Las cejas son, probablemente, una de las zonas del rostro que más cuesta maquillar. Basta con cambiar ligeramente su forma, intensidad o grosor para que la expresión completa parezca diferente y, precisamente por eso, es fácil pasarse con el lápiz, la sombra o el gel.
El problema suele estar en buscar una ceja demasiado perfecta. Rellenar todos los huecos, marcar en exceso el nacimiento o utilizar un tono demasiado oscuro puede endurecer las facciones y hacer que el rostro pierda naturalidad. A medida que pasan los años, además, estos pequeños detalles tienen todavía más peso.
Por eso, para saber cómo hacerlo correctamente, es ideal conocer qué dicen las expertas. Una de ellas es María Nebrera, quien pone el foco en mantener cierta separación entre los pelos, especialmente en la parte interior de la ceja, y evitar oscurecerla demasiado.
El error que endurece la mirada
Cuando se maquillan las cejas, uno de los principales objetivos debería ser recuperar definición sin borrar por completo su aspecto natural.
La ceja tiene pelos separados entre sí, zonas con más densidad y otras en las que se transparenta la piel, y mantener esas diferencias es precisamente lo que permite que el resultado no parezca dibujado.
María Nebrera señala dos errores especialmente frecuentes que pueden hacer que el rostro parezca más envejecido: oscurecer demasiado las cejas y no dejar espacio entre los pelos.
Aunque puedan parecer detalles pequeños, ambos modifican la percepción de la mirada y pueden endurecer las facciones.
El primero tiene que ver con la intensidad del color. Una ceja demasiado oscura crea un contraste fuerte con el resto del rostro y hace que toda la atención se concentre en esa zona.
No significa que haya que renunciar a definirlas, sino encontrar un tono que acompañe al color natural del pelo y aplicarlo de forma progresiva, sin convertir la ceja en una franja uniforme.
El segundo error está relacionado con la manera de rellenar. Cuando se intenta cubrir todos los huecos con producto, desaparece la separación natural entre los pelos y la ceja adquiere un aspecto compacto.
La maquilladora, además, conviene evitar esta situación en el nacimiento interior de la ceja donde un acabado muy marcado puede resultar mucho más evidente.
Imagen de una mujer con las cejas muy definidas.
Esta zona requiere especial cuidado porque es donde la ceja comienza y donde los pelos suelen crecer de una manera más vertical y ligeramente irregular. Dibujar una línea demasiado marcada desde el primer pelo puede hacer que la expresión resulte más rígida.
En cambio, conservar cierta transparencia entre los trazos permite mantener esa sensación de ceja real.
Otro de los aspectos a los que hay que prestar atención es al arco de la ceja. Una ceja ligeramente arqueada ayuda a enmarcar el ojo y aporta definición, pero no hace falta exagerar su altura para conseguir ese efecto.
Cuando se modifica demasiado la forma natural, la expresión puede cambiar y el resultado termina siendo menos favorecedor que una ceja trabajada respetando su dibujo original.
La alternativa que propone la maquilladora no consiste en llevar las cejas sin maquillar. De hecho, defiende una ceja "natural pero definida", suavemente arqueada y no demasiado oscura. La clave está en que el maquillaje aporte estructura sin sustituir por completo la textura del pelo.
Por eso, al maquillarlas, resulta más útil pensar en pequeños trazos que en rellenar una superficie. La intención es simular los pelos que faltan, no pintar encima de ellos.
El truco de María Nebrera
Para conseguir ese efecto, María Nebrera apuesta por una técnica muy concreta: utilizar un gel liner junto a un pincel muy fino para dibujar pequeños trazos que imiten el pelo de la ceja.
La maquilladora busca así un resultado similar al del microblading, pero realizado con maquillaje y, por tanto, modificable y fácil de retirar.
La elección del pincel es fundamental. Cuanto más fino sea, más fácil resulta controlar la cantidad de producto y crear líneas estrechas. En lugar de arrastrar el producto formando una línea continua, la aplicación debe reproducir la dirección y la longitud aproximada de los pelos naturales.
También conviene prestar atención a la presión, ya que un trazo demasiado marcado tendrá un aspecto artificial aunque la forma de la ceja sea correcta.
Si, por el contrario, se aplica poca cantidad y se construye el resultado poco a poco, es posible aumentar la densidad allí donde hace falta sin perder la piel de vista.
Para realizar esta técnica, María Nebrera señala el Feather Brow Filler de Catrice, un gel liner que utiliza junto con un pincel muy fino para crear esos trazos similares a los del microblading.
Feather Brow Filler de Catrice.
La ventaja de trabajar con un producto de este tipo está en la precisión. Frente a una aplicación que rellena rápidamente toda la ceja, un gel liner manejado con un pincel fino permite decidir dónde colocar cada trazo y cuánta intensidad aportar.
Esto facilita especialmente el trabajo en las zonas donde se necesita recuperar densidad sin perder el aspecto del pelo.
Para un resultado más natural, el producto debería concentrarse allí donde realmente faltan pelos y no extenderse de manera uniforme por toda la ceja. En el nacimiento, los trazos pueden ser más ligeros y estar más separados, mientras que en las zonas con menor densidad se puede aumentar progresivamente la cantidad.
La idea es sencilla: que se vea la ceja, pero que no se vea el maquillaje que la ha construido. Cuando los trazos se mezclan con el pelo natural y la piel continúa siendo visible entre ellos, la ceja conserva volumen y movimiento.
Cuando todos los espacios quedan cubiertos y el color se vuelve demasiado intenso, pierde esa naturalidad.
