Cada vez son menos los jóvenes que deciden dedicarse a la agricultura, pero todavía hay historias que demuestran que el relevo generacional es posible. Es el caso de Paula Nuévalos, una agricultora valenciana de 27 años que dejó atrás su carrera como ingeniera mecánica para ponerse al frente de la explotación familiar.
Aunque reconoce que trabajar en el campo exige esfuerzo, sacrificio y convivir con la incertidumbre del clima o los precios, asegura que encontró allí una tranquilidad que nunca había sentido en otro lugar. "En cuanto me pongo a podar, siento paz mental", explica.
De ingeniera mecánica a agricultora
Natural de Utiel (Valencia), Paula creció rodeada de viñedos y acompañando a sus padres en las labores agrícolas. Sin embargo, decidió estudiar Ingeniería Mecánica, impulsada por su interés por la mecánica y los vehículos.
Tras terminar la carrera disfrutó de una experiencia Erasmus en Alemania e incluso llegó a plantearse desarrollar allí su futuro profesional. Sin embargo, la distancia con su familia, el clima y, sobre todo, el fallecimiento de su padre hicieron que cambiara por completo sus prioridades.
De vuelta en España trabajó durante tres años como ingeniera mecánica, una profesión que le gustaba. Aun así, la necesidad de sacar adelante la explotación agrícola familiar la llevó a tomar una decisión difícil: regresar definitivamente al campo.
Reconoce que no fue una elección sencilla. Dudaba de la rentabilidad del sector e incluso contempló compaginar la agricultura con otro empleo si las cosas no salían como esperaba. Finalmente apostó por volver al pueblo.
Para ella, la calidad de vida que ofrece el entorno rural compensa las dificultades del oficio. Valora especialmente el sentido de comunidad, la cercanía entre vecinos y un ritmo mucho más pausado que el de la ciudad.
Además, asegura que las tareas del campo tienen un efecto muy positivo sobre su bienestar. Mientras poda o trabaja entre los cultivos siente que desaparece el estrés, la mente se despeja y surgen nuevas ideas.
Por ello, anima a cualquier persona a mantener contacto con el medio rural, convencida de que ayuda a recuperar un estilo de vida más equilibrado.
Una excepción en un campo que necesita relevo
La historia de Paula contrasta con la realidad que vive el sector agrario español. Agricultores y ganaderos llevan años alertando de la falta de mano de obra y de las dificultades para encontrar relevo generacional.
Las campañas agrícolas dependen cada vez más de trabajadores extranjeros, especialmente en cultivos como la vendimia, la patata o las hortalizas, donde la demanda de personal se concentra en pocas semanas.
En muchas explotaciones familiares la continuidad está en riesgo por el envejecimiento de la población rural y la escasa incorporación de jóvenes. A ello se suma la dureza del trabajo, la incertidumbre económica y unas condiciones que hacen que muchos descarten dedicarse al campo.
Por ese motivo, casos como el de Paula Nuévalos representan mucho más que una decisión personal. Son el ejemplo de un relevo generacional imprescindible para garantizar el futuro de la agricultura española.
