Las tendencias de interiorismo para 2026 buscan viviendas cálidas, personales y con elementos capaces de transformar los espacios sin sobrecargarlos.
Aunque cocinas y baños suelen acaparar las reformas, el suelo es determinante en la apariencia del hogar. Su color, acabado y colocación pueden cambiar por completo una estancia.
Frente a las tradicionales lamas rectas, el suelo laminado en espiga gana protagonismo como una alternativa decorativa y más asequible que el parqué de madera natural.
Este diseño aporta movimiento y personalidad, pero también exige valorar aspectos como la resistencia del material, la orientación de las piezas y la dificultad de instalación.
La apuesta experta
La interiorista Natalia Zubizarreta ha utilizado este patrón para equilibrar espacios modernos con elementos de inspiración clásica.
En uno de sus proyectos explicó que con la colocación en espiga quiso "aportar un toque clásico y suavizar la modernidad del resto de elementos".
Para actualizar el resultado, escogió una tonalidad beis grisácea que evitaba que el suelo pareciera excesivamente señorial o recargado.
La interiorista María Odena también ha empleado una base en espiga en un comedor decorado con muebles neutros y materiales naturales. El suelo ayuda a reforzar la calidez del conjunto.
Por su parte, los proyectos de Marta Labrador muestran una interpretación más contemporánea, con lamas largas y anchas que pueden ampliar visualmente las estancias.
La especialista en suelos de madera Nuria del Ser confirma el regreso de estos diseños. Según explica, actualmente "se instala mucho el formato de espiga y punta Hungría con fajeado perimetral".
El éxito de la espiga
La tarima flotante tradicional se ha utilizado durante décadas por su precio y su facilidad de montaje. Sin embargo, las tablas paralelas pueden ofrecer un resultado demasiado convencional.
En realidad, la expresión "tarima flotante" define el método de instalación y no el dibujo del suelo. Algunos laminados en espiga también se colocan de forma flotante mediante un sistema de clic.
La principal diferencia se encuentra, por tanto, en la disposición de las lamas. La instalación recta transmite continuidad y sobriedad, mientras que la espiga introduce ritmo y profundidad.
Este patrón se crea alternando lamas rectangulares en ángulo recto hasta formar un zigzag escalonado. Aunque procede de interiores clásicos, encaja también en viviendas modernas.
No debe confundirse con la punta Hungría o chevron. En este diseño, los extremos de las piezas están cortados en ángulo y se unen formando una "V" continua.
La espiga también puede modificar la percepción de la habitación. Según su orientación, permite dirigir la mirada, reforzar la profundidad o aportar una mayor sensación de amplitud.
Cómo elegirlo
El laminado reproduce la apariencia de la madera y necesita menos mantenimiento que algunos pavimentos naturales. También puede ofrecer una buena resistencia frente al desgaste y los arañazos.
Sin embargo, el dibujo en espiga no hace que el suelo sea más resistente. La durabilidad depende de la composición, la capa protectora y la clasificación indicada por el fabricante.
En salones, pasillos y otras zonas de uso frecuente conviene escoger laminados AC4 o AC5. Estas categorías ofrecen una resistencia adecuada para espacios sometidos a un mayor tránsito.
Si se va a colocar en cocinas o baños, hay que comprobar que el modelo sea resistente al agua. También debe incorporar juntas protegidas frente a la humedad.
El color influye igualmente en el resultado. Los tonos claros aportan luminosidad, mientras que los acabados medios y cálidos crean ambientes más acogedores.
Las lamas largas y anchas ofrecen una imagen más actual y despejada. Las piezas pequeñas, en cambio, generan un dibujo más marcado y de inspiración clásica.
Errores comunes
El patrón en espiga requiere más planificación que una colocación recta. Un pequeño desvío en las primeras filas puede aumentar progresivamente y descuadrar todo el pavimento.
Antes de empezar, hay que comprobar que la base esté limpia, seca y nivelada. Cualquier irregularidad puede afectar al encaje y a la estabilidad de las piezas.
También es necesario calcular el despiece y marcar una línea de referencia. Esto permite centrar el dibujo y evitar cortes desiguales junto a las paredes.
La instalación genera más recortes que un trazado paralelo. Por ello, suele ser aconsejable adquirir entre un 10% y un 15% más de material, según la forma de la estancia.
Las cajas deben permanecer en la habitación durante el periodo de aclimatación indicado por el fabricante. Así, las lamas se adaptan a la temperatura y la humedad del espacio.
Otro error habitual es olvidarse de las juntas de dilatación perimetrales. Sin esta separación, el pavimento puede levantarse o abombarse al expandirse.
También conviene abrir varios paquetes y alternar las lamas. De esta manera, las pequeñas variaciones de tono se reparten y el acabado resulta más equilibrado.
Aunque algunos sistemas de clic facilitan el trabajo, la espiga exige precisión. En habitaciones irregulares o con numerosos encuentros, es preferible recurrir a un instalador especializado.
Bien elegido y colocado, el suelo laminado en espiga permite alejarse de las tradicionales lamas rectas. Su diseño aporta movimiento, calidez y un acabado más personal a toda la vivienda.
