Encontrar trabajo sigue siendo uno de los principales retos para los jóvenes en España. Aunque el mercado laboral ha mejorado en los últimos años, alrededor de 460.000 menores de 25 años seguían en situación de desempleo al cierre del segundo trimestre de 2026, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA).
Las dificultades no responden a una única causa. España mantiene un problema de sobrecualificación, con muchos jóvenes que cuentan con estudios universitarios pero no encuentran puestos relacionados con su formación, mientras que al mismo tiempo persisten bolsas de abandono educativo temprano, unos salarios que en algunos casos no compensan las exigencias del puesto o unas condiciones laborales que pueden resultar poco atractivas.
Por eso, mientras durante generaciones estuvo muy extendida la idea de que había que conservar un trabajo casi a cualquier precio, cada vez es más habitual que algunos jóvenes se planteen si las condiciones de un empleo justifican permanecer en él. Es el caso de Paula, una joven de 23 años que decidió no volver a su puesto después de completar únicamente su primera jornada.
Un primer empleo que duró apenas un día
Encontrar una oportunidad laboral puede convertirse en un proceso largo para una persona joven, especialmente cuando todavía no cuenta con experiencia suficiente para que las empresas la incorporen a sus plantillas.
De hecho, en el segundo trimestre de 2026 aumentó en 53.400 personas el número de desempleados que buscaban su primer empleo, hasta situarse en unas 309.000 personas.
Por eso, conseguir finalmente un puesto no siempre supone el final del problema. La incorporación al mercado laboral también implica descubrir cómo son realmente las tareas, el ambiente, los horarios y las condiciones de un empleo que, durante el proceso de selección, puede haberse percibido de una manera diferente.
Es precisamente lo que le ha ocurrido a Paula, una joven de 23 años que ha contado su experiencia en redes sociales. A través de su cuenta (@paula.lap) explicó que había decidido abandonar un trabajo después de completar su primera jornada.
"Hermanas, he durado un día en el trabajo. He durado un día en el trabajo por voluntad propia. A mí nadie me ha echado de ningún lado", explica la joven al comenzar su relato.
Su historia refleja una situación que puede resultar especialmente difícil para quien lleva tiempo buscando empleo. Después de dedicar semanas o meses a enviar currículos, acudir a entrevistas y esperar una oportunidad, recibir finalmente una respuesta positiva puede generar alivio.
El problema aparece cuando la realidad del puesto no coincide con las expectativas y surge la duda de si merece la pena aceptar unas condiciones que no convencen.
"Os prometo que sentí una mezcla de emociones. De estar tanto tiempo buscando trabajo, por fin tienes el trabajo y cuando te lo dan ves que no te gusta, dices... '¿qué hago?", relata.
A partir de ahí apareció una decisión que muchos trabajadores, especialmente quienes todavía están comenzando su trayectoria profesional, pueden encontrarse en algún momento: continuar en un puesto que genera rechazo o volver al punto de partida y seguir buscando otra oportunidad.
Paula asegura que optó por la segunda alternativa y que no considera que empezar de nuevo sea necesariamente un fracaso. "¿Me quedo aquí pasándolo mal o empiezo otra vez de cero? Cariño, el claro ejemplo de que empiezo desde cero las veces que haga falta", afirma.
La diferencia está en que ella podía permitirse tomar esa decisión sin que, según su propio relato, existiera una obligación que la llevara a permanecer en el puesto.
No todos los trabajadores tienen esa posibilidad. Para muchas personas, abandonar un empleo no es una opción sencilla porque necesitan los ingresos para pagar una vivienda, contribuir a la economía familiar o cubrir sus gastos diarios.
Por eso, el caso de Paula representa una elección personal y no una situación que pueda trasladarse automáticamente al conjunto de los jóvenes.
El horario, uno de los puntos que más le hizo replantearse el puesto
Durante su primera jornada, Paula comenzó a conocer de manera más concreta cómo sería su día a día en la empresa. Las explicaciones sobre las funciones y la dinámica del puesto hicieron que la joven se planteara si realmente quería dedicar una parte tan importante de su tiempo a ese trabajo.
Uno de los elementos que más peso tuvo en su decisión fue el horario. Según explica, se trataba de un empleo de 40 horas semanales, de lunes a sábado.
Para ella, aceptar ese calendario suponía asumir una parte importante de su semana en un lugar en el que ya había comprobado que no se sentía cómoda.
"¿Me voy a tener que quedar aquí en un puesto de lunes a sábado con contrato de 40 horas en un sitio que no me gusta?", plantea en su relato.
La cuestión que plantea, además, va más allá de un horario concreto. El trabajo ocupa una parte considerable de la vida adulta y, cuando una persona tiene una jornada completa, puede pasar ocho horas al día en su puesto durante buena parte de la semana.
A eso se suma el tiempo necesario para desplazarse, prepararse y volver a casa, de manera que las condiciones de un empleo terminan afectando también a la organización del resto de la vida cotidiana.
Para una persona que todavía está empezando su carrera profesional, esa realidad puede generar un conflicto entre dos necesidades.
Por un lado, está la importancia de conseguir experiencia y comenzar a construir un currículum. Por otro, aparece la necesidad de encontrar un empleo cuyas condiciones sean asumibles y que permita mantener una vida fuera del trabajo.
Paula reconoce además que su trayectoria laboral todavía es corta. "Tengo 23 años, he trabajado bien poquito todavía", explica.
Precisamente por su edad, considera que tiene margen para seguir buscando y probar otras alternativas antes de aceptar permanecer en un puesto en el que no se ve a largo plazo.
Los comentarios del vídeo, sin embargo, no opinan lo mismo que Paula. "No es que no tengas obligación, es que no tienes necesidad", dice un usuario.
