Adoptar un cachorro es una decisión que muchas familias toman con la ilusión de darle un hogar y comenzar una nueva etapa junto a un animal de compañía. Cada año, miles de perros y gatos encuentran una familia a través de protectoras, asociaciones o criadores autorizados, aunque no siempre se conocen las normas que regulan este proceso.
La legislación española ha reforzado en los últimos años la protección de los animales de compañía con nuevas obligaciones para propietarios, criadores y centros de protección. Entre ellas figura una medida que pasa desapercibida para muchos ciudadanos, pero que afecta directamente a la edad mínima con la que un cachorro puede abandonar a su madre.
La Ley de Bienestar Animal establece que ningún perro o gato puede ser entregado, vendido o dado en adopción antes de cumplir las ocho semanas de vida, salvo en situaciones muy concretas justificadas por motivos veterinarios.
Por qué la ley fija los dos meses como edad mínima
La prohibición está recogida en la Ley 7/2023, de 28 de marzo, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, conocida popularmente como Ley de Bienestar Animal.
En concreto, la norma establece que las crías de perros y gatos no pueden separarse de sus madres antes de cumplir los dos meses de edad, una medida que afecta tanto a particulares como a criadores registrados y centros de protección animal.
El objetivo es evitar que los animales sean separados de forma prematura, una práctica que durante años fue relativamente habitual en camadas no deseadas o en determinados canales de venta, pero que puede tener consecuencias importantes para su salud y su comportamiento.
Durante las primeras semanas de vida, los cachorros atraviesan una de las etapas más importantes de su desarrollo, en la que la presencia de la madre y de sus hermanos resulta determinante para aprender conductas que les acompañarán durante toda su vida.
Entre la tercera y la duodécima semana se produce el denominado periodo de socialización. En esos días, el cachorro comienza a descubrir cómo relacionarse con otros perros y aprende a interpretar señales que serán esenciales cuando sea adulto.
La convivencia diaria con su madre y con el resto de la camada le permite comprender cuándo debe detener el juego, cómo controlar la intensidad de la mordida o cómo comunicarse correctamente mediante el lenguaje corporal.
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Esa enseñanza no puede sustituirse completamente por la convivencia con personas. La madre corrige determinados comportamientos de manera natural y los hermanos también participan en ese aprendizaje mediante el juego.
Cuando un cachorro abandona la camada demasiado pronto, pierde una parte esencial de esa educación temprana y aumenta el riesgo de desarrollar dificultades para relacionarse con otros animales en el futuro.
Además del aprendizaje social, las primeras ocho semanas son decisivas para el desarrollo del sistema inmunitario. Aunque el proceso de destete comienza progresivamente alrededor del primer mes de vida, la leche materna continúa aportando anticuerpos e inmunoglobulinas que ayudan al cachorro a protegerse frente a enfermedades mientras su organismo termina de madurar.
Una separación prematura también puede provocar un cambio brusco en la alimentación. Si el animal deja de recibir la leche materna antes de tiempo, puede sufrir alteraciones digestivas, estrés fisiológico o una mayor vulnerabilidad frente a determinadas infecciones, especialmente durante las primeras semanas de vida.
Los especialistas en etología, la disciplina que estudia el comportamiento animal, también advierten de que la separación temprana puede aumentar la probabilidad de que aparezcan determinados problemas de conducta cuando el perro alcance la edad adulta.
Entre ellos se encuentran la ansiedad por separación, los miedos intensos frente a ruidos o situaciones desconocidas, así como una mayor reactividad o la ya comentada dificultad para interactuar con otros perros debido a una socialización incompleta.
Precisamente por ello, la ley pretende garantizar que todos los cachorros completen esa etapa crítica junto a su madre antes de incorporarse a un nuevo hogar. El objetivo no es retrasar innecesariamente la adopción, sino favorecer que el animal llegue a su familia con un desarrollo físico y emocional mucho más sólido.
No obstante, la normativa contempla situaciones excepcionales en las que esa separación anticipada puede ser necesaria. La ley permite retirar al cachorro antes de las ocho semanas únicamente cuando exista una causa relacionada con la salud o el bienestar del propio animal o de la madre.
Es el caso, por ejemplo, de una enfermedad infectocontagiosa, del fallecimiento de la madre, de un rechazo grave de la camada o de una situación de malnutrición que haga imprescindible la intervención.
En cualquiera de estos supuestos, la excepción debe estar respaldada por un informe veterinario que justifique la necesidad de separar al cachorro antes del plazo general fijado por la legislación.
No basta con la voluntad del propietario ni con el acuerdo entre particulares, ya que la decisión debe responder exclusivamente a criterios de bienestar animal.
El incumplimiento de esta obligación puede acarrear importantes consecuencias económicas. La Ley de Bienestar Animal considera infracción grave entregar, vender o dar en adopción un cachorro que no haya cumplido las ocho semanas de vida cuando no exista una causa veterinaria que lo justifique.
Las sanciones previstas para este tipo de infracciones oscilan entre los 10.001 y los 50.000 euros, dependiendo de las circunstancias de cada caso.
