Hay algo curioso en nuestra forma de entender el color: nos encanta incorporarlo a la ropa, especialmente cuando llega el buen tiempo, pero nos cuesta mucho más hacerlo cuando nos maquillamos. Podemos atrevernos con un vestido rojo o una blusa verde y, sin embargo, a la hora de elegir un lápiz de ojos, casi siempre volvemos al negro de toda la vida.
Es una realidad: en el neceser, los tonos neutros tienen un protagonismo indiscutible. El marrón se presenta como la alternativa más discreta para los ojos, mientras que los rosas y los nude dominan el maquillaje de labios y mejillas. Una zona de confort en la que nos sentimos seguras, pero de la que también podemos salir sin necesidad de apostar por un maquillaje excesivamente llamativo.
De hecho, las maquilladoras animan a perder el miedo al color, especialmente a partir de los 60, cuando encontrar pequeños gestos de luz puede marcar la diferencia en el resultado final. Y no hace falta llenar los párpados de sombras intensas ni cambiar todos los productos que utilizamos a diario, a veces, basta con sustituir el lápiz habitual por uno verde esmeralda y aplicarlo en la línea de agua.
El verde esmeralda, el toque de color que transforma la mirada
Si hasta ahora apenas prestabas atención a la línea de agua cuando te maquillabas, quizá haya llegado el momento de incorporarla a tu rutina.
Esta pequeña zona del ojo, situada en el borde interior del párpado inferior, puede cambiar la percepción del maquillaje con un gesto tan sencillo como deslizar un lápiz de color. No hace falta recurrir a sombras intensas ni a delineados gruesos para conseguir un resultado diferente.
La idea es sencilla: al aplicar un color claro en la línea de agua, se busca reducir el contraste con la superficie del ojo y crear una sensación de mayor amplitud. El beige, en particular, suele ofrecer un acabado más discreto y natural que el blanco puro.
Ahora bien, las tendencias de maquillaje también invitan a experimentar con otras tonalidades. Entre ellas destaca el verde esmeralda, un color intenso que puede aportar profundidad y contraste sin necesidad de recurrir al clásico delineador negro.
"Los delineadores en verde esmeralda, azul eléctrico o incluso dorado realzan los matices cálidos del iris marrón y le aportan luz", explica la maquilladora Inma Novillo a Marie Claire.
En otras palabras, estos tonos crean un contraste que ayuda a que el iris destaque, especialmente cuando se combinan con un maquillaje sencillo y una piel de acabado natural.
El verde esmeralda, además, resulta especialmente interesante por la riqueza de sus matices. Su base profunda aporta definición, mientras que sus reflejos verdes pueden introducir un punto de luminosidad que rompe con la uniformidad del negro.
En los ojos marrones, esta combinación permite jugar con el contraste entre el color del iris y el delineado, sin necesidad de utilizar sombras de muchos tonos.
Eso no significa que sea un color exclusivo para mujeres con ojos marrones. También puede funcionar en otros colores de iris, aunque el resultado dependerá de la intensidad del verde, del subtono de la piel y del resto del maquillaje.
Lo importante es elegir una tonalidad con la que resulte cómodo experimentar y que encaje con el estilo personal.
Otro de sus puntos fuertes es que no hace falta reservarlo para una ocasión especial. Un trazo fino en la línea de agua puede integrarse perfectamente en un maquillaje de diario, incluso si el resto de los productos se mantiene en tonos discretos.
Como señala Novillo al hablar de estas tonalidades, "estos tonos convierten una mirada básica en algo magnético".
Cómo aplicar el lápiz verde esmeralda en la línea de agua
Para conseguir un resultado favorecedor, conviene empezar por un producto diseñado para utilizarse en la zona ocular. La línea de agua es una superficie delicada, por lo que no todos los lápices de maquillaje son adecuados para aplicarlos en su interior.
La técnica no tiene demasiada complicación, pero sí requiere cierta delicadeza. Basta con deslizar el lápiz suavemente por el borde interior del párpado inferior, sin ejercer presión ni insistir repetidamente sobre la misma zona.
Un trazo fino permite introducir el color sin recargar el maquillaje, mientras que una aplicación más intensa hará que el verde tenga un mayor protagonismo.
Si quieres animarte a probar el verde esmeralda, hay varios lápices con los que puedes incorporar este color a tu maquillaje. Charlotte Tilbury tiene el delineador Hypnotic Peacock, que puedes aplicar en la línea de agua para dar más intensidad a la mirada.
Yves Rocher, por su parte, cuenta con el Lápiz de Ojos Retráctil Waterproof en verde, ideal para quienes quieren introducir un toque de color sin complicarse demasiado.
Sin embargo, para las que prefieren un resultado más llamativo, Sephora Collection propone el 12h Colorful Special Effects en el tono Green Aurora. Su verde vibrante es perfecto para darle un giro a un maquillaje neutro y conseguir que los ojos se conviertan en los protagonistas.
Es un ejemplo de cómo un producto de color puede incorporarse a una rutina sencilla, sin necesidad de dominar técnicas complejas ni utilizar una gran cantidad de cosméticos.
Si no se está acostumbrada a maquillarse con colores intensos, lo mejor es comenzar con una aplicación ligera. Después, se puede valorar si se desea aumentar la intensidad o combinar el lápiz con una sombra neutra.
De esta forma, el verde se convierte en el detalle protagonista sin competir con el resto del rostro.
También conviene tener en cuenta que la línea de agua puede lagrimear y que el producto no siempre permanece intacto durante todo el día. Para evitar molestias, es preferible no aplicar el lápiz si los ojos están irritados y retirar el maquillaje con un producto adecuado al final de la jornada.
Si se utilizan lentillas, conviene comprobar que el delineador sea compatible con su uso.
