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Con apenas medio centenar de vecinos y situada frente a la costa de Alicante, Tabarca ha iniciado los trámites para dejar de depender administrativamente del Ayuntamiento de Alicante. La isla, conocida por sus aguas cristalinas y su patrimonio histórico, busca ahora ganar autonomía para gestionar su día a día.

A esta pequeña isla del Mediterráneo solo se puede acceder por barco desde Alicante o Santa Pola. Aunque cada verano recibe miles de visitantes, durante el resto del año apenas viven en ella unas 50 personas que afrontan dificultades muy distintas a la imagen turística que ofrece en temporada alta.

El objetivo de los vecinos no es constituirse como un municipio independiente, sino convertirse en una Entidad Local Menor. Esta figura administrativa les permitiría asumir la gestión de algunos servicios básicos y disponer de mayor capacidad para responder a las necesidades de la isla.

Una década de reivindicaciones

La Asociación Tabarca Isla Plana lleva más de diez años denunciando problemas que, aseguran, afectan a la vida diaria de los residentes. Ante la falta de avances, ha decidido impulsar el proceso para dotar a la isla de una mayor autonomía administrativa.

Entre sus principales reivindicaciones figuran un mejor mantenimiento del patrimonio histórico, una mayor atención a los servicios públicos y mejoras en el transporte marítimo, imprescindible para comunicar la isla con la península.

Representantes de la asociación han asegurado, en declaraciones recogidas por Telecinco, que las distintas administraciones no han dado respuesta a muchas de estas demandas, una situación que, afirman, ha generado una creciente sensación de abandono entre los vecinos.

La iniciativa cuenta con el respaldo de la mayoría de los residentes, que consideran que disponer de una administración propia facilitaría la resolución de problemas cotidianos y permitiría agilizar muchas actuaciones.

El aislamiento es una de sus principales preocupaciones. El barco es la única forma de acceder a Tabarca y, cuando el mal estado del mar obliga a suspender los trayectos, la isla puede quedar incomunicada durante horas.

A ello se suma la presión turística del verano. Miles de visitantes llegan cada día, lo que incrementa la demanda de limpieza, mantenimiento e infraestructuras en un espacio con recursos muy limitados.

Qué cambia con la autonomía

Actualmente, Tabarca depende administrativamente del Ayuntamiento de Alicante, la Generalitat Valenciana y el Estado. Esa distribución de competencias hace que muchas actuaciones requieran autorizaciones de varias administraciones, retrasando incluso las intervenciones más sencillas.

Los vecinos consideran que este sistema dificulta la respuesta a sus necesidades y reclaman una gestión más ágil y adaptada a la realidad de una isla con características muy particulares.

Vista aérea de la isla de Tabarca. Imagen generada con IA

Si prospera la iniciativa, Tabarca podría contar con una junta vecinal propia y un alcalde pedáneo con competencias para gestionar servicios como la limpieza o el mantenimiento. Además, tendría acceso directo a determinadas subvenciones públicas, incluidas ayudas de la Diputación y fondos europeos.

Desde el Ayuntamiento de Alicante rechazan las críticas y sostienen que la isla no está desatendida. El consistorio asegura que continúa trabajando para mejorar los servicios y las condiciones de sus habitantes.

Mucho más que un destino turístico

Tabarca es conocida por sus playas, sus aguas transparentes y su riqueza natural, pero durante buena parte del año recupera un ritmo de vida muy distinto al del verano.

En invierno apenas viven unas 50 personas en su casco urbano amurallado, formado por calles tranquilas y casas encaladas donde prácticamente no circulan vehículos.

La actividad gira en torno a pequeños comercios, algunos restaurantes que cierran fuera de temporada y los trabajos relacionados con el mar. Esa realidad cotidiana es la que, según los vecinos, ha impulsado la petición de una mayor capacidad de autogestión.

Entre las reclamaciones históricas destaca la mejora del transporte marítimo. Se trata de una reivindicación aprobada en Les Corts en 2018 que, según denuncian los residentes, todavía no se ha materializado.

También reclaman decisiones sobre la conservación del patrimonio y el futuro urbanístico de la isla. Consideran que depender de una ciudad situada al otro lado del mar dificulta la adopción de soluciones adaptadas a sus necesidades.

Ese sentimiento de desconexión administrativa contrasta con el enorme valor ambiental de Tabarca. En 1986 fue declarada la primera reserva marina de España. Desde entonces se ha convertido en un referente para la conservación del ecosistema marino.

Bajo sus aguas se extienden extensas praderas de posidonia oceánica, fundamentales para mantener el equilibrio ecológico. Gracias a ellas, la visibilidad submarina puede superar con facilidad los 20 metros en los días de mejores condiciones.