Conseguir que el maquillaje aguante impecable durante toda la jornada no siempre resulta sencillo. Los brillos que aparecen a media mañana, el corrector que se acumula en los pliegues o la base que empieza a desaparecer son problemas habituales, especialmente cuando buscamos un acabado ligero.
Durante años, los polvos matificantes fueron la solución más utilizada para evitarlo. Sin embargo, aplicar demasiado producto puede acentuar las líneas de expresión, resecar visualmente la piel y restarle luminosidad, sobre todo a partir de cierta edad.
Por eso, una de las técnicas más útiles de los maquilladores profesionales consiste en sellar únicamente las zonas que lo necesitan con polvos sueltos de textura ultrafina, capaces de prolongar la duración del maquillaje sin crear una capa visible.
La elección del producto resulta fundamental. Las fórmulas demasiado densas pueden acumularse alrededor de los ojos o la boca, mientras que los polvos ligeros permiten controlar el exceso de grasa conservando un acabado mucho más fresco.
Fijar el maquillaje sin marcar las arrugas
Una de las claves para conseguir un buen resultado consiste en utilizar menos cantidad de la que imaginamos. En lugar de cubrir todo el rostro con una capa generosa, conviene trabajar el producto progresivamente.
La zona T (frente, nariz y barbilla) suele concentrar buena parte de los brillos, mientras que el contorno de ojos necesita una aplicación especialmente cuidadosa para evitar que el polvo se deposite en las pequeñas líneas de expresión.
También influye la textura. Los polvos micronizados presentan partículas muy finas que facilitan una distribución uniforme, aunque el resultado depende igualmente de su formulación y de cómo se apliquen.
Entre las opciones disponibles destaca Cloud Set Loose Powder, de Kosas, una fórmula que combina fijación y control de brillos con un acabado pensado para conservar la luminosidad natural de la piel.
La firma californiana ha ampliado recientemente esta colección con cinco tonos translúcidos para adaptarse mejor a diferentes tonalidades. Su fórmula no contiene talco, siliconas ni perfume e incorpora extracto de tallo de bambú, un ingrediente utilizado por su capacidad para ayudar a absorber el exceso de grasa, ofreciendo una fijación de hasta 12 horas.
El error que hace envejecer
Uno de los fallos más habituales al sellar el maquillaje es insistir demasiado en las zonas donde existen arrugas o líneas de expresión. Aunque pueda parecer que una mayor cantidad de polvo ayudará a disimularlas, el exceso de producto puede producir el efecto contrario, especialmente cuando la piel presenta sequedad.
Para evitarlo, lo más recomendable es utilizar una brocha suave, retirar el exceso de producto antes de aplicarlo y trabajar con pequeños toques.
En el contorno de ojos, conviene comprobar primero que el corrector no se haya acumulado en los pliegues. Después, puede fijarse con una cantidad mínima de polvo.
La técnica del baking, que consiste en depositar una capa generosa de producto y retirarla pasados unos minutos, puede resultar útil en maquillajes de larga duración, pero no siempre es la mejor opción para pieles maduras o deshidratadas.
Maquillaje fijo, piel iluminada
Otro detalle que merece atención es el tono. Aunque tradicionalmente los polvos translúcidos se han presentado como universales, algunos pueden dejar un velo blanquecino sobre pieles oscuras o alterar ligeramente el color de la base.
Para evitarlo, conviene elegir fórmulas que se adapten a la tonalidad natural del rostro. En el caso de Kosas, su gama Cloud Set Loose Powder incluye cinco opciones translúcidas, desde Sway, para pieles muy claras, hasta Velvety, para tonos profundos, pasando por Fluttery, Toasty y Cozy.
La colección también dispone de tonos iluminadores como Candy, Buttery y Peachy, que permiten trabajar zonas concretas donde se busca aportar luz o corregir visualmente pequeñas sombras por un precio de 41 euros (disponible en Sephora y en la web oficial de la firma).
Recuerda que, más allá de elegir una fórmula concreta, el verdadero truco profesional está en saber dónde aplicar los polvos y dónde prescindir de ellos. Mantener cierta luminosidad en los pómulos y las zonas altas del rostro, mientras se controlan los brillos en puntos estratégicos, suele resultar mucho más favorecedor que matificar toda la cara por completo.
