Entre las zonas del rostro que más suelen crear complejo está el doble mentón o papada. Aunque se intenta disimular con maquillaje, el problema aparece cuando buscamos un acabado natural y favorecedor.
Aunque ningún producto puede eliminarla, la técnica adecuada de contorno permite modificar visualmente las proporciones del rostro.
La maquilladora María Ferjol recomienda crear una pequeña sombra justo debajo de la mandíbula para conseguir que esta zona parezca más definida.
La clave no está en aplicar mucho producto, sino en colocarlo exactamente donde debe ir y difuminarlo correctamente.
El resultado es un efecto óptico ya que el maquillaje no cambia la estructura del rostro, pero sí puede generar zonas de luz y sombra que hacen que el mentón y la mandíbula parezcan más marcados.
Crear sombra bajo la mandíbula
Para realizar este truco, el primer paso es elegir bien el producto. Puede utilizarse un contorno en crema o un corrector que sea aproximadamente uno o dos tonos más oscuro que la piel.
El subtono también importa. Los tonos demasiado cálidos o anaranjados pueden parecer maquillaje en lugar de una sombra natural. Para esta técnica funcionan mejor los colores ligeramente fríos o grisáceos, similares a la sombra que proyectaría la propia mandíbula.
Una vez elegido el producto, llega el gesto que marca la diferencia. En lugar de cubrir directamente la papada, hay que trabajar la zona que queda debajo del hueso de la mandíbula.
Es ahí donde se puede dibujar una pequeña línea o incluso una cruz con el producto. La intención es crear profundidad justo en el punto donde termina la mandíbula y comienza el cuello.
Este detalle es importante porque aplicar el contorno directamente sobre la zona más prominente puede conseguir justo el efecto contrario. En lugar de esconderla visualmente, puede hacer que el producto se concentre sobre ella y resulte más evidente.
Para que quede natural
Después de dibujar la línea o la pequeña cruz llega uno de los pasos fundamentales: difuminar. No basta con colocar correctamente el producto, ya que una sombra demasiado marcada puede resultar artificial.
La maquilladora recomienda trabajar el producto con una brocha de contorno o una esponja ligeramente húmeda. Los movimientos deben ser suaves y progresivos para integrar el color con la piel.
En este caso, la dirección del difuminado es especialmente importante. El producto debe llevarse hacia abajo, en dirección al cuello y hacia los laterales, evitando arrastrarlo hacia la parte superior del rostro.
De esta manera, la sombra queda integrada bajo la mandíbula y se crea una transición gradual entre el rostro y el cuello. El objetivo es que no se perciba dónde empieza o termina el contorno.
También conviene aplicar poca cantidad y añadir producto únicamente si es necesario. Es mucho más sencillo intensificar una sombra que corregir un exceso de maquillaje una vez aplicado.
Fijar el efecto
Cuando el contorno ya está bien difuminado, se puede fijar con una pequeña cantidad de polvo translúcido. No es necesario cubrir toda la zona con una capa gruesa, basta con presionar ligeramente sobre el maquillaje para ayudar a mantenerlo en su sitio.
El polvo también puede resultar útil si la piel tiende a producir grasa o si se necesita que el maquillaje permanezca intacto durante varias horas.
La misma técnica puede combinarse con otros recursos de maquillaje para equilibrar visualmente el rostro. Dar un punto de luz en zonas estratégicas, trabajar las cejas o destacar ligeramente los ojos puede ayudar a dirigir la atención hacia otras áreas.
En cualquier caso, el contorno debe mantenerse sutil. La tendencia actual en maquillaje busca precisamente que las correcciones sean difíciles de detectar y que la piel conserve un aspecto natural.
