Hay trabajos que no se pueden categorizar solo a través de una nómina. Begoña lo sabe bien después de más de tres décadas al volante de un camión. Cobra alrededor de 3.000 euros al mes, pero rechaza que eso convierta automáticamente su profesión en un empleo "bien pagado".
La razón está en todo lo que hay detrás: horas de conducción, descansos obligatorios, noches fuera de casa, planificación constante y una vida personal que durante años tuvo que aprender a encajar alrededor de la carretera.
Begoña lleva 31 años dedicada al transporte y ha contado parte de su experiencia en el podcast Rutas de Éxito. Antes de ponerse ella misma al volante, pasó seis años acompañando a su marido en la cabina porque el mundo del camión ya le atraía.
Fue, como recuerda, una forma de conocer los "últimos coletazos de la antigua vida del camión", una etapa muy distinta a la actual, tanto por las condiciones como por la presencia de mujeres en el sector.
Empezó de cero
Su entrada profesional llegó con el transporte comarcal de contenedores en el puerto de Valencia. No empezó como una experta, todo lo contrario. Ella misma reconoce que al principio ni siquiera dominaba bien algunas maniobras y que cada llegada a una fábrica se convertía casi en un acontecimiento.
"Yo llegaba a cualquier fábrica o almacén y, como era la primera mujer que veían con un camión, salía todo el mundo a verme", recuerda. En ese proceso tuvo un apoyo fundamental: su marido. Fue quien le enseñó buena parte del oficio y quien le ayudó a relativizar las opiniones de quienes dudaban de ella.
Cuando aparecían las críticas, él le repetía una frase sencilla: "Ellos saben menos que tú". La dificultad no estuvo solo en aprender a manejar un vehículo pesado. También tuvo que conseguir que el trabajo encajara con su familia.
Su hija, cuando tenía apenas cuatro años, decía que de mayor quería ser "camionera como mamá". La profesora pensaba que se refería al padre, pero la niña insistía en que no.
Máximo de 56 horas semanales
Una de las cuestiones sobre las que más suele hablar Begoña es el tiempo de conducción. La normativa limita de forma estricta cuánto puede permanecer un camionero al volante. La conducción diaria ordinaria no puede superar las nueve horas, aunque dos veces por semana puede ampliarse hasta las 10.
"En dos días podemos hacer 10 horas, pero a la semana no más de 56", explica. Además, después de cuatro horas y media de conducción continuada es obligatorio realizar una pausa de 45 minutos. Ese descanso puede hacerse seguido o dividirse en dos tramos: primero 15 minutos y después otros 30.
El reposo diario ordinario es de 11 horas, aunque puede reducirse a nueve hasta tres veces entre dos períodos de descanso semanal. También existe un límite bisemanal: en dos semanas consecutivas no se pueden superar las 90 horas de conducción.
A eso se suma el descanso semanal, que con carácter general es de 45 horas, aunque existen supuestos en los que puede reducirse a 24 horas, siempre dentro de las condiciones que establece la normativa.
Muchas horas detrás
Begoña asegura que su nómina ronda los 3.000 euros mensuales. A primera vista puede parecer una cifra elevada, pero ella insiste en que debe analizarse junto al tiempo que exige el trabajo.
No se trata únicamente de las horas efectivas al volante. También hay esperas, cargas, descargas, desplazamientos, descansos lejos de casa y jornadas condicionadas por horarios de almacenes, empresas y clientes.
Por eso rechaza que se hable de un salario alto sin tener en cuenta todo lo que implica conseguirlo. Después de 31 años, tampoco reniega de la elección que hizo. Al contrario, continúa defendiendo un oficio que durante mucho tiempo estuvo identificado casi exclusivamente con hombres y que ella aprendió a ejercer cuando todavía llamaba la atención verla bajar de la cabina.
