El dinero en efectivo, a pesar de llevar años en decadencia, siendo reemplazado por las tarjetas, las transferencias y los pagos móviles, ha sido durante siglos la base de las transacciones económicas.
Bruselas, sede de la Unión Europea, ha querido dar un paso más en esta transformación aprobando una nueva normativa que afectará, especialmente, a las compras de mayor importe.
A partir de 2027, entrará en vigor un límite máximo común para los pagos en efectivo en todos los países socios de la UE.
La medida forma parte del nuevo paquete legislativo contra el blanqueo de capitales, cuyo objetivo es reforzar el control sobre el dinero y evitar el fraude fiscal.
Aunque no supondrá la desaparición del efectivo, sí marcará un antes y un después en las operaciones de mayor valor, especialmente en sectores donde tradicionalmente se ha utilizado dinero en metálico.
Tope común en toda Europa
El nuevo reglamento europeo establece que ningún pago en efectivo por bienes o servicios podrá superar los 10.000 euros.
Es decir, cualquier operación que rebase esa cantidad deberá realizarse obligatoriamente mediante métodos de pago que dejen rastro.
Entre ellos se incluyen transferencias bancarias, pagos con tarjeta o cheques nominativos. La clave es que estas vías permiten identificar tanto al pagador como al receptor, dificultando así el uso de dinero opaco.
La norma, que deberá aplicarse como máximo en el verano de 2027, busca unificar criterios en todos los países miembros. Hasta ahora, cada Estado tenía sus propias reglas, lo que generaba diferencias significativas dentro del mercado europeo.
Eso sí, Bruselas ha dejado claro que este límite es un máximo. Es decir, cada país podrá fijar restricciones más estrictas si así lo considera.
España, pionero
En el caso de España, el impacto práctico será limitado, ya que la legislación actual es incluso más restrictiva.
Desde la aprobación de la Ley Antifraude, los pagos en efectivo están limitados a 1.000 euros cuando interviene un empresario o profesional.
Esto significa que, en la práctica, muchas operaciones que en otros países aún pueden hacerse en metálico ya están prohibidas en España. Por ejemplo, pagar una reforma, comprar un electrodoméstico caro o contratar ciertos servicios con efectivo tiene límites mucho más bajos.
Para particulares que no actúan como profesionales (autónomos), el margen es mayor, especialmente en el caso de no residentes, donde el límite alcanza los 10.000 euros. Aun así, la tendencia general es de reducir el uso del efectivo en operaciones relevantes.
Además, la normativa europea introduce controles adicionales. En pagos elevados, en torno a los 3.000 euros, dependiendo del sector, podrán exigirse verificaciones de identidad más estrictas para garantizar la trazabilidad del dinero.
Cambios en el día a día
Para la mayoría de los ciudadanos, la nueva normativa apenas tendrá impacto en su vida cotidiana. Seguirá siendo posible pagar en efectivo en supermercados, bares, taxis o pequeños comercios sin ningún problema.
Tampoco habrá restricciones para guardar dinero en casa ni para realizar pequeños pagos entre particulares. El efectivo seguirá siendo un medio de pago válido y legal dentro de la economía europea.
Donde sí habrá cambios es en las operaciones de gran volumen. Comprar un coche de segunda mano, una obra de arte o determinados bienes de lujo en efectivo será más complicado, o directamente imposible si se supera el límite establecido.
También se mantendrán las obligaciones actuales en movimientos de dinero. Por ejemplo, cualquier persona que viaje con más de 10.000 euros en efectivo deberá declararlo al cruzar fronteras dentro o fuera de la UE.
Asimismo, los bancos podrán seguir solicitando información sobre el origen del dinero en ingresos elevados. No existe un límite legal para ingresar efectivo, pero sí la obligación de justificar su procedencia si se requiere.
El objetivo de fondo es reducir las oportunidades para el blanqueo de capitales, la financiación ilegal o la evasión fiscal, sin eliminar por completo el uso del dinero en metálico.
