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El apellido Arguiñano está estrechamente ligado a la cocina gracias a la trayectoria televisiva de Karlos Arguiñano.

Durante más de tres décadas, el cocinero ha compartido miles de recetas en televisión y ha conquistado al público con su particular sentido del humor.

Sin embargo, más allá de sus programas y libros, el chef también participa en otros negocios. Entre ellos se encuentra la Bodega K5, un proyecto que comparte con cuatro socios.

Al frente de la bodega está su hija menor, Amaia Arguiñano, de 39 años. Ingeniera de formación, hace siete años decidió abandonar el mundo del motociclismo para dedicarse al vino.

En una entrevista concedida a El País, Amaia ha hablado sobre su trayectoria profesional, su papel en el negocio familiar y la influencia que ha tenido su madre, Luisi Ameztoy, en su forma de entender el trabajo.

Amaia es la única de los siete hermanos que cuenta con una carrera universitaria. Estudió Ingeniería Técnica Mecánica e Ingeniería Industrial, con especialización en materiales.

Su primera etapa profesional transcurrió en el mundo del motor. Trabajó en motociclismo ocupándose de la telemetría y del análisis de los sensores instalados en las motos.

Antes de incorporarse al negocio familiar, también pasó un año trabajando en un equipo ajeno a su familia. Aquella experiencia le permitió desarrollar su carrera lejos del peso del apellido Arguiñano.

Al hablar de su madre, Amaia no duda en reivindicar su papel dentro de la familia: "Ha trabajado más que todos y siempre en la sombra".

La joven reconoce que ha querido seguir su ejemplo. Cuando comenzó a trabajar en la bodega, le daba "pavor" exponerse ante los medios de comunicación y las redes sociales.

Siempre ha preferido mantenerse en un segundo plano y dejar que su trabajo hable por ella, una actitud que relaciona directamente con la forma de ser de su madre.

Al frente de la Bodega K5

Amaia Arguiñano nació en Zarautz y es la menor de los siete hijos de Karlos Arguiñano y Luisi Ameztoy.

Desde pequeña conoció de cerca el exigente ritmo de la hostelería. Durante los veranos colaboraba en el restaurante y en el hotel familiar.

Pese a ese contacto temprano con el negocio, decidió explorar su propia vocación y formarse en un ámbito alejado de la restauración.

Después de siete años trabajando en el motociclismo, regresó al País Vasco para aplicar sus conocimientos técnicos a un proyecto con una importante carga familiar: la Bodega K5.

La bodega se encuentra en Aia, en la provincia de Guipúzcoa, rodeada de montañas y viñedos próximos al mar Cantábrico.

Su incorporación supuso una renovación en la gestión del proyecto. Amaia aplicó su experiencia a la elección de maquinaria, el diseño de las instalaciones y la implantación de exigentes controles de calidad.

Este trabajo ha contribuido a posicionar los txakolis de K5 como propuestas de alta gama dentro del sector gastronómico.

Entre los proyectos desarrollados durante esta etapa destaca Kaiairen 2016. El vino obtuvo 96 puntos en el concurso internacional Decanter en 2023.

La bodega también amplió su oferta con nuevas elaboraciones, entre ellas un vino dulce de vendimia tardía y el espumoso Kilima.

Pese a sus responsabilidades, Amaia continúa manteniendo un perfil discreto. Prefiere que sean los vinos y los resultados de la bodega los que reciban el protagonismo.

También se mantiene alejada de los programas televisivos de su familia y limita sus apariciones públicas a cuestiones relacionadas con su trabajo.

Su vida lejos de los focos

La discreción también marca la vida personal de Amaia Arguiñano. Lleva varios años casada, aunque la identidad de su pareja permanece alejada del ámbito público.

Ambos han optado por mantener una vida tranquila y proteger su intimidad. Apenas han trascendido detalles sobre su relación o su entorno más cercano.

Amaia fue madre en 2022, pero tampoco ha compartido públicamente información sobre su hijo, fiel a su intención de separar el trabajo de su vida privada.

Además, trata de evitar las posibles ventajas asociadas a ser hija de Karlos Arguiñano. Según ha contado, utiliza el apellido de su madre para realizar reservas en restaurantes.

También recurre a Ameztoy cuando organiza visitas a la bodega, con el objetivo de que el apellido Arguiñano no condicione el trato que recibe.

A pesar de mantenerse lejos de los focos, conserva una relación muy estrecha con su familia.

Amaia participa habitualmente en los encuentros que celebran en el caserío familiar de Zarautz. Allí pueden reunirse hasta 30 personas entre padres, hermanos, parejas y sobrinos.

Estas reuniones reflejan la unión de una familia numerosa en la que Amaia ha escogido desempeñar su papel con la misma discreción que siempre admiró en su madre.