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La identificación de las mascotas ha dejado de ser una cuestión de responsabilidad recomendada para convertirse en una obligación legal con importantes consecuencias. En el caso de los gatos, la normativa vigente ha endurecido las exigencias y ha puesto el foco en un aspecto que todavía genera dudas entre muchos propietarios.

Durante años ha existido la creencia de que los felinos que viven siempre dentro de casa no necesitan estar identificados porque el riesgo de pérdida es prácticamente inexistente. Sin embargo, la legislación actual rompe con esa idea y establece las mismas obligaciones para todos los gatos, independientemente de su estilo de vida.

El objetivo de esta medida va mucho más allá del control administrativo. Las autoridades buscan reforzar la protección animal, facilitar la localización de los animales extraviados y combatir el abandono, una de las principales preocupaciones en materia de bienestar animal en España.

El microchip es obligatorio para todos los gatos, incluso si nunca salen de casa

La Ley de Bienestar Animal establece que todos los propietarios de gatos deben identificar a sus animales mediante un microchip, sin distinguir entre aquellos que tienen acceso al exterior y los que permanecen de forma permanente dentro de una vivienda.

Esta obligación recae directamente sobre el responsable del animal, que debe asegurarse de que la identificación se realiza y queda correctamente registrada en la base de datos correspondiente.

Uno de los errores más habituales entre los dueños de gatos es pensar que un felino doméstico no necesita estar identificado porque nunca abandona el hogar. Sin embargo, basta con que una ventana quede abierta, una puerta no se cierre correctamente o el gato se asuste por un ruido inesperado para que pueda escapar y resulte muy difícil localizar a su familia.

Precisamente por ese motivo, el microchip se considera una herramienta fundamental. Se trata de un pequeño dispositivo que se implanta bajo la piel mediante un procedimiento veterinario rápido y que incorpora un código único asociado a los datos del propietario.

Cuando un gato aparece perdido y es trasladado a una clínica veterinaria o a un centro de recogida de animales, un lector permite acceder a esa identificación y contactar con la persona responsable.

Además de facilitar el reencuentro entre el animal y su familia, este sistema también mejora la trazabilidad de las mascotas y permite a las administraciones disponer de un registro actualizado.

Esa información resulta especialmente útil para combatir el abandono, controlar las colonias felinas y realizar un seguimiento más eficaz de la población de gatos en España.

La ley también introduce un régimen sancionador especialmente severo para quienes incumplan esta obligación.

Imagen de ilustración. iStock.

No identificar a un gato con microchip se considera una infracción grave, por lo que las multas pueden oscilar entre los 10.001 y los 50.000 euros, dependiendo de las circunstancias de cada caso y de la valoración realizada por la administración competente.

Aunque la cuantía máxima solo se aplicará en los supuestos más graves, la posibilidad de enfrentarse a una sanción de este nivel ha servido para recordar a miles de propietarios que la identificación ya no es un trámite opcional.

El coste de implantar un microchip en una clínica veterinaria es muy reducido en comparación con las cantidades previstas por la ley, por lo que los expertos recomiendan regularizar la situación cuanto antes para evitar problemas.

En paralelo, las administraciones están reforzando las labores de control para detectar animales que todavía no figuran inscritos en los registros oficiales.

El intercambio de información entre distintas bases de datos y la colaboración con veterinarios permiten comprobar con mayor facilidad si un animal cumple con los requisitos establecidos por la legislación.

La obligación de identificar a perros y gatos también avanza a nivel europeo. La Unión Europea ya ha dado pasos para implantar un sistema común que hará obligatorio el microchip para ambas especies a partir de 2028, una medida con la que se pretende mejorar la trazabilidad de los animales de compañía y reforzar su protección en todos los Estados miembros.