Miley (que se ha despojado del apellido Cyrus) quiere que la gente regrese al universo analógico en Bass Persuades, el single de su nuevo álbum. "Los chicos no quieren bailar, los chicos no quieren bailar. No podemos seguir así para siempre. Entreguémonos a la noche, acerquemos nuestros cuerpos", canta.
No es la única estrella del pop que ha mostrado con su música su preocupación por una generación cada vez más alejada no sólo de las fiestas, sino también del plano físico.
Algo que precisamente, y pese a la cantidad de críticas y a la incomprensión que genera entre millennials y boomers, es lo que promueven los que 'farmean aura'.
Madonna se queja en una de sus nuevas canciones de que los chicos ya no bailan.
Dejar de salir
Si tienes Wi-Fi, es muy probable que este fenómeno no te sea desconocido en absoluto. Se trata de encuentros presenciales que están llenos de gestos y referencias del espectro digital. Harry Styles asegura en Dance no more que "los DJ ya no bailan" y que quiere danza con todos sus amigos y acaba de posar con una camiseta que reza: "Bailar lo es todo. Todo".
No es casualidad que Madonna se haya marcado todo un homenaje al clubbing en Danceteria. Porque es indudable que los jóvenes han dejado de salir. Según datos de FAD Juventud, solo un 26 % va de fiesta habitualmente, mientras que hace más de una década, eran más del 70% .
Más números: FAD Juventud también señala que un 74,6% declara que la actividad que más realiza en su tiempo libre es chatear o navegar por internet, siendo las actividades de ocio digital las más frecuentes entre los 15 y los 19 años y entre las mujeres. Y solo el 22,7% asegura realizar salidas nocturnas con mucha frecuencia.
El Informe de Juventud de España 2024 ya advertía que más del 25% de la generación X aseguraban salir a bailar o a discotecas el fin de semana cuando eran jóvenes, mientras que solo el 12% de los miembros de la generación Z lo hacen.
No es algo que ocurra únicamente en nuestro país. Un reportaje del New York Times también se preguntaba qué hace este sector de la población para divertirse, y una de las participantes en el artículo aseguró que se quedaba dormida con su amiga al otro lado del teléfono.
Adiós, maldita resaca
¿Dulce? ¿O triste? "Creo que se pierden algo. Luego es precioso llegar a los casi 50 y tener una cajita de recuerdos con situaciones divertidísimas de borrachismo juvenil que jamás volverás a vivir", asegura a Magas Carmen Torreblanca, columnista.
"A las mujeres de la generación Z les diría que bebiesen sin miedo pero con moderación, sin perder el control. Por supuesto que pienso que el alcohol en ciertas dosis proporciona diversión, y les diría que aprovechen porque luego viene la menopausia y la movida cambia completamente", dice.
"Primero, porque pierdes un poco la alegría de vivir y segundo, porque el desplome de hormonas hace que el alcohol se metabolice mucho peor y se te pone la boca pastosa y te narcotiza muchísimo, y encima te pega subidón la curva de la glucemia", añade.
Una advertencia: ni mucho queremos decir que la gente no se divierta porque no beba. Pero es indudable que las formas de pasarlo bien han cambiado. ¿Puede tener algo que ver que la gente tome menos alcohol con que salir de fiesta comience a ser menos habitual?
El ocio nocturno ya no pasa tanto por beber e ir de discotecas.
"Una vez quitas ese componente, igual ni te interesa ese tipo de música, ese tipo de personas o los sitios que frecuentabas. A mí me gusta pasar tiempo en la naturaleza y huyo de los lugares muy concurridos porque me agobian", explica Celia Casterá, autora de Enterrar a Marisol (Yonki Books, 2026).
"A las 11 estoy acostada religiosamente y me gusta mucho más aprovechar las mañanas para hacer deporte al aire libre, quedar para el brunch…", dice.
La escritora Blanca Casas asegura que hay algo en la rutina de 'beber por beber' que le aburre. "Creo que hay mucha gente a la que no le conviene acordarse de las cosas. Porque igual sería todavía menos divertido. Es verdad que cuando sales con personas que beben mucho y tú no tanto, siempre eres la que se acuerda de las cosas. Y también es divertido, porque eso te da un gran poder", asegura.
Relaciones más tecnológicas
Datos recientes del Barómetro Juventud, Salud y Bienestar, elaborado por Fad Juventud y la Fundación Mutua Madrileña, señalan que el 54,7% de los jóvenes españoles asegura haber sufrido en el último año algún problema de salud mental.
¿Será quizás ese regreso a lo analógico, ese comeback al cara a cara, lo que pueda ayudar a devolverles la felicidad? ¿O dejar de salir de fiesta implica también alejarse de los demás y abandonar el disfrute?
"Las generaciones venideras tienen mucha más conciencia de salud física de la que tuvimos nosotros... Sin embargo, patinan a la hora de controlar las horas con el teléfono. Su manera de reunirse socialmente es digital, la nuestra era física, en torno a un evento o una discoteca, que era el templo. Habrá que observar en qué desemboca todo este giro", dice Casterá.
Daniel Cassany, investigador de la Universidad Pompeu Fabra, señaló en la jornada Jóvenes y ocio. Nuevos retos, nuevas respuestas que "la juventud española está presente en la gran mayoría de comunidades de fans de productos culturales diversos (videojuegos, cómic, música, fanfic, series de TV, películas, etc.)". Es decir: el tiempo libre se centra en la canalización de sus pasiones.
“Se organizan en comunidades sofisticadas, trabajan mucho en equipo, son muy constantes y dedican tiempo al mantenimiento de la identidad del grupo: enseñan a los novatos, producen contenido de su ámbito, lo comparten con sus colegas... La idea del fan como un joven perezoso que solo quiere divertirse es totalmente falsa”, aseguró Cassany, dando un rayito de esperanza.
Porque los jóvenes sacan el máximo partido a las relaciones que propician la tecnología y las aplican tanto al disfrute individual como al colectivo.
Los móviles y las reuniones de día imperan entre las nuevas generaciones.
Miedo e información
Sería iluso, incluso incauto, no alegar que muchas mujeres temen salir de noche por motivos de seguridad. El 83% de las mujeres sondeadas por la aplicación de seguridad femenina Sister afirma que cuando más miedo sienten es al caminar solas de noche por la calle. Porque divertirse cuando se siente pavor no es sencillo, e indudablemente, nosotras lamentablemente sabemos bien lo que es regresar a casa con miedo.
"Lo que estamos viendo en la generación Z, y especialmente en mujeres jóvenes, no es una hornada de personas más aburridas que sus padres y abuelos, sino la generación más informada de la historia de la humanidad", explica Luis Miguel Real Kotbani, autor de La mentira de la fuerza de voluntad (Yonki Books).
Al hablar acerca de por qué cada vez más buscan planes en los que estar absolutamente presentes, considera que hay un hartazgo de la resaca como precio para pasarlo bien.
"Durante mucho tiempo, se ha dado por hecho que socializar implica beber hasta perder el conocimiento, y que el malestar del día siguiente es simplemente el coste de la diversión. Cada vez más personas están cuestionando esas ideas, especialmente mujeres", explica a Magas.
"Me lo paso mejor saliendo con mis amistades si, además, al día siguiente no me duele la cabeza ni me siento como si me hubiera pasado un camión por encima y soy capaz de hacer ejercicio y disfrutar al máximo del resto del fin de semana", asegura.
Comenta que hay un cambio de fondo en la forma en la que en la actualidad se entiende el bienestar al valorar más las personas de la generación Z valoran más dormir bien, ir a entrenar, rendir en el trabajo, tener la cabeza despejada...
"Cada vez hay menos gente que piensa que salir sin beber alcohol es una forma de ocio inferior, porque no creen que se estén perdiendo nada, al contrario: al elegir renunciar al alcohol están disfrutando muchísimo más del momento y de lo que les rodea", indica.
Cuando hace tres años el caso de Nerea Fernández (@nereafdzx), una usuaria de TikTok, se viralizó por sentirse "fuera de lugar" por no querer salir de fiesta, muchas personas empatizaron, aunque muy probablemente, no tantas como lo harían ahora.
"Alguna vez me ha pasado que siento que no encajo en la sociedad o en mi grupo de amigos porque no me gusta salir de fiesta", aseguraba.
Ahora, cantidad de mujeres piensan como ella y no se avergüenzan de decirlo. Porque el problema no es que haya a quienes les encanta salir y tomarse unas copas, sino los que creen que si alguien no piensa igual, es una persona aburrida.
Que Miley no se preocupe tanto: las chicas quizás no salgan de fiesta, pero se divierten igual.
