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La construcción sigue siendo uno de los sectores con menor presencia femenina en España, aunque la tendencia empieza a cambiar.

Cada vez son más las mujeres que deciden desarrollar su carrera profesional en oficios tradicionalmente masculinizados, demostrando que el talento y la capacidad no entienden de género.

Entre ellas se encuentra Jennifer López, una fontanera barcelonesa de 26 años que acumula ya una década de experiencia y que ha convertido su trabajo diario en una forma de reivindicar la igualdad.

Jennifer forma parte de esa nueva generación que está contribuyendo a cambiar la imagen de una profesión históricamente vinculada a los hombres.

En una entrevista concedida a EL ESPAÑOL, la joven relata cómo descubrió su vocación siendo apenas una adolescente y las dificultades a las que todavía hoy se enfrenta por el simple hecho de ser mujer.

Su verdadera vocación

Jennifer comenzó a acercarse al oficio con tan solo 15 años. Acompañaba a su padrastro, Antonio, durante las reparaciones y, casi sin darse cuenta, terminó enamorándose de la profesión.

"Yo no me veía en una cocina, cocinando como chef o de peluquera. Yo me veía arreglando cosas y me gustaba", explica durante la conversación con EL ESPAÑOL.

Aquella pasión la llevó a estudiar un ciclo de Formación Profesional de Mecánica y Soldadura. Por las mañanas acudía a clase y por las tardes seguía aprendiendo el oficio en la empresa familiar, donde adquirió la experiencia práctica que hoy le permite desenvolverse con total naturalidad en cualquier avería.

Sin embargo, sus primeros pasos no fueron sencillos. Más de una vez comprobó cómo algunos clientes desconfiaban de ella antes incluso de verla trabajar.

"El cliente no se atrevía a que yo se lo reparara por ser joven y mujer. Sentí que si me pasaba muchas veces, no iba a poder progresar", recuerda.

Aquellas situaciones hicieron evidente que el principal obstáculo no era técnico, sino cultural. Jennifer sabía hacer su trabajo, pero tenía que demostrarlo dos veces para ganarse la confianza que a muchos hombres se les presupone desde el primer momento.

'Intentan ligar con nosotras'

Con el paso de los años ha logrado hacerse un nombre dentro de la empresa, donde la mayoría de la plantilla está formada por mujeres. Aun así, reconoce que todavía existen comportamientos machistas que siguen formando parte de su rutina.

La situación más incómoda, asegura, se produce cuando algunas trabajadoras acuden a realizar reparaciones en domicilios particulares.

"A las casas vamos siempre mujeres, porque en la empresa somos casi todas mujeres, y un hombre. Va un compañero junto a alguna de nosotras porque hay clientes que intentan ligar con nosotras y es un momento incómodo", explica.

La joven añade que esos comportamientos no suelen quedarse en un simple comentario.

"Que tú estés trabajando y que actúen todo el rato así es bastante desagradable. Comentarios babosos también escuchamos y nuestros compañeros le paran los pies al cliente cuando se sobrepasan", denuncia.

Más allá de estas experiencias, Jennifer también recibe mensajes machistas en las redes sociales de la empresa, donde comparte vídeos mostrando reparaciones y el trabajo cotidiano de las fontaneras.

Lejos de desanimarse, considera que esa exposición es necesaria para que otras chicas descubran que estos oficios también pueden ser una opción profesional para ellas.

Atraer nuevas generaciones

Jennifer está convencida de que la visibilidad es una herramienta fundamental para seguir aumentando la presencia femenina en la construcción.

"Si nos ponemos muchas a demostrar, a darnos visibilidad, yo creo que habrá muchas más mujeres que el día de mañana digan: a mí me interesa la fontanería o la carpintería", afirma durante la entrevista.

En los últimos años también participa en actividades organizadas por empresas e instituciones para acercar estos oficios a estudiantes de Educación Secundaria.

En estos encuentros enseña a chicas de 15 años nociones básicas de soldadura, carpintería y fontanería con el objetivo de romper prejuicios desde edades tempranas.

"Les mostramos que las mujeres también podemos desempeñar este tipo de oficios y que es posible ganarse la vida trabajando como fontanera", explica.

Para Jennifer, formar parte del reducido pero creciente grupo de mujeres que trabajan en la construcción es motivo de orgullo. Después de diez años reparando averías, instalando tuberías y desmontando estereotipos, está convencida de que el cambio ya ha comenzado.

Ahora espera que las nuevas generaciones encuentren un camino mucho más sencillo que el que ella tuvo que recorrer para demostrar que una buena fontanera no depende del género, sino de su profesionalidad.