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El transporte por carretera es una profesión marcada por las largas jornadas y por un ritmo de trabajo que no siempre encaja con los horarios habituales. Pasar muchas horas al volante, recorrer grandes distancias y adaptarse a las exigencias de cada ruta forma parte del día a día de miles de conductores.

Ese ritmo tiene consecuencias todavía más visibles cuando el trabajo se cruza con la vida familiar. Tener hijos, organizar los horarios de casa o simplemente disponer de tiempo para estar con los tuyos puede convertirse en un desafío cuando la jornada se alarga y buena parte del día transcurre lejos del domicilio.

Sheila Guitián lleva 23 años viviendo esa realidad. A sus 47 años, la transportista asturiana hace alrededor de 150.000 kilómetros al año y ha llegado a trabajar jornadas de hasta 15 horas. Una trayectoria que le ha permitido conocer las ventajas de un oficio que valora por su independencia, pero también el coste personal que puede tener.

De acompañar a su marido a hacer del camión su profesión

La historia de Sheila con el transporte comenzó cuando tenía 24 años y todavía estaba vinculada a otro ámbito profesional.

Había estudiado Educación Primaria, pero su trayectoria tomó un rumbo completamente distinto cuando decidió sacarse el carné de camión para acompañar a su marido en sus viajes de larga distancia.

"Al principio iba con él para ayudarle en los viajes", recuerda en una entrevista para La Nueva España. La decisión no respondía entonces a un cambio de profesión planificado, sino a una necesidad familiar y laboral.

Sin embargo, aquella primera experiencia terminó abriendo una puerta que acabaría convirtiéndose en su forma de vida.

El punto de inflexión llegó cuando su marido enfermó y Sheila tuvo que asumir por su cuenta la conducción. Lo que hasta entonces había sido una tarea compartida pasó a depender de ella y, con el tiempo, dejó de ser algo circunstancial para convertirse en una profesión.

Cuando su marido se recuperó, ambos decidieron dar un paso más y ampliar el negocio familiar. Compraron un segundo camión y comenzaron a trabajar por su cuenta como autónomos.

Desde entonces, Sheila ha acumulado más de 23 años de experiencia en carretera, suficientes para conocer tanto las ventajas como las dificultades de un oficio que, según explica, no se puede entender únicamente desde el asiento del conductor.

Durante este tiempo ha llegado a recorrer alrededor de 150.000 kilómetros al año, una cifra que da una idea de la dimensión de su actividad y que se traduce en muchas horas dentro de la cabina, donde puede llegar a pasar desde 12 hasta 15 horas, dependiendo de las circunstancias de cada ruta.

Imagen de ilustración. iStock.

La duración de esos días es precisamente una de las cuestiones que más pesan cuando el trabajo se combina con una familia. Sheila tiene dos hijos y reconoce que compatibilizar ambas partes de su vida no siempre ha sido sencillo.

Cuando eran pequeños, necesitó recurrir a su entorno más cercano para poder continuar trabajando. "Tenía que apoyarme en mi familia. Mi hermano se quedaba con ellos muchas veces porque yo no podía", explica.

La ayuda familiar se convirtió así en una pieza importante para hacer posible una profesión que no siempre permite ajustar los horarios a las necesidades de casa.

Sin embargo, la dificultad no está únicamente en pasar muchas horas conduciendo. El transporte por carretera exige adaptarse a horarios, rutas y necesidades que pueden cambiar durante la jornada, mientras que la vida familiar necesita precisamente lo contrario: cierta previsibilidad y presencia.

Por eso, Sheila no oculta la parte menos amable de su trabajo. "Son muchas horas y eso se nota mucho en la familia", afirma. Y su experiencia le lleva a advertir a quienes estén pensando en entrar en el sector de que deben tener claro lo que implica antes de ponerse al volante.

"Si tienes familia, lo vas a notar mucho", señala la camionera al medio citado.

A pesar de ello, después de tantos años sigue encontrando motivos para continuar, como la independencia que le proporciona la carretera.

Frente a trabajos en los que el contacto constante con clientes, compañeros o público forma parte de la jornada, Sheila valora especialmente poder desarrollar buena parte de su actividad sola.

"Lo que más me gusta es que voy a mi aire, en la cabina, sin estar cara al público", explica. Para ella, esa autonomía compensa parte de las exigencias del oficio y es uno de los elementos que más ha valorado durante su trayectoria.

El camión se convierte de esta manera en un espacio de trabajo en el que puede organizar buena parte de su día sin la exposición que tienen otras profesiones.

La relación con la carretera y la sensación de independencia son, en su caso, dos de los aspectos que han hecho que siga vinculada al transporte después de más de dos décadas.

Pero esa libertad también tiene un límite muy concreto: las condiciones que encuentra cuando tiene que detenerse durante una ruta. Sheila apunta especialmente a las áreas de servicio, que considera que no siempre están preparadas para las necesidades de quienes trabajan durante tantas horas en carretera.

Cada vez más mujeres

Sheila también ha vivido desde dentro la evolución de la presencia femenina en el transporte. A diferencia de lo que podría pensarse por tratarse de un sector tradicionalmente asociado a los hombres, asegura que en su experiencia profesional no ha encontrado un trato diferente por ser mujer.

"He trabajado en empresas como Asturmovil o Panero y siempre me han tratado de igual a igual. Me han ayudado cuando lo he necesitado y yo también lo he hecho", afirma.

Su percepción cambia, sin embargo, cuando sale del entorno estrictamente laboral. En la carretera o en los lugares relacionados con su trabajo, conducir un camión forma parte de su normalidad.

No obstante, para algunas personas que se encuentran con ella desde fuera, todavía puede resultar llamativo ver a una mujer al volante de un vehículo pesado. "Una vez una chica me aplaudió cuando bajé del camión. Me quedé un poco desconcertada, porque para mí es un trabajo normal", cuenta.

Para Sheila, precisamente ahí está una de las claves de la evolución del sector. La presencia de mujeres ya no resulta tan excepcional como hace años y cada vez es más habitual encontrarlas conduciendo vehículos pesados.

"Cada vez hay más mujeres. Antes éramos muchas menos, pero ahora se nota el cambio", asegura.

Eso no significa que el trabajo resulte sencillo. La exigencia física y, sobre todo, horaria continúa siendo uno de los principales desafíos. La carretera puede ofrecer autonomía, pero también reclama una disponibilidad que condiciona la vida fuera del camión.