. Es tiempo muerto, tiempo perdido, tiempo que nadie te paga, pero que la empresa ocupa igualmente. Y lo peor es que siempre aparece la misma excusa".

Una de las explicaciones más habituales es que determinados sectores necesitan este tipo de organización para cubrir sus horarios de apertura. López Bello cuestiona precisamente que el comercio, los restaurantes o los hoteles tengan necesariamente que depender de jornadas partidas.

"¿De verdad? ¿Entonces cómo es posible que en la inmensa mayoría de los países del mundo haya restaurantes, tiendas, cafeterías y hoteles funcionando sin condenar a los trabajadores a no tener solución de continuidad en sus vidas? ¿Es que allí son mejores empresarios? Quizás ha llegado el momento de decir una verdad incómoda. El problema no es solo la jornada partida, el problema son nuestros horarios", plantea.

Hábitos de consumo abusivos

Para la abogada, por tanto, el debate va más allá de cómo se distribuyen las ocho horas de trabajo. También pone el foco sobre unos hábitos de consumo que llevan a numerosos negocios a permanecer abiertos hasta última hora del día.

"Hemos asumido que cerrar a las 10 es lo lógico y que un camarero salga del restaurante cerca de la una de la madrugada es el precio que hay que pagar. Pero, casualmente, solo está destinado ese sacrificio a algunos. Y mientras tanto millones de trabajadores entregan su vida personal para mantener unos hábitos de consumo que cada vez tienen menos sentido".

López Bello recuerda, además, que muchas costumbres que parecían inamovibles hace décadas terminaron transformándose. Para ella, los horarios laborales también deberían poder adaptarse a los cambios que ha experimentado la sociedad.

"Los hábitos cambian. Antes las tiendas cerraban los sábados por la tarde, los bancos abrían solo por las mañanas y nadie compraba por internet. Hoy todo eso ha cambiado. ¿Por qué nuestros horarios laborales tienen que ser intocables?".

La experta relaciona este debate con las dificultades que algunos negocios aseguran encontrar a la hora de contratar personal. "Y luego se preguntan por qué no encuentran trabajadores en hostelería o en comercio. Yo creo que lo que no encuentran son personas dispuestas a aceptar condiciones que hace años dejamos de considerar razonables".

"Trabajar para vivir"

Esta forma de entender el empleo también estaría cambiando entre los trabajadores más jóvenes, que conceden cada vez más importancia a disponer de tiempo fuera de su jornada profesional.

"Porque las nuevas generaciones ya no quieren vivir para trabajar; quieren trabajar para vivir. Y tienen toda la razón del mundo", defiende López Bello.

Para la abogada, mantener un negocio abierto durante muchas horas no debería implicar necesariamente que una misma persona tenga prácticamente todo su día condicionado por el trabajo.

"Desde luego, si para que tu negocio funcione necesitas que alguien renuncie a su vida desde las 9 de la mañana hasta las 10 de la noche, quizá la cuestión no sea el trabajador. Quizá haya llegado el momento de reconocer que el problema es un modelo de negocio y unos horarios que ya no encajan en la sociedad del siglo XXI", concluye.