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El último informe de PISA en que se han evaluado a 30.000 estudiantes españoles de 15 y 16 años, ha vuelto a colocar la educación del país en el centro del debate.

En 2025, España obtuvo 477 puntos en ciencias, 451 en lectura y 457 en matemáticas, por debajo de las medias de la OCDE en las tres competencias.

Más allá de las cifras, el debate se traslada ahora a las aulas. Profesores con décadas de experiencia recuerdan a ABC una enseñanza en la que, según su percepción, el conocimiento ocupaba el centro de la actividad docente y el esfuerzo formaba parte esencial de la vida académica.

La enseñanza es secundaria

Gloria López, profesora de Biología y Matemáticas con más de 30 años de experiencia y que también ha ejercido como jefa de estudios y directora, tiene claro que el cambio de modelo ha situado al alumno en el centro y ha desplazado al profesor de su papel tradicional como transmisor de conocimientos.

"El conocimiento ya no es lo único y el profesor ya no está en el centro, ya no organiza. Ahora el alumno es el protagonista de su propio proceso de aprendizaje", explica.

López considera que esta transformación también ha modificado la relación de los estudiantes con la frustración, la disciplina y la evaluación. «La nota ya no refleja el conocimiento», sostiene, al cuestionar el peso que, según su experiencia, tienen otros elementos en la evaluación.

La profesora también pone el foco en una realidad que considera inseparable de lo que ocurre dentro del aula: la relación entre las familias y el colegio.

"Cuando yo empecé, las familias insistían a sus hijos en la obligación de estudiar y respetaban la valoración del maestro. Ahora, lo que dice el niño es palabra de Dios", afirma.

Para ella, el docente no tiene que ser autoritario, pero sí convertirse en una referencia. "Yo no digo que el docente tenga que ser autoritario, pero sí tiene que ser un modelo", defiende.

Otro de los entrevistados es José Antonio Martínez, profesor de Matemáticas retirado y antiguo director de un instituto público madrileño. Después de casi cuatro décadas frente a los alumnos, identifica un cambio especialmente significativo.

"Hoy está el asunto de la diversidad, del bienestar educativo… En su día, nosotros estábamos a los contenidos, a dar clase. Hoy lo emocional es más importante que el conocimiento", asegura.

No plantea que la dimensión emocional deba desaparecer de las aulas. Su crítica se dirige al peso que ha adquirido frente a la enseñanza de las materias. "Parece que a todos los alumnos les tiene que pasar algo", afirma.

Recuperar la enseñanza

También Fernando del Castillo, profesor jubilado de Lengua y Literatura, cuestiona que determinadas actividades de carácter emocional hayan ido ganando espacio en detrimento de las materias académicas.

"Llevamos años sacrificando tiempo lectivo en las aulas para ganarlo en charlas sobre la identidad de género, la amistad o la educación sexual", señala.

Su posición no es eliminar estos contenidos, sino evitar que se impartan «a costa de las Matemáticas», porque, en su opinión, los alumnos necesitan "conocimientos básicos".

Carmen Leal, profesora jubilada de Lengua y Literatura, comparte la preocupación por la pérdida de protagonismo del conocimiento. A sus 90 años, considera que la función esencial del docente sigue siendo enseñar a pensar y proporcionar a los alumnos herramientas para desarrollar un pensamiento crítico.

"La función del profesor es enseñar a pensar a sus alumnos, darles armas para que tengan un pensamiento crítico", sostiene.

Testimonios que, aunque corresponden a experiencias personales y no constituyen por sí mismos una explicación de los resultados de PISA, debaten cómo equilibrar el bienestar emocional del alumnado con la exigencia académica y la adquisición de conocimientos.