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El pan sigue siendo uno de los alimentos más presentes en los hogares españoles. Sin embargo, detrás de cada barra recién hecha hay un oficio que cada vez encuentra más dificultades para incorporar nuevos trabajadores.

La falta de relevo generacional afecta a numerosos trabajos tradicionales y la panadería no es una excepción. Los horarios de madrugada y la necesidad de contar con personal especializado complican la contratación en muchos obradores.

Es la situación que atraviesa Marimar de Miguel, responsable de una panadería de Burgos. Después de intentar ampliar la plantilla sin éxito, ha terminado tomando una decisión que afecta directamente al funcionamiento del negocio.

"Pagamos 1.600 € y nadie quiere madrugar para hacer pan", lamenta la panadera, que finalmente ha optado por cerrar el establecimiento los domingos.

Un oficio con horarios exigentes

Trabajar como panadero implica comenzar la jornada mucho antes que en la mayoría de las profesiones. En numerosos obradores, la elaboración empieza durante la noche o de madrugada para que el producto pueda estar preparado a primera hora.

A los horarios se suma la necesidad de dominar procesos que requieren experiencia, desde el amasado y la fermentación hasta el control de los tiempos y las temperaturas de cocción.

Estas condiciones hacen que encontrar trabajadores dispuestos a incorporarse al sector resulte complicado para algunos negocios, especialmente cuando se trata de pequeños establecimientos artesanales.

La situación también plantea un problema de continuidad. Cuando los profesionales con más experiencia se jubilan y no existen trabajadores que ocupen su lugar, mantener la actividad puede convertirse en un desafío.

Más de 72 años de historia

Marimar regenta junto a su hija Carla la panadería Villímar, en Burgos, un negocio con más de 72 años de trayectoria dedicado a la elaboración de pan en horno de leña.

Ambas buscaban una persona que pudiera trabajar durante la madrugada de los domingos. Sin embargo, después de varios intentos para cubrir ese turno, decidieron dejar de buscar y reorganizar el funcionamiento de la panadería.

"Hoy en día la mano de obra se cansa rápido", asegura Marimar, que reconoce las dificultades que están teniendo para encontrar personal.

La falta de trabajadores ha terminado provocando una decisión que inicialmente querían evitar: cerrar los domingos para poder mantener el resto de la actividad.

"Nos da rabia quedarnos sin obreros, por eso hemos decidido cerrar los domingos. Habrá que coger un poco de las nuevas generaciones y un poco de las viejas. Cerramos los domingos y seguimos adelante", explica.

Pese a las dificultades, Marimar insiste en que quieren continuar cuidando el producto y a quienes compran habitualmente en el establecimiento. "Sin los clientes no podríamos vivir", recuerda.

Falta de relevo generacional

El caso de esta panadería refleja uno de los problemas que afrontan algunos oficios tradicionales: conseguir trabajadores que permitan mantener la actividad cuando se retiran las generaciones anteriores.

La construcción, la agricultura, el transporte o determinados trabajos artesanales también han advertido en los últimos años de dificultades para cubrir algunas vacantes.

En la panadería, además, los horarios pueden convertirse en una barrera añadida. Producir pan artesanal exige comenzar a trabajar cuando buena parte de la población todavía duerme.

Para negocios familiares como el de Marimar, no encontrar personal no significa únicamente asumir más carga de trabajo. En algunos casos obliga a reducir horarios, cerrar determinados días o limitar la producción.

Una situación que pone de manifiesto el reto al que se enfrentan muchos pequeños negocios: conseguir que profesiones con décadas de historia continúen teniendo trabajadores dispuestos a aprenderlas y ejercerlas.