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Pepa Gea es una de las voces más reconocidas en España en materia de envejecimiento saludable. Aunque su nombre ganó notoriedad tras hacerse pública su relación con Carlos Herrera, la periodista, presentadora y locutora llevaba tiempo construyendo un discurso propio centrado en el cuidado integral del cuerpo y la salud a largo plazo.

Tal y como explicó en una entrevista concedida a Lecturas, su interés por este ámbito surgió a partir del descubrimiento de la medicina estética entendida desde una óptica preventiva. Ese primer contacto le hizo replantearse la idea tradicional de belleza y comprender que no existe un exterior saludable sin un interior cuidado.

Esa inquietud la llevó a graduarse en Dietética y Nutrición, una formación que reforzó su perfil divulgativo y le permitió contar con su propia sección de bienestar en Onda Cero. Allí aborda algunos de los mitos más extendidos sobre la nutrición, como la idea de que toda la fruta es saludable y puede consumirse sin límites.

El consumo de fruta y sus límites

La fruta ocupa un lugar central en prácticamente todas las recomendaciones nutricionales. Organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud aconsejan consumir al menos 400 gramos diarios para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y ciertos tipos de cáncer.

Son alimentos ricos en vitaminas, minerales, antioxidantes y fibra, y su papel en una dieta equilibrada está fuera de toda duda. Sin embargo, Pepa Gea recuerda que no todas las frutas son iguales ni tienen el mismo impacto metabólico, especialmente por las diferencias en su contenido de fructosa y su carga energética.

Aunque la fructosa es un azúcar presente de forma natural en la fruta y no debe equipararse directamente al azúcar añadido, su consumo excesivo puede tener consecuencias. Desde el punto de vista nutricional, algunas frutas presentan una densidad calórica notable.

Esta cantidad de azúcar es, probablemente, la responsable de que durante mucho tiempo se haya repetido que la fruta engorda. Sin embargo, según Pepa Gea, esta creencia se originó en Estados Unidos, donde tradicionalmente su consumo ha sido menor y la calidad inferior.

El problema, aclara, no es la fruta en sí, sino el desconocimiento sobre qué frutas se consumen, en qué cantidad y en qué momento del día. Algunas pueden provocar hinchazón o malestar digestivo por su contenido en agua y fibra, y otras pueden favorecer el aumento de peso debido a su alto aporte de fructosa.

Desde su punto de vista, no todas las frutas ayudan a adelgazar ni son igual de digestivas. Frutas como el plátano, las uvas, las cerezas, las ciruelas o los dátiles destacan por su mayor concentración de azúcares.

"Un kilo de fruta —unas seis piezas medianas— puede aportar alrededor de 1.200 calorías", explica Gea. La clave, insiste, está en el equilibrio y en entender que la fruta, aunque saludable, no es un alimento neutro desde el punto de vista energético.

Sin embargo, uno de los errores más comunes en el consumo de fruta, según Pepa Gea, es tomarla por la noche. Tal y como explica, ingerir fruta a última hora del día resulta contraproducente porque la fructosa es azúcar y, cuando el organismo ya no está activo, tiende a almacenarse en forma de grasa.

Gea recomienda que las cenas se basen en proteínas ligeras, como pollo o pescado a la plancha, acompañadas de verduras, y reducir al mínimo los carbohidratos simples. No se trata de demonizar la fruta, sino de integrarla de forma inteligente en la alimentación diaria.