El pequeño comercio continúa atravesando en España un momento difícil. Según datos de la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA), durante el último año registrado desaparecieron 13.586 pequeños establecimientos, lo que supone el cierre de más de un millar de negocios cada mes.
Una situación que ha llevado a muchos autónomos y empresarios a mostrar cómo es realmente el día a día de sus negocios y cuánto dinero queda al final después de afrontar todos los gastos.
Es el caso de Jennifer Modoon, una joven empresaria dueña de un supermercado de barrio y que, a través de su cuenta de TikTok, ha querido desmontar una de las ideas más extendidas entre los clientes: pensar que una alta facturación implica obtener grandes beneficios.
Como ella misma explica al comenzar su vídeo, "ver grandes cantidades de dinero" no significa necesariamente que el negocio genere mucho dinero. Para explicarlo, Jennifer insiste en diferenciar dos conceptos que suelen confundirse: la facturación y el beneficio real.
"Puede parecer que se gana muchísimo dinero, pero desde dentro es otra historia. Pensad que no todos los meses se vende lo mismo, ni se tienen los mismos gastos", relata. Como ejemplo, plantea el caso de un mes en el que su supermercado ingresa 50.000 euros en ventas.
Aunque la cifra pueda parecer elevada, explica que esa cantidad es solo el punto de partida, ya que a partir de ahí comienzan a descontarse todos los costes necesarios para mantener el negocio en funcionamiento.
La mayor parte del dinero se destina a pagar la mercancía. Según explica, alrededor de 37.000 euros corresponden a los proveedores, entre ellos cadenas de distribución como Coviran y otros fabricantes con distintos plazos de pago. Además, parte de ese importe queda retenido durante un tiempo en concepto de garantía, lo que reduce todavía más la liquidez del negocio.
Salarios, gastos fijos, transporte e imprevistos
A continuación llegan los costes de personal. Entre salarios y cotizaciones a la Seguridad Social, Jennifer calcula que el supermercado destina unos 5.500 euros al mes. A ello se suma que, al abrir todos los días de la semana, en determinadas jornadas necesita reforzar la plantilla para atender las descargas de mercancía o los momentos de mayor actividad.
Los gastos fijos tampoco dan tregua. El alquiler del local, el suministro eléctrico, los seguros, la gestoría, el teléfono o las comisiones por los pagos con tarjeta representan alrededor de 5.000 euros mensuales, una cantidad que reduce aún más el margen disponible.
A todo ello se añaden otros costes menos visibles, como el transporte de la mercancía, por el que la distribuidora cobra 12 euros por cada carro transportado, independientemente de que vaya completamente lleno o no. Cuando todos estos gastos ya están cubiertos, el dinero que queda antes de afrontar cualquier imprevisto es muy reducido.
Pero todavía falta tener en cuenta otros desembolsos habituales en este tipo de negocios, como los productos que caducan sin venderse, las averías de cámaras o maquinaria, las roturas de mercancía y otros gastos inesperados que pueden surgir en cualquier momento.
Por este motivo, Jennifer asegura que el beneficio final suele situarse entre el 2 % y el 5 % de la facturación, lo que equivale aproximadamente a entre 1.000 y 2.500 euros, una cantidad sobre la que todavía habría que aplicar los correspondientes impuestos.
Esta situación ayuda a entender por qué tantos pequeños comercios han desaparecido en la última década. Frente a las grandes cadenas de distribución, que negocian compras de gran volumen y consiguen reducir costes, los supermercados de barrio cuentan con mucho menos margen para competir en precio.
Después de hacer números mes tras mes y de enfrentarse a proveedores, repartos, horarios y gastos imprevistos, Jennifer resume la realidad de muchos pequeños comerciantes con una reflexión: "Cada mes pueden pasar mil cosas que reduzcan ese beneficio casi al límite" lamenta.
