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El campo en España depende cada vez más de la mano de obra extranjera. Más de 270.000 trabajadores migrantes cotizan actualmente en actividades relacionadas con la agricultura, la ganadería y la pesca, convirtiéndose en una pieza fundamental para sacar adelante numerosas campañas.

Su presencia es especialmente importante en provincias con una fuerte actividad agrícola como Almería, Huelva o Murcia, donde cada temporada se necesitan miles de trabajadores para recoger frutas y hortalizas, cuidar las plantaciones o preparar los cultivos.

Dentro de esta realidad, las mujeres migrantes también ocupan un lugar importante. Muchas encuentran en el campo una de sus primeras oportunidades laborales al llegar a España y participan en campañas agrícolas que cambian dependiendo del producto y de la época del año.

Este es el caso de Luisa, una mujer hondureña que vive en Jumilla (Murcia) junto a su pareja y sus dos hijos. Llegó a España hace cinco años y desde hace cuatro trabaja en diferentes tareas agrícolas.

Su historia la ha contado en uno de los episodios de Quique Vasquez Historias de Migrantes en YouTube, durante una jornada en una plantación de melocotoneros en Murcia donde trabajan alrededor de siete personas procedentes de Latinoamérica. "A España llegué hace cinco años y llevo trabajando en el campo 4. Nosotros vinimos por unos amigos que nos habían dicho que en el campo había mucho trabajo", explica sobre los motivos que llevaron a su familia a instalarse en España.

Un trabajo que cambia cada temporada

Trabajar en el campo significa adaptarse continuamente al calendario agrícola. No siempre se recoge el mismo producto ni se realizan las mismas tareas y, según explica Luisa, su trabajo va cambiando a medida que avanzan los meses.

"Hacemos de todo un poco, sacamos hierba, fruta, viña, todo eso es temporal. Ahora mismo estamos en la temporada de podar los árboles, de regar, sacar la hierba...", cuenta.

Los primeros meses fueron especialmente exigentes. Además de aprender un trabajo nuevo, tuvo que acostumbrarse a pasar buena parte de la jornada al aire libre y a unas temperaturas muy diferentes a las que conocía.

Cuánto gana trabajando en el campo

Sus jornadas suelen durar entre seis y siete horas y los ingresos dependen también de los días trabajados. "Normalmente estamos 6 o 7 horas trabajando. Si trabajas de lunes a sábado ganas unos 1.300 o 1.400 por ahí".

Una cantidad que también explica, en parte, por qué Luisa prefiere vivir en un municipio como Jumilla frente a trasladarse a una gran ciudad. El coste de la vivienda es uno de los gastos en los que más nota esa diferencia.

"En estos pueblos es más barato temas como el alquiler. En un piso en Jumilla el más caro y con unas 4 habitaciones vale 450 euros, también los hay de 250 euros incluso", explica sobre los precios que encuentra en la localidad.

Para una familia de cuatro miembros, poder mantener contenido uno de los principales gastos mensuales supone una diferencia importante. Luisa vive allí con sus dos hijos y su pareja, que también trabaja en el campo.

Después de cinco años en España, su experiencia refleja la realidad de muchos trabajadores migrantes que han encontrado en las zonas rurales una oportunidad para empezar de nuevo. En su caso, el campo se ha convertido no solo en su trabajo, sino también en la actividad con la que ha conseguido construir una nueva vida junto a su familia.

"Al principio fue muy difícil porque no estaba acostumbrada a trabajar en el campo y a soportar el calor y el frío de aquí", reconoce.

Aunque existen otras oportunidades laborales en la zona, como almacenes o fábricas, Luisa explica que para muchas personas recién llegadas encontrar empleo en el sector agrícola puede resultar más accesible.

"Hay otros trabajos en almacenes y fábricas, pero de primeras lo más fácil para nosotros es el campo. La verdad que me gusta más trabajar en el campo, es más entretenido".