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Los incendios forestales de las provincias de Ávila y Madrid de este fin de semana, sumado al de Los Gallardos (Almería) el pasado 13 de julio, en el que fallecieron 13 personas, ya han sido catalogados como los más devastadores de la historia de España.

Una situación que ha vuelto a poner sobre la mesa un debate recurrente cada verano, pero que no resuelve nada: el papel de agricultores y ganaderos en la prevención de los grandes incendios forestales.

Mientras las llamas obligaban a desplegar un amplio dispositivo de extinción, las principales organizaciones agrarias reclamaban una mayor implicación del sector primario en la gestión de los montes.

Quienes viven del campo sostienen que la prevención no empieza cuando se declara un incendio, sino mucho antes. Mantener limpios los terrenos, controlar la vegetación mediante el pastoreo o recuperar prácticas tradicionales son algunas de las medidas que, aseguran, ayudarían a reducir el riesgo de grandes fuegos.

Esa reivindicación la resume Antonio Campos, ganadero de 56 años de Peal de Becerro (Jaén), que observa con preocupación cómo desaparece un oficio que durante décadas contribuyó a conservar el paisaje de la Sierra de Cazorla.

La labor de los pastores

"Durante mucho tiempo nos han ninguneado y expulsado de los montes, pero ahora ya es tarde. Cada vez hay menos ganaderos y encima no tenemos relevo generacional", lamenta el trabajador.

Campos gestiona una explotación de unas 750 ovejas segureñas y conoce de primera mano la transformación que ha experimentado el territorio. Según explica, hace apenas una década su municipio contaba con más de 60.000 cabezas de ganado, mientras que hoy apenas quedan unas 19.000.

Para él, esa reducción tiene consecuencias que van mucho más allá de la actividad económica. Menos animales significa menos pastoreo y, por tanto, una mayor acumulación de vegetación seca que puede convertirse en combustible cuando llega el verano.

Reducir el combustible vegetal

Las organizaciones agrarias llevan años defendiendo que el ganado desempeña una función medioambiental que no siempre recibe el reconocimiento suficiente.

El secretario general de UPA Andalucía, Jesús Cózar, recuerda que agricultores y ganaderos trabajan sobre el terreno durante todo el año y son los primeros interesados en conservarlo.

"Somos quienes mantenemos el medio rural vivo, trabajamos el territorio cada día y somos los primeros interesados en que nuestras tierras y montes estén bien cuidados y en conservar la biodiversidad", afirma.

Desde la organización sostienen que la prevención de incendios pasa por recuperar medidas que ya demostraron su utilidad, como los planes locales de emergencia, las agrupaciones de defensa forestal, las campañas de sensibilización o las quemas controladas de residuos agrícolas y forestales.

Ganadero en el campo con los animales IStock

Además, defienden que una gestión activa del territorio permite reducir la acumulación de biomasa y mantener un paisaje en mosaico, donde la combinación de cultivos, pastos y zonas forestales dificulta el avance de las llamas.

Asaja Andalucía comparte este diagnóstico. La organización considera que el abandono de las prácticas agrícolas y ganaderas tradicionales ha favorecido la acumulación masiva de combustible vegetal en muchos montes.

Su gerente en Jaén, Luis Carlos Valero, sostiene que la despoblación rural, la desaparición de los pastos y la pérdida de herramientas como la trashumancia han creado paisajes continuos que facilitan la propagación del fuego.

Por ello, Asaja ha solicitado tanto a la Junta de Andalucía como al Gobierno central cambios legislativos que permitan realizar determinados trabajos preventivos sin necesidad de esperar autorizaciones administrativas, además de reforzar los medios materiales destinados a estas labores.

Un sector esencial

Más allá de las reivindicaciones normativas, Antonio Campos cree que el principal problema es que cada vez quedan menos personas dispuestas a dedicarse a la ganadería.

En su caso, ninguno de sus cuatro hijos quiere continuar con la explotación familiar, una situación que se repite en buena parte del medio rural español y que amenaza el relevo generacional del sector.

La falta de jóvenes ganaderos preocupa especialmente en provincias como Jaén, que cuenta con alrededor de 645.000 hectáreas de superficie forestal, casi la mitad de todo su territorio.

De ellas, más de 300.000 hectáreas forman parte de espacios naturales protegidos, lo que convierte a la provincia en una de las que posee mayor porcentaje de terreno forestal protegido de España.

Las organizaciones agrarias consideran que compatibilizar esa protección ambiental con una gestión más activa de los montes resulta imprescindible para reducir el riesgo de incendios cada verano.

Tras el fuego de Almería, el debate también ha llegado al terreno político. Mientras distintas formaciones discrepan sobre las causas y las medidas prioritarias para combatir los incendios, agricultores y ganaderos insisten en que su experiencia sobre el terreno debería formar parte de la solución.

Antonio Campos, sin embargo, mira el futuro con pesimismo. Cree que durante años el sector perdió protagonismo en la gestión del monte y teme que ahora sea difícil revertir esa tendencia.

"Nos acordamos de los ganaderos cuando hay incendios, pero llevamos mucho tiempo desapareciendo", resume. Una advertencia que refleja el sentir de buena parte del campo andaluz, convencido de que la prevención empieza mucho antes de que aparezca el primer humo.