Cambiar de país implica mucho más que hacer las maletas. Para miles de migrantes, también supone dejar atrás la profesión para la que estudiaron durante años y empezar de cero en sectores completamente distintos.
La falta de oportunidades, los bajos salarios y las dificultades económicas empujan a muchos trabajadores cualificados a buscar una nueva vida fuera de sus países. En ese proceso, no siempre pueden ejercer la profesión para la que se formaron, aunque logran acceder a unas condiciones laborales y económicas más favorables.
Es el caso de Sandra Ruiz, una venezolana de 35 años que dejó atrás su carrera como ingeniera para reinventarse en España. Tras dos procesos migratorios y varios años de dificultades, hoy trabaja como camionera en el puerto de Valencia y puede alcanzar unos ingresos que eran impensables para ella en su país de origen.
De ingeniera ferroviaria a camionera en el puerto de Valencia
La historia de Sandra Ruiz refleja con claridad una realidad compartida por miles de migrantes que han tenido que reinventarse profesionalmente para construir una nueva vida lejos de casa.
A sus 35 años, la venezolana acumula dos procesos migratorios, varios cambios de profesión y una capacidad de adaptación que la ha llevado desde la dirección de una estación ferroviaria en Venezuela hasta la conducción de camiones en el puerto de Valencia, cuenta en el canal Rutas de Éxito.
Su salida de Venezuela se produjo en 2017, un año marcado por una profunda crisis política, social y económica. La escasez de productos básicos, la pérdida del poder adquisitivo y la creciente inestabilidad llevaron a millones de ciudadanos a buscar oportunidades fuera del país.
A esta situación se sumaba otro problema que afectaba incluso a quienes contaban con estudios superiores y empleos de responsabilidad: los bajos salarios.
Durante años, numerosos profesionales venezolanos vieron cómo la crisis económica reducía drásticamente su poder adquisitivo, hasta el punto de que trabajos altamente cualificados apenas permitían cubrir las necesidades más básicas.
Sandra, pese a ser ingeniera y ocupar un cargo de responsabilidad dentro de la administración pública, su salario apenas alcanzaba los cinco dólares mensuales, una cifra que al cambio equivalía a poco más de cuatro euros.
Sandra, camionera, en el canal de YouTube Rutas de Éxito.
Aquella realidad le obligó a replantearse su futuro. Como ocurre con muchos migrantes, la decisión de marcharse no estuvo motivada únicamente por la búsqueda de un empleo mejor pagado, sino por la necesidad de encontrar un entorno donde el esfuerzo profesional tuviera una recompensa.
Su primer destino fue República Dominicana, donde permaneció durante dos años intentando abrirse camino laboralmente; sin embargo, la experiencia tampoco cumplió las expectativas que había depositado en ella.
Aunque había logrado salir de Venezuela, seguía sin encontrar estabilidad económica ni oportunidades para desarrollar su carrera profesional. Según relata, la mayoría de los trabajos que encontró se realizaban sin contrato y los pagos se efectuaban en efectivo.
La ausencia de protección laboral y la dificultad para acceder a empleos cualificados le hicieron comprender que seguía atrapada en una dinámica de supervivencia diaria.
Durante ese periodo comenzó a hablar con otras venezolanas que ya se habían instalado en España. Más allá de las diferencias salariales, lo que más le llamó la atención fue la percepción de estabilidad y tranquilidad que describían quienes ya residían en territorio español.
Con esa idea en mente decidió reunir recursos y emprender un nuevo viaje. Llegó a España hace aproximadamente seis años sin una hoja de ruta clara sobre cómo reconstruir su carrera profesional.
Como sucede con muchos recién llegados, tuvo que aceptar cualquier oportunidad laboral que pudiera ayudarle a mantenerse. Buscó empleo en el sector de los cuidados, en tareas de limpieza y en otros trabajos alejados de la ingeniería.
"Busqué para cuidados, para limpiar, que nunca había limpiado nada en mi vida... y había traído mi maquinaria de cosmetología, que trabajé de eso", explicó la venezolana.
Sin embargo, poco después llegó la pandemia. Los planes de Sandra se vieron alterados de forma repentina y durante aquellos meses tuvo que sobrevivir con unos 500 euros al mes, que debía destinar al alquiler de la habitación, alimentación y gastos básicos.
Su situación comenzó a cambiar cuando obtuvo la residencia y pudo acceder al mercado laboral con mayor estabilidad. Ese paso marcó un antes y un después porque amplió considerablemente sus posibilidades de empleo y le permitió plantearse nuevas alternativas profesionales.
Fue entonces cuando apareció la oportunidad de incorporarse al transporte por carretera. Tras trasladarse a Valencia, conoció un sector que atraviesa desde hace años una importante falta de conductores y donde muchas empresas tienen dificultades para cubrir vacantes.
Las dificultades y las ventajas del sector
La transición no fue sencilla. Además de enfrentarse a una profesión completamente nueva, también tuvo que abrirse camino en un entorno tradicionalmente masculino.
Las mujeres siguen siendo minoría dentro del transporte de mercancías por carretera, aunque su presencia crece de forma gradual impulsada por la necesidad de mano de obra y por una mayor apertura del sector.
A ello se suma la exigencia física y mental del trabajo. La propia Sandra reconoce que las jornadas pueden prolongarse durante muchas horas y que no se trata de una ocupación atractiva para todo el mundo.
La responsabilidad de la conducción, los horarios y el tiempo que se pasa lejos de casa son algunos de los factores que explican la escasez de profesionales.
Pese a estas dificultades, el transporte ofrece unas condiciones económicas que resultan muy competitivas en comparación con otros empleos accesibles para trabajadores sin experiencia previa en el sector.
Según explica la camionera, quienes realizan rutas regionales suelen percibir salarios que oscilan entre los 1.800 y los 2.200 euros mensuales.
En el transporte nacional las cifras pueden ser todavía más elevadas. Los ingresos dependen del tipo de ruta, las horas trabajadas y la disponibilidad para pasar tiempo fuera del domicilio, pero asegura haber conocido compañeros que perciben entre 2.100 y más de 3.000 euros al mes.
