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La imagen de una mujer trabajando a cientos de metros bajo tierra, manejando maquinaria pesada y perforando la roca continúa sorprendiendo a muchas personas. Para María Pérez, sin embargo, forma parte de su rutina diaria y de una profesión que reivindica con orgullo.

María trabaja como perforista en el interior de una mina, un oficio en el que la presencia femenina continúa siendo excepcional. Es una de las pocas mujeres que desempeñan esta labor en Europa y asegura que ha encontrado en el sector minero una forma de sentirse realizada.

"Me siento realizada y feliz de pertenecer a un sector tan bonito como la mina", explica en una entrevista emitida en el programa Espejo Público con motivo del Día Internacional de la Mujer.

Un testimonio que muestra cómo los estereotipos de género continúan condicionando el acceso a determinadas profesiones. Aunque las mujeres pueden ocupar técnicamente cualquier puesto, la realidad es que siguen siendo minoría en muchos trabajos operativos vinculados a la industria.

Una profesión 'de hombres'

María no oculta que el camino hasta consolidarse como perforista ha sido complicado. Aunque señala que actualmente no se siente discriminada en su entorno laboral, reconoce que sí ha vivido situaciones de desigualdad a lo largo de su trayectoria.

"Yo actualmente no sufro discriminación, pero obviamente la he sufrido en toda mi trayectoria", afirma. La minera sostiene que las mujeres que entran en este tipo de sectores suelen encontrarse con una exigencia añadida desde el primer día.

"En los inicios siempre tenemos que dar un 200%. Siempre está el que tengamos que demostrar que somos válidas, el que nuestra contratación es totalmente viable", relata.

Para María, el problema no reside únicamente en los comentarios o en las dudas de algunos compañeros, sino también en la falta de oportunidades para que las mujeres puedan incorporarse a puestos operativos.

"¿Estamos en igualdad de condiciones y de oportunidades? Pues la verdad es que no", responde con rotundidad. Según explica, la presencia femenina en los trabajos directamente vinculados con la actividad minera es todavía extremadamente reducida. "A nivel operacional la presencia de la mujer es muy, muy, muy escasa. Se puede decir que podemos rondar entre un 1% y, como mucho, un 2%".

Romper estereotipos

El trabajo de una perforista exige conocimientos técnicos, preparación física, concentración y capacidad para desenvolverse en un entorno complejo. Son competencias que, según María, no dependen del género, aunque durante décadas se hayan asociado casi exclusivamente a los hombres.

Su experiencia demuestra que las mujeres pueden ocupar estos puestos cuando reciben formación, oportunidades y un trato profesional. Sin embargo, la falta de referentes continúa dificultando que muchas jóvenes contemplen la minería como una posible salida laboral.

Por este motivo, María compagina su actividad profesional con su participación en iniciativas destinadas a promover la igualdad en el mercado de trabajo. Entre ellas se encuentra La Comunidad de Mara, un proyecto desde el que trata de visibilizar a mujeres que ejercen profesiones tradicionalmente masculinizadas.

Su objetivo es que las nuevas generaciones crezcan sabiendo que su futuro profesional no tiene por qué estar limitado por los estereotipos. Para conseguirlo, considera fundamental explicar en colegios, familias y medios de comunicación que existen muchas más opciones de las que habitualmente se muestran.

Pueden ser lo que quieran

María tiene claro el mensaje que quiere trasladar a las niñas y mujeres que sienten interés por una profesión en la que apenas encuentran referentes femeninos: no deben abandonar su vocación por miedo a no encajar.

"Si realmente su profesión le apasiona, que se dedique a ello", aconseja. También insiste en la importancia de visibilizar a las mujeres que ya están abriendo camino dentro de estos sectores.

"Es muy importante el tema de dar visibilidad, contarles a las niñas que, aparte de ser científicas, aparte de ser químicas, también pueden ser fontaneras, electricistas, mecánicas, mineras", defiende.

María Pérez trabaja cada día bajo tierra, pero su historia arroja luz sobre una realidad que todavía persiste en la superficie: la igualdad legal no siempre se traduce en igualdad de oportunidades.