En España, más de 1,64 millones de personas tienen reconocida oficialmente una situación de dependencia, según los últimos datos del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030.
Detrás de esta cifra hay miles de familias que organizan su día a día en torno al cuidado de un padre, una madre o un familiar que necesita ayuda. Una responsabilidad que sigue recayendo, en la mayoría de los casos, sobre las mujeres.
En este contexto, el servicio de ayuda a domicilio se ha convertido en un apoyo imprescindible para muchos hogares. No solo permite aliviar parte de la carga diaria, sino que también garantiza que las personas dependientes reciban una atención profesional adaptada a sus necesidades.
Se trata de un sector que da empleo a más de 565.000 personas en España, la mayoría mujeres, y cuya necesidad no deja de crecer a medida que aumenta el envejecimiento de la población. Sin embargo, pese a la importancia de su trabajo, sigue siendo una profesión poco reconocida y rodeada de muchos prejuicios.
De hecho, muchas personas todavía creen que la ayuda a domicilio se limita a realizar tareas del hogar o de limpieza. Nada más lejos de la realidad: detrás de este trabajo hay una atención mucho más amplia, centrada en el cuidado, el acompañamiento y el bienestar de las personas dependientes.
Su trabajo consiste en acompañar, cuidar y ayudar a las personas dependientes en las tareas más cotidianas, siempre adaptándose a las necesidades de cada una. Una labor que exige preparación, responsabilidad y una implicación que muchas veces pasa desapercibida.
Precisamente esa es la realidad que muestra en su cuenta de TikTok María Adame, auxiliar de ayuda a domicilio y creadora de contenido, a través de uno de sus vídeos en TikTok. Con su testimonio, pone sobre la mesa los prejuicios con los que todavía conviven miles de profesionales del sector y reivindica el verdadero valor de su trabajo.
Todo surge a raíz de un comentario que recibió en redes sociales y al que ha decidido responder públicamente. "Hoy vengo a contestar este comentario que se merece un vídeo, dice que si somos limpiadoras, que limpiamos el baño, la cocina, que tenemos que ir a la farmacia, al médico, a dar paseos y que nos dan una bata y nos creemos médicos".
Un comentario con el que María aprovecha para denunciar la imagen equivocada que todavía existe sobre esta profesión y reivindicar el papel de quienes trabajan cada día en la atención a personas dependientes.
"Ya está bien de hablar de nosotras como si fuéramos sirvientas sin criterio, sin formación y sin derechos. Pues mire usted, señor o señora, no somos limpiadoras, somos auxiliares de ayuda a domicilio, profesionales del cuidado con funciones reguladas por normativas y planes de atención aprobados por servicios sociales", defiende
Limpieza vinculada a las necesidades
La auxiliar explica que dentro de sus funciones sí se incluyen determinadas tareas domésticas, pero únicamente aquellas que están directamente relacionadas con el bienestar y la atención de la persona dependiente. Es lo que se conoce como limpieza funcional, una labor recogida en la normativa y que forma parte de su trabajo diario.
"Claro que sí limpiamos el baño si se usa, claro que sí limpiamos la cocina si se utiliza, claro que sí si se hace la cama. Eso se llama limpieza funcional y está recogida en la normativa. Lo que no está recogido es limpiar la casa entera, hacer limpieza profunda o ir porque toca. Ni convertirnos en la solución para todo".
Además, María recuerda que otras tareas como hacer la compra, acompañar a una consulta médica o recoger medicación solo se llevan a cabo cuando están previamente autorizadas dentro del plan de atención de cada usuario. No son encargos que puedan realizarse por iniciativa propia o petición de la familia.
"La compra, la farmacia, el médico o el paseo no se hacen porque a usted le parezca o le de la gana, se hacen si están autorizados en el PIA con tiempos y objetivos concretos"
"No somos chicas para todo"
Sobre las críticas por llevar bata, María aclara que esta prenda responde a una cuestión de "protección e higiene". También recuerda que tener formación sociosanitaria "no nos hace médicas pero tampoco nos convierte en chicas para todo".
Su denuncia va más allá de un simple malentendido sobre sus funciones. La auxiliar pone el foco en una realidad que muchas profesionales han vivido durante años: asumir tareas de más, callar y soportar situaciones que no les correspondían.
"Lo que molesta no es que cuidemos, lo que molesta es que pongamos límites porque durante años muchas auxiliares han aguantado en silencio y han hecho más de lo que les correspondía, se han roto la espalda, la salud y la cabeza".
María asegura que, ahora que muchas trabajadoras están empezando a reivindicar sus derechos y a marcar hasta dónde llegan sus funciones, también están recibiendo más críticas.
"Parece que somos las malas, pues no somos vagas, no queremos cobrar sin trabajar y no nos negamos a cuidar. Lo que no aceptamos ni vamos a aceptar es que haya abusos, desprecios ni exigencias fuera de función y mucho menos que se nos trate como si valiéramos nada".
La auxiliar insiste en que el problema no está en cuidar, sino en dar por hecho que pueden encargarse de cualquier tarea dentro de una casa sin límites ni reconocimiento. "Si una persona quiere a alguien que le limpie toda la casa, que haga recados ilimitados y esté disponible para todo, eso no es ayuda a domicilio, eso es otro servicio y se llamará de otra manera".
Finalmente, María cierra su reflexión recordando la carga física y emocional que soportan a diario muchas auxiliares en España.
"Nosotras entramos cada día en casas ajenas, cargamos cuerpos, emociones y responsabilidades y aún así, tenemos que escuchar desprecios. El problema no es que pidamos respeto, el problema es que durante años os habéis acostumbrado a que no lo pidiéramos y eso se os acabó", concluye.
