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Hay días en los que te maquillas, te miras al espejo y sientes que te falta algo para tener buena cara. A veces, la solución no está en añadir más productos, sino en saber dónde aplicar cada uno para sacarle el máximo partido. Y el bronceador es un buen ejemplo de ello.

Aunque muchas veces lo utilizamos para dar un poco de color al rostro, lo cierto es que una de sus principales funciones es definir las facciones y conseguir que parezcan más elevadas. El problema es que, si lo aplicamos mal o elegimos un tono demasiado oscuro, podemos conseguir justo el efecto contrario al que buscamos.

Para evitarlo, los maquilladores tienen un truco muy sencillo que merece la pena conocer: la técnica del 3. Una forma de aplicar el bronceador que permite dar calidez al rostro, marcar los pómulos de manera natural y conseguir ese efecto buena cara que tanto buscamos sin necesidad de complicarnos frente al espejo.

¿Cómo se aplica el bronceador?

Si hay un maquillaje que domina las tendencias de belleza este verano es el conocido como sun-kissed makeup o maquillaje efecto paseo al sol. Esa piel luminosa, ligeramente cálida y con aspecto saludable que parece el resultado de haber pasado una tarde en la playa, cuando en realidad es fruto de una aplicación muy estudiada de los productos.

La clave de este efecto no está en utilizar una gran cantidad de maquillaje, sino justo en lo contrario. Los profesionales coinciden en que cuanto más ligera sea la piel, más creíble resultará el acabado.

Roberto Siguero, maquillador de Lancôme, explica a la revista Telva que el primer paso consiste en trabajar bien la piel y utilizar una base de maquillaje de cobertura ligera, siempre del mismo tono que el rostro y con un acabado luminoso. El objetivo es que la piel siga viéndose piel.

Una idea que comparte también la maquilladora Pau Sellés, quien insiste en que este tipo de maquillaje funciona precisamente porque no parece maquillaje.

Según la experta, la piel debe conservar un aspecto fresco, jugoso y traslúcido, evitando acumular demasiadas capas de producto que resten naturalidad al conjunto, especialmente, en verano.

Es sobre esa base ligera donde entra en juego el bronceador. Aunque durante años se ha utilizado simplemente para aportar color, los maquilladores llevan tiempo reivindicando su papel real: definir las facciones.

La diferencia está en la forma de aplicarlo y aquí aparece la famosa técnica del 3, uno de los trucos más repetidos entre los profesionales.

Como explica Roberto Siguero, el movimiento consiste en dibujar imaginariamente el número tres sobre cada lado del rostro con ayuda de una brocha.

El recorrido comienza en la frente, continúa por la sien, baja hasta el pómulo y termina recorriendo la línea de la mandíbula. Después se repite exactamente el mismo gesto en el lado contrario.

Puede parecer un detalle sin importancia, pero esta distribución del producto consigue algo muy concreto: concentrar el color en las zonas donde el sol broncea primero la piel de manera natural.

El resultado no recuerda al contour clásico, mucho más estructurado y evidente, sino a un bronceado suave que aporta profundidad sin endurecer las facciones.

Además, el propio recorrido del tres genera un efecto óptico muy favorecedor. Al potenciar la parte superior del rostro y acompañar la estructura natural del pómulo, la mirada percibe las facciones más elevadas y definidas.

De ahí que muchos maquilladores hablen de un efecto lifting, ya que el rostro parece más descansado y rejuvenecido sin necesidad de marcar líneas demasiado visibles.

Otro de los errores más habituales consiste en aplicar el bronceador únicamente bajo el pómulo como si fuera un producto de contorno. Sin embargo, los expertos recuerdan que el objetivo no es crear sombras artificiales, sino reproducir el efecto que tendría el sol sobre la piel.

Por eso también recomiendan añadir un ligero toque sobre la parte alta de los pómulos, el puente de la nariz e incluso la zona superior de la frente, siempre difuminando muy bien los bordes para evitar cortes bruscos.

Aunque la técnica es fundamental, es imposible no reconocer que el producto también lo es. Elegir un bronceador con una textura fácil de difuminar, un subtono favorecedor y un acabado natural marca la diferencia entre un efecto "besada por el sol" y un resultado artificial.

Makeup By Mario y su producto perfecto

Si hay una marca a la que acudir cuando buscamos un bronceador que deje un acabado natural, esa es Makeup by Mario. Tiene dos versiones que merece la pena conocer, aunque yo tengo una clara favorita: el SoftSculpt Transforming Skin Enhancer, un bronceador en bálsamo que me hizo cambiar de opinión sobre este producto.

Nunca he sido demasiado fan de los bronceadores, me preocupaba que quedaran demasiado oscuros, que se notaran mucho o que terminaran endureciendo las facciones, hasta que probé este de Makeup by Mario.

Su textura es como la de una crema, se trabaja con tanta facilidad que con solo una pasada aportas la calidez necesaria al rostro sin que el resultado parezca artificial. Tal y como su propio nombre indica, se trata de un bálsamo con color.

Es el tipo de bronceador que recomendaría a alguien que, como me pasaba a mí, no termina de encontrarle el punto a este producto pero ve cómo todo el mundo no puede sacarlo de su neceser.

La marca también cuenta con una versión en polvo, el SoftSculpt Bronzer, una alternativa para quienes prefieren este tipo de textura.

Su fórmula permite modular el color y conseguir desde una definición suave hasta un efecto bronceado más marcado, con un acabado que busca imitar el aspecto de una segunda piel.

Ambos productos permiten trabajar el bronceador sin recurrir a un acabado demasiado evidente. La elección depende, sobre todo, de la textura con la que te sientas más cómoda: si prefieres un acabado cremoso y jugoso, me quedaría con el bálsamo; si te manejas mejor con las brochas y los polvos, la segunda opción puede encajar más contigo.

Sin embargo, lo ideal sería combinar ambos para aprovechar las ventajas de cada textura: el bálsamo para aportar un toque de calidez natural y los polvos para reforzar el color y prolongar su duración.

Basta con aplicar primero el producto en crema y sellarlo después con una pequeña cantidad de bronceador en polvo, siempre bien difuminado para evitar que el resultado quede demasiado marcado.