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El calor acelera la maduración de esta fruta, pero un sencillo gesto en la zona del tallo ayuda a conservarla durante más tiempo.

Los plátanos son una de las frutas más habituales en los hogares españoles. Sin embargo, durante los meses de calor pueden pasar del amarillo al marrón en muy poco tiempo.

Las temperaturas elevadas aceleran su maduración y hacen que la piel se oscurezca antes. Para retrasar este proceso, no siempre es necesario recurrir a la nevera.

Uno de los trucos más utilizados por las fruteras consiste en envolver con papel film la parte superior del racimo. Este sencillo gesto puede ayudar a que los plátanos mantengan durante más tiempo su aspecto y su textura.

Papel film

Los plátanos producen etileno, una hormona vegetal que interviene en el proceso de maduración. A medida que aumenta su presencia, la fruta se ablanda, gana dulzor y cambia de color.

Para ralentizar este proceso, se puede cubrir con papel film la corona del racimo, es decir, la zona en la que se unen los tallos. El envoltorio debe quedar ajustado y renovarse cada vez que se retire una pieza.

También es recomendable mantener los plátanos unidos. Separarlos uno a uno y dejarlos repartidos por el frutero puede favorecer que maduren de manera desigual.

Este método no detiene por completo la maduración, pero puede retrasarla. Resulta especialmente práctico en verano, cuando la fruta evoluciona con mayor rapidez debido al calor.

Cómo guardarlos

El lugar elegido también influye en su conservación. Según explican desde Plátanos Ruiz, lo aconsejable es mantenerlos a una temperatura de entre 10 y 20 grados.

Conviene dejarlos en un espacio fresco, seco y protegido de la luz directa. Tampoco deben colocarse junto a una ventana soleada, el horno o cualquier otra fuente de calor.

Las corrientes de aire frío o caliente pueden afectar al aspecto de la piel. Por eso, es preferible buscar un rincón de la cocina con una temperatura lo más estable posible.

Siempre que haya espacio, los plátanos pueden colocarse en un soporte que permita mantenerlos colgados. Así se evita que soporten peso y sufran golpes o rozaduras.

Evitar la nevera

Guardar los plátanos todavía verdes en el frigorífico puede alterar su proceso natural de maduración. El frío daña la piel y puede hacer que se oscurezca antes de que la pulpa alcance el punto deseado.

Por esta razón, lo recomendable es conservarlos a temperatura ambiente mientras continúan verdes o amarillos. El papel film puede utilizarse durante esta fase para intentar retrasar su evolución.

La situación cambia cuando ya están maduros. En ese momento sí pueden introducirse en la nevera para prolongar durante algunos días el buen estado de la pulpa.

La piel probablemente se volverá marrón o negra por efecto del frío, pero eso no significa necesariamente que el interior esté estropeado. Antes de desecharlos, conviene comprobar su olor, textura y aspecto.

Separarlos

Otro error frecuente es colocar los plátanos junto a manzanas, peras, mangos, aguacates o kiwis. Estas frutas también liberan etileno y pueden acelerar la maduración del racimo.

Si el objetivo es conservarlos durante más tiempo, deben mantenerse separados. En cambio, colocarlos junto a una manzana puede ser útil cuando se quiere que un plátano verde madure más deprisa.

También hay que evitar apilarlos o dejarlos debajo de otras piezas de fruta. Los golpes y la presión dañan la piel y favorecen la aparición de manchas oscuras.

Cómo aprovecharlos

Que la piel esté muy oscura no implica que el plátano deba acabar en la basura. Si la pulpa conserva un olor normal y no presenta moho, todavía puede aprovecharse.

Los plátanos maduros son especialmente adecuados para preparar bizcochos, tortitas, galletas, helados caseros o batidos. Su mayor dulzor permite incluso reducir la cantidad de azúcar de algunas recetas.

Otra alternativa consiste en pelarlos, cortarlos en rodajas y congelarlos dentro de un recipiente hermético. De esta manera estarán listos para utilizarse más adelante en postres o bebidas frías.

Mantenerlos alejados del calor, evitar los golpes, separarlos de otras frutas y cubrir la corona con papel film son pequeños cuidados que pueden ayudar a que duren más durante el verano.