El aire acondicionado es uno de los imprescindibles de un vehículo, tanto que ya no es considerado "extra", especialmente durante las olas de calor que afectan a gran parte de España.
Cuando deja de enfriar o aparece un desagradable olor a humedad al encenderlo, muchos conductores piensan automáticamente en una recarga de gas. Sin embargo, esa idea no siempre es correcta.
El mecánico y divulgador de automoción Juanjo Jiménez, conocido en redes sociales como @jcautomotivetop, ha explicado que el sistema de climatización de un vehículo moderno está diseñado para funcionar con la carga original de fábrica durante toda su vida útil.
"Nunca hay que recargar teóricamente el aire acondicionado de tu coche y, si lo tienes que hacer, es que hay un problema", afirma el experto. La clave, insiste, es distinguir entre una avería y un mantenimiento preventivo.
La advertencia llega en pleno verano, una de las épocas de mayor actividad para los talleres. "Si no va, date prisa y ve a tu taller más cercano; no te esperes hasta el último momento, que con este tema estamos a tope", señala Jiménez.
La recarga no es la solución
El sistema de aire acondicionado funciona mediante un circuito cerrado y estanco. El gas refrigerante no se consume como ocurre con el combustible o el líquido limpiaparabrisas. Por eso, si el coche deja de enfriar correctamente, lo normal es que exista una fuga o algún otro fallo mecánico.
Añadir más gas sin localizar el origen de la pérdida puede hacer que el sistema vuelva a enfriar durante un tiempo, pero solo de forma temporal. Además, una fuga no reparada puede terminar dañando componentes más costosos, como el compresor.
Lo que sí recomienda el mecánico es realizar determinadas operaciones de mantenimiento. Una de ellas consiste en extraer el refrigerante y realizar un vacío del circuito, un procedimiento habitual en climatización que elimina la humedad acumulada en el interior.
Esa humedad puede provocar corrosión, reducir la eficiencia del sistema y afectar al funcionamiento de los componentes frigoríficos. Según explica Jiménez, el vacío permite que "se evapore la humedad que hay en el interior, que no beneficia nada a los circuitos frigoríficos".
Otra operación aconsejable es sustituir el aceite del compresor, encargado de lubricar las piezas móviles del sistema. Con el tiempo puede perder propiedades, y renovarlo ayuda a prolongar la vida útil del compresor.
El gran olvidado
Entre los elementos más importantes del mantenimiento está el filtro del habitáculo. Su función es retener polvo, polen y otras partículas antes de que entren en el interior del vehículo.
Cuando este filtro está sucio, el caudal de aire disminuye y el sistema necesita trabajar más para enfriar el habitáculo. Además, puede favorecer la aparición de malos olores y empeorar la calidad del aire que respiran los ocupantes.
Los fabricantes suelen recomendar su sustitución cada 15.000 o 30.000 kilómetros, aunque en zonas con mucho polvo o polen puede ser necesario cambiarlo con mayor frecuencia.
Evitar el olor a humedad
Uno de los problemas más comunes en verano es el olor desagradable que aparece al arrancar el coche y encender el aire acondicionado. El responsable suele ser el evaporador, un pequeño radiador que se enfría intensamente y sobre el que se condensa la humedad del aire.
Esa humedad puede quedar retenida y convertirse en un entorno perfecto para bacterias, hongos y moho. El resultado es ese característico olor a humedad que muchos conductores identifican inmediatamente.
La solución que propone Juanjo Jiménez no requiere herramientas ni productos especiales. Consiste en apagar el compresor unos minutos antes de llegar al destino, pulsando el botón A/C, pero dejando el ventilador funcionando.
De esta manera, el sistema sigue moviendo aire por el circuito, aunque ya no lo enfría. El aire más templado ayuda a secar el evaporador y a evacuar la humedad acumulada a través del desagüe del vehículo.
Este sencillo hábito puede reducir notablemente la aparición de malos olores y limitar la proliferación de microorganismos que, además de resultar desagradables, pueden causar molestias respiratorias o agravar alergias.
