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Septiembre ya está aquí y, con la vuelta a la rutina, toca hacer el cambio de armario. Hay que guardar las prendas veraniegas, ya limpias, para dar la bienvenida a otras de temporada —aunque parece que el calor se resiste a abandonarnos—.

Le decimos adiós a bañadores y bikinis, pero antes de guardarlos en bolsas o cajas, debemos someterlas a un proceso correcto de lavado. A menudo cometemos el error de meterlos en la lavadora con un ciclo corto o simplemente aclararlos bajo la ducha antes de decirles adiós hasta el año que viene.

Para evitar que en 2027, al sacarlos, comprobemos que la goma o los elásticos se hayan vuelto rígidos o quebradizos, que amarilleen o que tengan un olor a humedad, 'La Ordenatriz' da su consejo semanal.

Respondiendo a la pregunta de una de las lectoras, la experta en orden y limpieza se pone manos a la obra. Eliminar cualquier resto de arena, cloro o sal es la tarea principal. ¿La solución? Un remojo efervescente y un secado óptimo.

Bañadores, a remojo. iStock

El paso a paso

Empezamos preparando la mezcla mágica: agua, 250 ml de vinagre blanco y una buena cucharada de bicarbonato en un barreño. Estos tres ingredientes producen una pequeña reacción química, provocada por la liberación de dióxido de carbono.

Metemos las prendas de baño y dejamos actuar una hora. No hace falta frotar enérgicamente, a no ser que tengan manchas resistentes que lo hagan necesario. Sólo esperar a que la espuma penetre en los tejidos y vaya desincrustando la suciedad que se ha quedado atrapada.

Pasado ese tiempo, las sacamos y escurrimos levemente, antes de enjuagarlas directamente debajo del grifo. Es fundamental eliminar cualquier traza de la mezcla para evitar que queden cercos blancos o acidez en la tela.

Para finalizar el proceso, eliminamos la humedad presionando pero sin retorcer los bañadores para no deformarlos o romper los hilos de elastano. Tiéndelos del revés y siempre a la sombra, porque el sol directo es el peor enemigo del color.

Con este sencillo truco, las prendas de baño se mantendrán en óptimas condiciones hasta el siguiente verano. Recuerda que lo mejor para guardarlas es escoger bolsas de tela o algodón o directamente en cajas de cartón.

Los materiales con los que están confeccionadas necesitan 'respirar'. Por eso, los envases de plástico nunca son una buena opción, porque atrapa la humedad, genera moho y pudre las gomas.

Elige un lugar seco, fresco y oscuro dentro de un armario, un cajón o el canapé de la cama.