Publicada

Los tomates forman parte de la cesta de la compra de miles de hogares en España, pero también pertenecen a uno de los grupos de alimentos que más termina en la basura.

De hecho, las verduras y hortalizas representaron el 13,8 % de los productos comprados y desperdiciados sin utilizar en la mayoría de hogares españoles durante 2024, según un informe del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Evitar que se estropeen antes de tiempo es, por tanto, una cuestión que va más allá de ahorrarnos unos euros. En 2024, los españoles desperdiciaron 1.125 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas, pese a que la cifra supone un descenso del 4,4% respecto al año anterior.

Y precisamente el tomate plantea una de esas dudas recurrentes en cualquier cocina: ¿Dónde debemos guardarlo para conseguir que dure sin renunciar a su sabor?

Conchita Polo, la abuela cocinera zaragozana conocida por ser el alma detrás de la imagen de Maximiliana, tiene su propio truco. Y para ponerlo en práctica solo hacen falta una bolsa de papel y un ingrediente que prácticamente todos tenemos en la cocina.

"No hay que meterlos en la nevera"

La primera recomendación de la cocinera tiene que ver con la temperatura a la que habitualmente consumimos el tomate: "Cualquier tomate no hay que comerlo de la nevera, tiene que estar del tiempo. Pero claro, si los dejamos fuera se nos estropean enseguida. Entonces, hay un truco", explica Conchita en uno de sus vídeos compartidos en Instagram

La cuestión de la temperatura no es menor cuando hablamos del sabor del tomate. La ciencia lleva años estudiando los efectos que puede tener la refrigeración sobre los compuestos responsables de su aroma.

Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) observó que la exposición prolongada al frío reducía determinados compuestos volátiles relacionados con el sabor característico del tomate. Los investigadores comprobaron además mediante pruebas con consumidores que los tomates sometidos a refrigeración varios días recibían peores valoraciones de sabor.

Esto no significa que la nevera sea siempre un enemigo para conservar el tomate. El frío permite ralentizar procesos de deterioro y puede resultar útil para prolongar la conservación de un tomate que ya está maduro, especialmente cuando hace calor. Otra cuestión diferente es comerlo directamente frío y esperar que tenga las mismas cualidades.

El truco de la bolsa de papel y la cebolla

Para intentar mantener los tomates fuera del frigorífico durante más tiempo, Conchita propone un método muy sencillo.

"En una bolsa de papel se meten los tomates con media cebolla abierta y se cierra la bolsa. La cebolla suelta un producto que se llama sulfuro de alilo y eso hace que no proliferen las bacterias, que no salgan hongos y encima, absorbe la humedad. Los tomates así nos duran varios días sin meterlos en la nevera", asegura.

La idea de Conchita consiste, por tanto, en crear un pequeño espacio cerrado en el que guardar los tomates a temperatura ambiente junto a esa media cebolla.

Las cebollas contienen diferentes compuestos organosulfurados y algunos de estos compuestos han sido estudiados por sus propiedades antimicrobianas.

Conservar mejor para tirar menos

Alargar unos días la vida de frutas y hortalizas puede parecer un gesto pequeño, pero adquiere otra dimensión cuando se observan las cifras de desperdicio alimentario.

El 77,6% de los alimentos desperdiciados en los hogares españoles corresponden a productos que ni siquiera llegaron a utilizarse. Dentro de ellos, las frutas representan un 32,4% y las verduras y hortalizas otro 13,8%. En conjunto, los productos hortofrutícolas concentran prácticamente la mitad de este desperdicio

Precisamente por eso, saber cuándo recurrir al frigorífico, comprar únicamente la cantidad que vamos a consumir y vigilar el grado de maduración puede ayudar a evitar que tomates y otras hortalizas terminen en la basura.

Y para quienes prefieran alargar la vida del tomate fuera de la nevera y con todas sus propiedades y su sabor, Conchita Polo propone recurrir a ese sencillo truco de cocina de toda la vida.