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Cada vez que un viajero compra un billete de tren en España, adquiere algo más que un asiento y un horario. Sin saberlo muchas veces, está pagando también un seguro obligatorio que lo protege en caso de accidente.

No es un extra, no es opcional y no hay que marcar ninguna casilla: viene incluido en el precio final, igual que los impuestos.

"Mucha gente puede que no sepa que comprando un billete de tren también estamos adquiriendo un seguro obligatorio de viajero, ¿no?", preguntaba la periodista de La Tarde de COPE, Pilar García Muñiz, a un experto en transporte.

Se trata de una realidad poco conocida para el gran público y que, sin embargo, forma parte del día a día de millones de desplazamientos. La legislación española obliga a que todos los billetes de transporte colectivo incluyan este seguro.

Y el tren, uno de los medios más utilizados, no es una excepción. El llamado Seguro Obligatorio de Viajeros, conocido por sus siglas SOV, está presente en cada trayecto, aunque el pasajero no lo vea reflejado de forma explícita.

Un seguro que ya estás pagando

"Sí, así lo marca la legislación y, añadiría, afortunadamente, está incluido en el precio que pagamos en el billete, como están incluidos los impuestos como el IVA, pues también ese seguro obligatorio de viajeros, SOV".

No se trata de una cortesía de las compañías, sino de una obligación legal pensada para cubrir daños personales. Ese seguro, explican los expertos, es "una parte del billete que se destina a cubrir, lamentablemente, estas circunstancias que pueden pasar en momentos de accidente, por lesiones". Y está en todos los billetes de tren, "aunque no lo veamos, con el precio del billete".

La mayoría de los viajeros nunca llega a pensar en ello. El tren es un medio seguro, las estadísticas lo confirman y los accidentes son poco frecuentes. Pero precisamente por eso, cuando ocurre algo, la sorpresa es mayor y las dudas se multiplican: qué cubre, cuánto se cobra, a quién hay que reclamar.

El SOV no distingue entre tipos de tren ni entre trayectos largos o cortos. Está presente en el AVE, en los cercanías, en los regionales y también en el metro o en otros medios de transporte colectivo. "En cualquier medio de transporte", recordaban en la radio.

El pasajero no tiene que hacer nada para activarlo. Basta con tener un billete válido en el momento del accidente. Da igual si es un billete comprado con antelación, una oferta o un abono. El derecho a la cobertura nace con el propio viaje.

La clave de este seguro es que cubre daños personales, no materiales. Es decir, indemniza por lesiones o fallecimiento, pero no por la pérdida de equipaje o los retrasos. Para eso existen otros mecanismos y otras reclamaciones.

La existencia del SOV tampoco depende de que haya o no un responsable claro del accidente. Funciona como un sistema de protección automática para el viajero. Si hay un siniestro y el pasajero resulta herido, el seguro entra en juego.

En caso de accidente

Una de las preguntas más habituales es cuánto dinero pueden recibir los heridos o las familias de los fallecidos. La respuesta no es única, porque depende de muchos factores. "Bueno, existen diferentes baremos. Hay que ver también las características del accidente", explicaba el experto.

Lo que sí existe es una tabla oficial de compensaciones. "Hay cálculos que hablan de entre 70 y 80 mil euros, pero en cualquier caso, existe una tabla oficial de compensaciones obligatorias para los pasajeros que, en el caso de accidente, establece esas indemnizaciones".

Esa tabla fija importes en función del tipo de lesión, de su gravedad y de las secuelas que puedan quedar. No es lo mismo una herida leve que una incapacidad permanente o un fallecimiento. Cada supuesto tiene su cifra.

El objetivo es ofrecer una respuesta rápida y automática, sin obligar al viajero o a su familia a iniciar largos procesos judiciales solo para obtener una compensación básica. Otra cosa distinta es que, además, puedan reclamar por otras vías si hay responsabilidades añadidas.

"El tren está bastante reforzado, a pesar de que es verdad que la estadística dice que no hay, afortunadamente, tantos accidentes, pero sí que es un seguro bastante bueno", resumía el analista.

Una protección que pasa desapercibida

El problema es que casi nadie es consciente de estar pagando este seguro. En el billete no suele aparecer desglosado y rara vez se menciona en las campañas informativas. Solo sale a la luz cuando ocurre una tragedia o un accidente grave.

Sin embargo, cada vez que alguien sube a un tren, está contribuyendo a ese fondo común que sirve para cubrir a las víctimas. Es una pequeña parte del precio total, pero cumple una función social evidente.

También es un recordatorio de hasta qué punto el sistema de transporte público está regulado. No se trata solo de mover personas de un sitio a otro, sino de asumir responsabilidades si algo falla.

Quizá por eso conviene recordarlo de vez en cuando. Porque “mucha gente puede que no sepa” que ya está asegurada. Y porque, en un momento de incertidumbre, saber que existe esta cobertura puede marcar una gran diferencia.