El verano es la temporada de vivir sin reloj y de disfrutar sin medida. De quejarse del asfixiante calor después de meses de comentarios contra el frío. De convertirnos en nuestra mejor versión o incluso en alguien diferente a nosotros mismos.
Es, en definitiva, la estación preferida de muchos. Atardeceres en la playa, chapuzones, sobremesas eternas y las ansiadas vacaciones son algunos de los ingredientes de la época que para muchas personas es el momento estrella del año.
No obstante, no es oro todo lo que reluce y, como todo en la vida, los meses estivales también cuentan con sus luces y sus sombras. Una historia distinta es aquello que permanece en el recuerdo o que soñamos.
La presión estética
Sin embargo, otros temen la llegada de las altas temperaturas. No precisamente por el asfixiante calor y las consiguientes noches de sueño irregular, sino por tener que mostrar la silueta. Las chaquetas desaparecen y la ropa de baño se asegura de subrayar las inseguridades de mucha gente, especialmente en un momento en el que la delgadez extrema se impone.
Rocío Rosés, psicóloga y directora del Hospital de Día Infanto-Juvenil del Hospital Universitari Sagrat Cor, comenta que antes de que llegue el verano, la operación bikini, promovida por las redes sociales y la publicidad, acentúa la necesidad de realizar un cambio repentino con el cuerpo.
"Es un momento en el que se pueden observar transformaciones de la persona, por ejemplo, en no querer ir a la playa o a la piscina cuando nunca ha sido así. Este puede ser uno de los factores de riesgo que muestre que alguien empieza con este tipo de sintomatología psiquiátrica", advierte.
La vida en la playa, la vida mejor. Excepto cuando los complejos entran en escena.
Además, no es fácil escapar de las inseguridades cuando en este mundo ozempicado, cada vez hay menos referentes de siluetas diversas.
La nutricionista conocida en redes como @tunutrilaura recomienda dejar de ver cuentas que sólo enseñen figuras esbeltas.
"Si este verano quieres normalizar la naturalidad y más realidades —tripas que se marcan al sentarse, celulitis, piel con acné, uñas sin pintar, un bañador en vez de cincuenta, helados y tuppers en la playa— deja de consumir sólo lo que no es lo habitual para la mayoría de mortales", asegura.
"Lo 'perfecto' que ves en redes es la excepción. Y comparar tu día a día con la excepción de otra persona es la trampa de las plataformas… Porque puedes vivir el verano con el cuerpo que tienes hoy, sin esperar a una versión 'mejorada' de ti misma", dice.
De hecho, el último estudio de Cheerz indica que al 41% de las adolescentes les afecta negativamente compararse con las fotos que ven en redes y que uno de cada tres jóvenes sufre al ver perfiles de personas con 'buenos cuerpos' o estilos de vida inalcanzables.
Por si fuera poco, el 35% de las mujeres de 31 a 45 años ya no concibe subir un documento gráfico sin haberlo editado con IA o filtros de mejora facial.
Amores de verano
Pero como bien cantaron Sonia y Selena en su día, cuando llega el calor, los chicos se enamoran. Y las chicas, hemos de añadir. Los amores estivales permiten ofrecer la mejor versión de cada uno y convertirse en una persona más atrevida y fogosa. La magia de la estación radica en que damos forma a experiencias alejadas de la rutina.
"Es una temporada excepcional casi de junio a septiembre. Y no sólo para quienes disfrutan de unas vacaciones de varias semanas a la antigua; incluso quienes se quedan en la ciudad o redoblan sus turnos de trabajo durante la temporada alta, se relajan en algunos sentidos", explica Enrique Rey, autor de Melón con jamón (Temas de Hoy, 2026), una carta de amor a la época estival.
La historia que viven Rachel McAdams y Ryan Gosling en 'El diario de Noa' es un amor de verano que rompe las fronteras de la estación.
"Es casi un carnaval durante el que estamos más dispuestos que nunca a que nos sucedan cosas insólitas. Por un lado, todo invita a enamorarse: los anuncios, las películas, las canciones, hasta las temperaturas —y la poca ropa en playas y piscinas—. Por otro, algunas reglas —especialmente, las que nos autoimponemos— se derriten. Así que es el mejor momento para los arrebatos de todo tipo", dice.
"Además, la fugacidad del verano, con un límite tan marcado, puede servir como salvavidas o excusa: estos amores son los que se inician con la idea de que no sobrevivirán a las primeras tormentas otoñales o a la rutina laboral, aunque, en la práctica, nadie sabe cuánto durarán", añade el periodista.
Los recuerdos únicos
Y qué decir de esas lluvias de estrellas de las que disfrutar desde la arena y este año, cómo no, del eclipse solar total, que no se repetirá durante más de un siglo.
Prácticas de bienestar, encuentros colectivos y experiencias vinculadas a los ciclos naturales situarán el tiempo como eje central de la experiencia y habrá ceremonias de bienvenida, sesiones de yoga, breathwork y sound healing.
Porque esta estación es para disfrutar, pero también para conectar con uno mismo a sabiendas de que lamentablemente, los días de descanso tienen un final definido y cercano. Pero para aprovecharlos al máximo, es también necesario saber que no se trata de algo que dura para siempre.
Esta época se queda grabada en la memoria… Aunque de una manera casi cinematográfica.
"Nuestras experiencias veraniegas enseguida se integran en una maraña formada por falsos recuerdos, deseos, ficciones y sensaciones realmente vividas. Es así porque el verano es el único momento del año durante el que los afortunados —quienes disponen de vacaciones— pueden detenerse y, con algo más de tiempo, elaborar lo que les sucede", explica Rey.
La memoria con un toque edulcorado, un síntoma del verano.
“En verano todo existe en potencia y casi nada en acto, así que, una vez ha terminado, hacemos un montaje mental y quedan descartados todos los ratos durante los que estuvimos merodeando o perdiendo el tiempo con la esperanza de que se diera algo especial", señala.
"Como eso, que puede ser desde aquel amor hasta un aprendizaje valioso, nunca termina de ocurrir o lo hace raramente, vamos rellenando los huecos de nuestra realidad con los materiales más a mano", añade.
Comenta que salvo por memorias muy puntuales, de adultos esta época se vuelve indistinguible y nos parecen sólo una: “Bastante similar, por cierto, al de los demás, porque nos solemos imaginar las mismas cosas", matiza.
Temporada de cambios
El verano es como el sábado: nos pasamos toda la semana esperando su llegada del mismo modo que estamos el resto del año fantaseando con que el telediario anuncie que ya está aquí.
Desde niños, ansiábamos esas eternas vacaciones que nos permitían regresar a clase en septiembre convertidos en personas diferentes. Habíamos crecido, y no sólo en altura. Porque esta estación transforma. De adultos, esa vuelta se convierte en el temido comeback a la oficina. Pero incluso de mayores, estos meses estivales siguen cambiándonos.
Es una época marcada por celebraciones, tanto públicas como íntimas. Una sucesión de ocasiones para vestirnos de otra manera, asumir un papel diferente y experimentar, aunque sólo sea por un tiempo, una nueva versión de nosotros mismos. Bien sea en un festival, en una boda o en una escapada entre amigos.
El acento de la escapada idílica, la lectura.
La comida y la bebida también son otras cuando suben las temperaturas. De hecho, ¿hay algo más estival que el tinto de verano? ¡Si lo lleva hasta en el nombre! Y la sangría.
Qué decir de las paellas, de ese pescado ante el mar, y de esos helados. Ojalá poder seguir disfrutando de esos bocados sin culpa y con hambre en un mundo empeñado en pelear contra la báscula y, por ende, contra el menú del día.
Es una temporada en la que las lecturas son diferentes. Aunque mucha gente considera que lo recomendable es apostar por libros 'ligeros', muchos creen que, precisamente, es la época perfecta para poder disfrutar de esos más densos y complejos al estar nuestra mente más despejada.
"En verano, la relación con un libro se hace íntima, táctil, cariñosa. Las páginas se contagian de la humedad de los dedos, adquieren el olor de un cuerpo, la textura de la piel humana. En cambio, bajo un cielo gris, un lector es más severo, recatado: el proceso se hace lento, respetuoso, reflexivo", escribe el escritor Alberto Manguel.
En definitiva, esta estación es lo más parecido a un sueño que podemos experimentar y, afortunadamente, es ineludible año tras año. Ahora toca hacerlo y, ante todo, disfrutar.
