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España sufrió, los pasados 30 y 31 de julio, la mayor crisis migratoria y fronteriza registrada en la historia del país en un solo episodio. El Ministerio del Interior estimó la entrada de entre 50.000 y 60.000 personas en apenas 48 horas a la ciudad de Ceuta, superando con creces la anterior gran crisis de mayo de 2021, en la que accedieron entre 8.000 y 10.000 personas.

A pesar de que la situación operativa se encuentra prácticamente corregida tras el retorno de más de 48.000 personas a Marruecos, el impacto psicológico en la población local dista mucho de haber desaparecido. Los ceutíes han atravesado episodios de incertidumbre y un clima de temor persistente continúa condicionando el día a día de sus calles y la rutina de sus habitantes.

La prueba más clara de esta parálisis emocional se refleja en el paisaje urbano: avenidas inusualmente desiertas y comercios completamente vacíos. Un drama invisible que golpea de lleno al tejido local y que encarna a la perfección la historia de Ángela, cuya terraza y comedor pasaron de estar completamente reservados a quedarse desiertos tras una ola masiva de cancelaciones motivada por el miedo a salir a la calle.

El miedo vacía las calles de Ceuta

El impacto de la crisis migratoria no solo se ha dejado sentir en el ámbito de la seguridad o la gestión fronteriza, sino que también ha golpeado de lleno a la economía local, especialmente a sectores que dependen del consumo diario y del turismo, como la hostelería, el comercio y los alojamientos.

Aunque la mayor parte de las personas que accedieron a Ceuta ya han sido retornadas a Marruecos, el temor continúa muy presente entre la población y eso se traduce en una ciudad con menos movimiento, reservas anuladas y negocios que, pese a poder abrir sus puertas, han optado por bajar la persiana ante la ausencia de clientes.

Uno de los testimonios que mejor refleja esta situación es el de Ángela, propietaria del restaurante Barlovento, situado en el puerto deportivo de Ceuta. La hostelera ha explicado que el miedo de los vecinos a salir de casa ha provocado un desplome inmediato de la actividad.

"Tenía el restaurante completo y a las siete de la tarde no tenía ninguna reserva. Me habían cancelado todo", relató durante una entrevista en el programa La Linterna, de COPE.

La decisión de cerrar el establecimiento no respondió a un problema de abastecimiento ni a daños en el local, sino a una realidad mucho más sencilla y, al mismo tiempo, devastadora para cualquier empresario. "La gente no quiere salir. Por más que intente abrir, no voy a tener clientela", explicó.

Cada jornada con el restaurante cerrado supone pérdidas económicas directas en un negocio que, como tantos otros, depende de la actividad diaria para afrontar gastos fijos como salarios, proveedores, alquileres o suministros.

Decenas de miles de personas se concentraron el jueves 31 de julio en la parte marroquí de la playa del Tarajal y accedieron a Ceuta. EFE

La situación no afecta únicamente a la restauración. Juan Manuel Parrados, secretario general de la Confederación de Empresarios de Ceuta, ha trasladado públicamente la "preocupación" y, sobre todo, la "incertidumbre" que atraviesa el tejido empresarial de la ciudad, llegando a calificar el escenario actual de "inasumible".

En las últimas horas también se han registrado altercados en supermercados y comercios de alimentación que requirieron la intervención policial, unos episodios que han contribuido a aumentar la sensación de inseguridad entre vecinos y empresarios.

El turismo tampoco ha escapado a las consecuencias de esta crisis. Isabel, propietaria de un hostal en el centro de Ceuta, ha confirmado que está recibiendo numerosas cancelaciones de reservas realizadas a través de plataformas online.

La incertidumbre sobre la situación de la ciudad ha llevado a muchos visitantes a suspender sus viajes, agravando todavía más las pérdidas de un sector especialmente sensible a cualquier episodio de inestabilidad.

En el caso de Ángela, la preocupación va más allá de las mesas vacías. La empresaria ha contado que varias personas accedieron a su restaurante para pedir comida y agua. Aunque ha querido dejar claro que no entraron con intención de causar daños, reconoce que esa situación incrementó la inquietud.

"No a hacernos nada malo, simplemente a pedir comida y agua, pero claro, ya te crea esa inseguridad", explicó.

A esa caída de la actividad se ha sumado otro golpe especialmente duro para muchos negocios: la suspensión de la Feria de Ceuta, que cada año se celebra con motivo de las fiestas patronales en honor a la Virgen de África, el 5 de agosto.

La cancelación ha supuesto un importante revés económico para comerciantes y hosteleros que habían realizado inversiones con meses de antelación para aprovechar uno de los momentos de mayor actividad del año.

En el caso del restaurante Barlovento, la noticia llegó en el peor momento. Ángela había preparado por primera vez una caseta en el recinto ferial, un proyecto en el que había invertido recursos económicos, tiempo e ilusión.

"Era mi primer año, una inversión hecha, sobre todo, también una ilusión, muchas ganas, mucho tiempo invertido... y se nos ha fastidiado todo", lamentó.

La empresaria reconoce que la ciudad mantiene cierta actividad porque la población necesita continuar con su vida cotidiana, hacer compras o acudir al trabajo. Sin embargo, admite que el ambiente ha cambiado por completo.

"Hay gente que tiene miedo, lo cual es completamente normal", afirmó. Ella misma reside cerca del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), una de las zonas donde mayor presión se ha concentrado durante estos días.

Cientos de inmigrantes marroquíes descansan en las calles de Ceuta, este lunes. EFE

Pese a la complicada situación, Ángela también ha querido poner el foco en la realidad que viven muchas de las personas que han llegado a Ceuta. En su opinión, buena parte de los migrantes "han venido engañados", convencidos de que encontrarían trabajo, alojamiento o ayudas económicas inmediatas.

"Les habrán dicho que aquí hay trabajo, que aquí les vamos a dar un cobijo, que les vamos a dar ropa y que les vamos a dar dinero, y no es una realidad", señaló.

La hostelera considera que la crisis actual supera incluso a la vivida en mayo de 2021 por el volumen de personas que han cruzado la frontera en apenas dos días. Aunque asegura que la sensación de incertidumbre es muy similar, cree que las dimensiones del episodio son mayores y recuerda además el elevado coste humano que ha dejado la tragedia.

"Se están utilizando a los humanos como armas", denunció, aludiendo también a las decenas de fallecidos registradas durante la crisis migratoria.