Cada vez menos jóvenes se sienten atraídos por los oficios tradicionales, especialmente por trabajos tan exigentes como la agricultura o la ganadería. La mayoría prefiere empleos más estables, con horarios definidos y un sueldo fijo a final de mes.
Sin embargo, hay excepciones como Elena Burillo, una ganadera y agricultora de 26 años que, pese a la incertidumbre del campo y al esfuerzo diario que exige esta profesión, asegura estar feliz de haber apostado por una forma de vida que muchos jóvenes descartan.
La zaragozana explica que empieza a trabajar a las siete de la mañana y termina sobre las diez de la noche. Aun así, reconoce que puedes pasarte todo un año sin cobrar, una situación que no todo el mundo está dispuesto a asumir.
Durante años ni siquiera se planteó dedicarse al campo. Como muchas personas de su generación, creció escuchando los aspectos negativos de la agricultura y la ganadería, por lo que nunca estuvo entre sus planes de futuro.
Todo cambió tras una etapa de dudas y varios trabajos. Decidió volver a sus orígenes para hacerse cargo de su rebaño y de varias explotaciones agrícolas, una labor que compaginaba con sus estudios universitarios.
Su apuesta por el campo
Elena terminó sus estudios y comenzó a prepararse para ingresar en la Policía Nacional. Sin embargo, pronto descubrió que aquel camino no era para ella y empezó a trabajar en otros sectores. En su familia siempre hubo agricultura y ganadería, pero la habían alejado de seguir esa profesión.
La joven reconoce que estuvo bastante perdida durante varios años, hasta que a los 21 descubrió un grado superior de Vitivinicultura cerca de su pueblo y decidió matricularse. Aunque el mundo de la viña no terminó de convencerla, las prácticas que realizó en Burdeos le permitieron aprender a manejar maquinaria agrícola
A su regreso tuvo claro que quería dedicarse al campo. Fue entonces cuando empezó el grado de Ingeniería Agroalimentaria y del Medio Rural, al mismo tiempo que compró su primer rebaño.
Es plenamente consciente de que se trata de un sector muy exigente y que no está hecho para todo el mundo. Las dificultades son constantes y, para ella, la meteorología es uno de los mayores desafíos.
"Tú puedes haber trabajado muchísimo, haber invertido dinero y tiempo en un cultivo y que de repente no llueva en todo el verano y lo pierdas todo. O que te caiga una tormenta y se lo lleve", explica.
A esa incertidumbre se suma no saber si una máquina se averiará o cuál será el precio que recibirá por su producto cuando llegue el momento de venderlo.
A pesar de todo, Elena confiesa que siente una auténtica pasión por su trabajo. Valora especialmente ser su propia jefa y esforzarse para cumplir objetivos que son exclusivamente suyos.
Aunque reconoce que podría trabajar menos o evitar complicarse con determinados cultivos, tiene claro que quiere llegar lejos en el sector. Para ella no es un simple empleo, sino un proyecto de vida.
¿Es rentable el campo?
Sobre la rentabilidad del campo, Elena explica que todo depende del momento. Actualmente, asegura que la ganadería atraviesa una buena etapa porque "el precio del cordero está en máximos históricos".
La situación de la agricultura, en cambio, es distinta. Afirma que está "más ajustada", sobre todo por el incremento de costes como el gasóleo, que obliga a realizar un desembolso mucho mayor.
También recuerda que un agricultor puede ganar mucho dinero un año y no obtener beneficios al siguiente. Por eso considera fundamental saber gestionar esos altibajos económicos.
Esa es precisamente una de las razones por las que combina agricultura y ganadería: si una actividad atraviesa un mal momento, la otra puede compensar las pérdidas.
Cuando le preguntan por su sueldo y la estabilidad económica, responde que todo depende de la fase en la que se encuentre la explotación. Al principio, lo habitual es invertir mucho dinero en préstamos, maquinaria o ganado, y recuperar esa inversión poco a poco.
Los jóvenes y el campo
En su opinión, muchos jóvenes ni siquiera contemplan trabajar en el campo porque son sus propios padres quienes prefieren que busquen otra profesión. Consideran que es un trabajo duro, sin horarios y sin apenas días libres.
Aun así, Elena no es pesimista respecto al relevo generacional. Aunque reconoce que cada vez hay menos personas interesadas en el sector, asegura que en las ferias especializadas ve a muchos jóvenes y cree que las redes sociales están ayudando a mostrar una imagen más real y atractiva del campo.
Eso sí, también advierte de que muchos pequeños agricultores y ganaderos acabarán desapareciendo. "Los fondos de inversión están comprando terrenos y eso es un problema", afirma. A ello se suma que "el modelo es cada vez más intensivo y las pequeñas explotaciones lo tienen cada vez más difícil".
