Paula Nuévalos vive es agricultora y autónoma y vive en Utiel, una localidad del interior de Valencia estrechamente ligada a la tradición vitivinícola. Aunque comenzó estudiando Ingeniería Mecánica y durante un tiempo imaginó su futuro profesional trabajando en grandes empresas, su relación con el campo venía de mucho antes.
La agricultura formaba parte de su entorno familiar y tras el fallecimiento de su padre, regresó a Utiel para hacerse cargo de los viñedos de la familia. Un cambio de rumbo que terminó convirtiendo el campo en su profesión y en un trabajo que asegura disfrutar.
Bajo el nombre de @agropauli, comparte en Instagram parte de su día a día como agricultora. Entre viñedos, maquinaria y tareas propias de la explotación, muestra una forma de vida que cada vez despierta más interés en redes sociales y acerca la realidad del sector primario a quienes apenas tienen contacto con él.
En varios de sus vídeos, Nuévalos va un poco más allá de su rutina y aprovecha también para compartir su visión sobre lo que para ella supone trabajar como agricultora y autónoma. Un trabajo que también tiene aspectos positivos para la creadora de contenido que, según considera, quedan muchas veces en segundo plano cuando se habla del sector.
"Soy agricultora autónoma y estoy cansada de que solo se hable de lo malo. No tengo techo en lo que puedo ganar", afirma. Una de las ventajas que Nuévalos encuentra en trabajar por cuenta propia es precisamente la posibilidad de hacer crecer su actividad sin estar vinculada a una nómina fija.
"A diferencia de un empleo tradicional con una remuneración determinada, el autónomo puede tomar decisiones, aumentar su actividad y buscar nuevas oportunidades", asegura.
Esa libertad también implica asumir riesgos y responsabilidades. Sin embargo, desde su experiencia, considera que trabajar por cuenta propia ofrece un mayor margen para decidir hacia dónde dirigir el negocio, probar nuevas vías y buscar oportunidades para aumentar los ingresos.
Otro de los aspectos que destaca es todo lo que ha tenido que aprender desde que se puso al frente de la explotación. Ser agricultora no implica únicamente trabajar la tierra: también requiere cuentas, organizar la producción, conocer nuevas tecnologías y tomar decisiones sobre la venta de los productos.
En ese proceso, asegura, con cierta ironía, haber desarrollado una mayor capacidad para adaptarse a los problemas que van apareciendo. Una realidad especialmente presente en una actividad como la agricultura, donde muchas decisiones deben tomarse en función de circunstancias que pueden cambiar rápidamente.
La libertad de organizar su propio trabajo
La capacidad para gestionar su tiempo y tomar sus propias decisiones es otro de los aspectos que más valora de trabajar como autónoma. Para Nuévalos, esa independencia puede pasar desapercibida precisamente cuando se convierte en algo cotidiano.
Un recordatorio con el que esta agricultora busca aportar otra perspectiva a la conversación sobre el campo. Sin negar las dificultades existentes, muestra los aspectos que ella valora de trabajar por cuenta propia y las posibilidades de crecimiento que encuentra en su explotación.
Y es que la realidad económica de la agricultura depende de numerosos factores. El clima, el precio al que se venden los productos, el tamaño y el tipo de explotación o el incremento de los costes pueden hacer que los ingresos cambien considerablemente de un año a otro.
En España, las estimaciones sitúan los ingresos medios de los agricultores autónomos alrededor de los 1.400 y 1.500 euros brutos mensuales, aunque se trata de una cifra orientativa que puede variar notablemente dependiendo de cada explotación.
A esos ingresos hay que descontar además gastos importantes para mantener la actividad, desde maquinaria y combustible agrícola hasta fertilizantes, reparaciones o mantenimiento. Unos costes que terminan condicionando el beneficio que queda realmente en manos del profesional.
En su caso, después de cambiar la ingeniería por los viñedos familiares, ha encontrado en el campo una forma de trabajar en la que valora especialmente la autonomía, el aprendizaje y la capacidad para decidir hacia dónde quiere llevar su actividad.
