La jubilación antes de los 40 años parece un objetivo reservado para unos pocos privilegiados. Sin embargo, Alan y Katie Donegan aseguran que no fue un golpe de suerte ni una herencia inesperada.
La pareja asegura que lo que les permitió dejar de trabajar décadas antes de la edad habitual, ha sido una disciplina férrea con sus gastos cotidianos.
Estos británicos decidieron convertir el ahorro en una forma de vida durante más de una década. Renunciaron a muchos pequeños caprichos diarios, cocinaron prácticamente todas sus comidas y destinaron cada euro que podían a la inversión.
El resultado fue alcanzar la independencia financiera cuando Alan tenía 40 años y Katie apenas 35. Su historia se ha convertido en uno de los ejemplos más conocidos del movimiento FIRE (Financial Independence, Retire Early), una filosofía que persigue acumular suficiente patrimonio para vivir de las inversiones sin depender de un salario.
Pequeños gestos cotidianos
Lejos de pensar únicamente en grandes inversiones, la pareja centró su estrategia en controlar los gastos del día a día. Uno de los hábitos que más dinero les permitió conservar fue preparar siempre la comida en casa.
"Ahorramos 53.000 dólares en diez años gracias a ese simple hábito de llevar la comida al trabajo", explica Alan. Pero no fue el único cambio en su rutina. Durante los meses de invierno evitaban encender la calefacción siempre que era posible.
"En lugar de poner la calefacción, nos abrigábamos con más capas de ropa y utilizábamos bolsas de agua caliente. Lo convertimos en un juego", recuerda. "No era sufrimiento, era estrategia".
Tampoco eran habituales las cenas a domicilio ni las comidas fuera de casa. Cada gasto era analizado antes de realizarse y, si podían evitarlo, preferían guardar ese dinero para su objetivo a largo plazo.
Su forma de consumir llegó incluso a sorprender a familiares y amigos. "Muchos pensaban que estábamos locos o que éramos demasiado extremos", admite Alan.
Entre sus costumbres más llamativas estaba cargar los teléfonos móviles fuera de casa o recoger cupones de descuento que otras personas dejaban abandonados en los supermercados. "Puedes pensar que es una locura o una genialidad, pero funcionó", afirma.
Su único objetivo
Alan insiste en que nunca persiguieron hacerse ricos por el simple hecho de tener más dinero. Su verdadera meta era ganar libertad para decidir cómo querían vivir. "Estábamos completamente centrados en comprar nuestra libertad", resume.
Antes de alcanzar la independencia financiera, Alan trabajó como paisajista y posteriormente creó un negocio dedicado a la formación y el coaching personal.
Katie, por su parte, desarrolló su carrera como actuaria en una empresa del sector financiero, una profesión especializada en analizar riesgos económicos y estadísticos.
Los buenos salarios ayudaron a acelerar el proceso, pero ambos insisten en que la clave fue mantener un porcentaje de ahorro muy elevado durante años.
En lugar de aumentar su nivel de vida conforme crecían sus ingresos, decidieron invertir prácticamente todo el dinero que no necesitaban para cubrir sus gastos esenciales.
Una filosofía que triunfa
La experiencia de los Donegan forma parte del movimiento FIRE, cuyas siglas en inglés significan Financial Independence, Retire Early (Independencia Financiera y Jubilación Anticipada).
Quienes siguen esta filosofía intentan ahorrar entre el 50% y el 70% de sus ingresos durante varios años para crear una cartera de inversiones capaz de generar rentas suficientes para cubrir sus gastos futuros.
No obstante, los expertos recuerdan que este modelo no es fácil de aplicar para todos los hogares. Requiere ingresos relativamente altos, una gran capacidad de ahorro y una disciplina financiera constante durante muchos años.
Hoy, varios años después de dejar atrás sus empleos, ambos dedican su tiempo a viajar, impartir conferencias y enseñar a otras personas cómo mejorar sus finanzas personales.
