España vuelve a enfrentarse a los malos resultados del informe PISA, una radiografía que pone el foco en las dificultades de los estudiantes para alcanzar las competencias básicas.
El problema no se limita a una asignatura concreta, sino a la comprensión lectora, que aparece como una de las grandes asignaturas pendientes.
Para Begoña Gutiérrez, profesora de Lengua, Literatura y Latín con 29 años de experiencia, el diagnóstico empieza precisamente ahí. Desde las aulas de tercero y cuarto de la ESO del colegio La Salle de Irún, en Guipúzcoa, observa cada día cómo los adolescentes tienen cada vez más dificultades para enfrentarse a un texto.
"La comprensión lectora, pues sí, no leen, es que no leen. Cuesta mucho hacerles leer", explica la docente. Una situación que, a su juicio, termina afectando al resto de aprendizajes.
Porque leer no consiste únicamente en terminar un libro. Comprender lo que se está leyendo resulta imprescindible para interpretar un problema de matemáticas, seguir las instrucciones de un ejercicio o entender un concepto científico.
"Si no desarrollas esa destreza, pues luego también tendrás problemas en comprender otras cosas", apunta Begoña. Por eso considera que recuperar el hábito lector debería ocupar un lugar central en cualquier estrategia destinada a mejorar el rendimiento académico.
La inmediatez de las pantallas
La profesora encuentra una de las dificultades añadidas en el entorno digital en el que crecen actualmente los alumnos. Acostumbrados a recibir información de manera inmediata, enfrentarse durante un tiempo prolongado a un libro puede convertirse en un esfuerzo.
"Viven en el mundo de la inmediatez", señala. "Entonces, el hecho de tener que leer un texto, dedicarle un tiempo, es que no están acostumbrados y lo quieren todo rápido y lo quieren ya".
Las pantallas también han cambiado la forma de preparar algunas lecturas escolares. Cuando un profesor manda un libro, explica Begoña, existe la posibilidad de recurrir a internet para encontrar resúmenes en lugar de leer la obra completa.
"Con el mundo digital ahí tan a su disposición, pues bueno, pues pueden leer resúmenes, pueden dejar de leerse el libro, acceder a los resúmenes que hay por ahí", relata. Para ella, la situación puede resumirse en un conocido refrán: "Hecha la ley, hecha la trampa".
El problema de la atención no es exclusivo de la lectura. La investigadora de Esade Lucía Cobreros ha señalado la relación entre el uso desregulado de dispositivos móviles y las dificultades para mantener la atención sostenida, un factor que puede terminar interfiriendo en el aprendizaje.
Más lectura y menos pantallas
Ante esta situación, Begoña apuesta por regresar a las competencias que considera fundamentales. "Reforzar las competencias básicas, eso, la lectura, la comprensión, trabajar los textos", resume.
También defiende un mayor control sobre el uso de dispositivos electrónicos dentro del entorno educativo. En sus propias clases procura utilizarlos únicamente cuando resultan necesarios: "justo y necesario".
La cuestión, sin embargo, no depende únicamente de lo que pueda hacer cada profesor. La docente considera que las condiciones en las que se trabaja en las aulas también son determinantes.
"También ayudaría mucho bajar las ratios", reivindica. Con grupos numerosos, explica, resulta más complicado prestar una atención individualizada, detectar las dificultades de cada estudiante y acompañar su evolución.
La petición coincide con una de las reclamaciones recurrentes de los docentes: disponer de más tiempo y recursos para atender a alumnos con niveles y necesidades diferentes dentro de una misma clase.
Un problema real
Los resultados de PISA han reabierto el debate sobre las causas del rendimiento educativo en España. Para Begoña, mejorar las cifras pasa por recuperar hábitos básicos que se han ido debilitando, especialmente la lectura.
Pero también por proporcionar a los profesores las herramientas necesarias para trabajar con sus alumnos.
La exsecretaria de Estado de Educación Montserrat Gomendio ha defendido, por su parte, la importancia de mantener niveles de exigencia elevados, expectativas altas para todos los estudiantes y un currículo con contenidos sólidos.
Desde el aula, Begoña pone el acento en una cuestión mucho más cotidiana: conseguir que los alumnos vuelvan a dedicar tiempo a leer, comprender y reflexionar.
